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Martha Alicia Robinson durante un paseo con amigas en el pacífico, el pasado julio de 2021. LA PRENSA/ CORTESÍA

Martha Alicia Robinson y el hombre que la atormentó seis meses hasta matarla

Una relación que comenzó en Facebook se tornó un infierno para ella. El último día que vivió, el hombre la llamó 271 veces. Pocas horas después ella estaba muerta

La noche antes que la mataran, Martha Alicia Robinson vio en su celular que había recibido 271 llamadas del hombre que hoy está acusado de haberla estrangulado minutos después de las 2:00 de la madrugada del primero de enero de este año 2021: Bernardo Melecio Ruiz Chow.

Seis meses antes, Martha Alicia, de 35 años de edad, había iniciado una relación de pareja con Bernardo, de 33, pero la luna de miel duró muy poco, como dos meses, porque después él la comenzó a asfixiar con celos, recriminaciones, acoso, prohibiciones, vigilancia y otra serie de acciones que la llevaron a terminar dos veces con él, algo que el hombre no aceptaba. La tenía enferma. Lloraba mucho.

“Ya no, ya no. Fíjate que he querido cortar con él…, le he dicho que ya no siento nada por él…, yo no confío en él, pero no se deja cortar. Es insistente. Yo lo corro y él no se va…, ya le dije a los chavalos, aquí Bernardo no vuelve a poner un pie en esta casa. Si él viene no me le abran y si lo ven en la calle ustedes no lo conocen. Nunca se suban con él (al taxi)”, le dijo Martha Alicia a una amiga en un audio.

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El 23 de diciembre pasado, la mujer, habitante de Bluefields, se fue a una actividad con unas amistades de la secundaria del colegio Moravo. Al día siguiente se encontró con Bernardo en la calle. A él le temblaba la cara del enojo, reclamándole porque la noche antes se había ido de fiesta con sus amigas.

Fue la gota que derramó el vaso. Martha Alicia terminó definitivamente con él. Ocho días después, como a las 6:30 de la mañana del pasado primero de enero, él se estaba entregando en la Policía, diciendo que la había matado en defensa propia y mostrando unas lesiones, una de ellas en el lado derecho del cuello.

Ella

“Era una niña muy dulce”, recuerda una amiga de Martha Alicia que la conoció desde que ambas tenían 10 años. “Muy ingenua”, agrega.
Creció en una familia que no es exactamente de escasos recursos, pero sí con limitaciones. “Un hogar humilde”, dicen los amigos de la familia.

El papá, Míster Robinson, es un reconocido fotógrafo de Bluefields, muy respetado en la comunidad desde los años ochenta, que andaba en eventos y después salía a vender las fotos que tomaba. La mamá, Merlin Aragón, siempre ha sido ama de casa.

Los hermanos varones presentan cierto nivel de problemas mentales, por lo que la familia les prestaba bastante atención.

De blusa roja, Martha Alicia con dos de sus mejores amigas. LA PRENSA/ CORTESÍA

En medio de las dificultades, Martha Alicia sobresalía. Buena alumna. Inteligente. Esforzada. Primero estudió derecho. Después contaduría. Luego docencia con mención en español. Cuando le quitaron la vida, había iniciado un curso de inglés. “Su pasión eran los estudios”, explica uno de sus tíos, Róger.

La falta de oportunidades causó que Martha Alicia se desarrollara poco en lo que había estudiado y terminó trabajando en el programa del gobierno Usura Cero, en Bluefields. Tres años laboró ahí y luego fue a impartir clases de español en la Bicu”.

En lo que a ella le fue mal fue en sus relaciones de pareja. “Tuvo la mala suerte de fijarse en hombres que tenían el mismo patrón de conducta”, revela otra de sus amigas.

Recién se bachilleró, cuando tenía 18 años, Martha Alicia se casó con Maynor Abel Urbina, un joven proveniente de una familia de ciertos recursos. La amiga piensa que Martha Alicia tal vez se casó impulsada por las carencias económicas en su hogar, aunque aclara que la ahora fallecida siempre estudió con sus propios recursos y esfuerzo.

Con Maynor procreó a sus dos hijos mayores. En los archivos del poder judicial de Bluefields existe un expediente del año 2016 en el que Martha Alicia acusa a Maynor por el delito de agresiones contra las personas. La revista DOMINGO quiso contactar al hombre para este artículo, pero no fue posible hablar con él.

Tras separarse de Maynor, debido a los constantes conflictos con él, Martha Alicia encontró otra pareja, Marcelo Martinuz, con quien procreó a su hijo menor. Nuevamente aparecieron los problemas y también terminó con él.

Las amistades de Martha Alicia aseguran que cuando ella conoció a Bernardo estaba pasando por un momento difícil y esperaba encontrar apoyo en él.

Él

“Mirá, este es el muchacho que me está chateando”, le dijo Martha Alicia a una excompañera de clases. “Uy, qué feo”, le respondió. Y agregó: “Fíjate bien, no vayas a cometer los errores de siempre”.

A pesar de que ambos son de Bluefields, no se conocían. De repente, en mayo pasado, ella comenzó a recibir chats de él por el Messenger de Facebook, hasta que acordaron verse y luego empezaron la relación en el mes de junio.

No habitaban en la misma casa, pues donde ella vivía, en el barrio Santa Rosa de Bluefields, es una vivienda que la mamá de Maynor les proporcionó a sus nietos, los hijos mayores de Martha Alicia. Después de la separación con su primer esposo, a ella la sacaron de la casa, pero la peleó en los juzgados y ganó. Ella solo era la albacea del inmueble. No podía meter a nadie. Bernardo solo llegaba.

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Los familiares de Martha Alicia se sorprendieron cuando se enteraron de la relación. No les extrañó que ella, una mujer preparada, se juntara con un taxista, sino porque notaron unas actitudes raras en él, explica una prima de la víctima, quien señala que Martha Alicia era una persona que no discriminaba a nadie. A todos trataba igualmente.

Bernardo Melecio Ruiz Chow está acusado de femicidio. En los próximos días será evaluado física y mentalmente en el Instituto de Medicina Legal (IML). LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

Bernardo llegaba donde la mamá de Martha Alicia y ni siquiera saludaba. Se quedaba callado. “Parecía dundo”, explica otro familiar de la mujer.

En la casa de ella se quedaron tranquilos cuando conocieron que él provenía de una familia buena. Uno de sus hermanos trabaja para el gobierno. Una hermana es abogada y otra es psicóloga.

El hombre es divorciado y padre de una niña. En un expediente judicial se certifica que Bernardo era policía de Bluefields. La familia y amistades de Martha Alicia averiguaron después que lo sacaron del cuerpo policial por mala conducta. “Parece que era muy agresivo”, dice una amistad.

Tras salir de la Policía, Bernardo primero laboró como vigilante y después se volvió taxista, indagaron amistades de Martha Alicia. El taxi le sirvió para cortejarla. La llevaba de un lugar a otro.

El tormento

La primera sospecha que Bernardo le despertó a Martha Alicia fue cuando le pidió que dejara de trabajar, que él la podía mantener.

En julio del 2021, una amiga de ella se montó al carro de Martha Alicia y vio que dentro había una cámara. “¿Y eso?”, le preguntó. “La puso Bernardo, pero me dijo que no grababa, que no tiene memoria”, respondió Martha Alicia. Pero no era así. La cámara si estaba grabando.

En ese mismo mes, un grupo de amigas de ella la invitaron a pasear en el pacífico. Anduvieron en Managua, Granada, Masaya, pero Martha Alicia pasó llorando gran parte del viaje. Les contó que le habían hackeado el Facebook y que abrió otra cuenta, pero de su cuenta anterior le mandaban mensajes amenazantes.

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Martha Alicia estaba segura que había sido una persona con la que ella tenía diferencias, pero las amigas se dieron cuenta inmediatamente que era Bernardo. Le advirtieron que se cuidara, pero ella decía que “Bernardo es tóxico, pero no es capaz de hacerme daño”.

Lo que sí le preocupaba a ella, dijo a sus amigas, es que Bernardo pasaba en su taxi por la casa a toda hora y se estaba empezando a sentir asfixiada. La relación apenas tenía un mes de haber empezado en ese momento.

La familia también estaba preocupada por ella. Casi no les visitaba. Ni a su mamá. A las amigas se les hacía difícil hablar con ella. Hubo un momento en que cambió ese dinamismo, esa alegría que despertaba por un estado de tristeza, de preocupación. Siempre andaba apurada.

A través de mensajes a sus amigas y familiares, Martha Alicia dejó constancia del terror al que estaba sometida por parte de Bernardo Ruiz Chow. LA PRENSA/ CORTESÍA

Lo que ocurría es que Bernardo le prohibía salir, visitar a su mamá, a las amistades y, cuando hablaba por teléfono, ella tenía que poner el altavoz para que él escuchara las conversaciones.

Después les contaría a sus amigas que también Bernardo, cuando se quedaba a dormir, se levantaba por las noches mientras ella estaba dormida, desarreglaba los muebles, todo en la casa y después la despertaba diciéndole que ahí asustaban. Un día Bernardo le dijo que había entrado en la casa y de repente escuchó una voz que le decía que a ella la iban a matar. Llegó un momento en que Martha Alicia entró en pánico y estuvo decidida a irse de la casa.

En el mes de septiembre se rompió totalmente el encanto. Martha Alicia llegó una tarde a su casa y buscó 40 dólares que tenía guardados y solo encontró 20. Ella vivía sola con sus tres hijos.

El mayor le confesó que él los agarró para dárselos a Bernardo porque él le decía: “Tu mamá me tiene harto. Siempre me está llamando para que la lleve aquí, la lleve allá. Me gasta la gasolina”. Entonces el niño le pedía dinero a su abuela paterna, diciéndole que iba a comprar pizza, pero era para darlos al hombre.

En octubre Martha Alicia cortó con él, pero empezaron los chantajes. La amenazó con que se iba a suicidar. Las llamaderas le atormentaban. “Mirá, mirá, me está llamando otra vez”, le decía a una prima. “Poné la denuncia”, le sugirió la pariente. Nunca la puso. Bernardo le decía que, como él fue agente, nunca le iban a hacer caso en la Policía.

Cansada. Por pesar. Por ingenua. No se sabe exactamente por qué. Martha Alicia volvió 15 días después con él, después de escucharlo tantas veces que se iba a suicidar si ella no regresaba a su lado.

Las cosas no cambiaron y el 24 de diciembre, ella cortó definitivamente con Bernardo después de que le gritó lo que quiso en la calle, porque ella se había ido la noche anterior a divertirse con sus excompañeras de secundaria.

Un intruso en la casa

El 24 de diciembre pasado, en la noche, Martha Alicia se fue a la casa de una prima y al día siguiente se fueron a bañar al Bluff.

El día 26, la prima la llevó a Managua para que se despejara. Las llamadas no paraban. Ella había bloqueado el número de Bernardo, pero aún así le caían los mensajes de las llamadas perdidas. Hasta que la llamó un amigo y se lo puso al teléfono.

Nuevamente el acoso y las amenazas. Esta vez ya no era que él se iba a suicidar, sino que la iba a matar a ella y que “le iba a dar por donde más le dolía”, sus hijos.

Regresaron a Bluefields el 29 y ese día Martha Alicia se quedó cuidando la casa de un tío que iba con su esposa a una actividad religiosa por dos días.

El 31 regresó su tío y ella fue a visitar a su mamá. Estuvo alegre, a pesar de que a cada rato veía el teléfono y cada vez eran 40, 30, 25 llamadas perdidas de Bernardo.

Por la noche fue donde su prima.

Hubo un momento en que nuevamente revisó el teléfono y se preocupó aún más. En total fueron 271 llamadas perdidas del hombre.

La prima la tranquilizó y comenzaron a entretenerse. Comieron nacatamales que ellas mismas habían hecho. A las 12:00 de la medianoche salieron a ver la tiradera de cohetes anunciando el nuevo año 2022. Martha Alicia estaba nerviosa porque le tenía miedo a la pirotecnia.

Luego comieron coctel de camarones con pulpo y pescado y se quedaron un rato conversando con varios amigos, entre ellos el dueño de la panga en la que al amanecer viajarían otra vez al Bluff a bañarse.

Lo que nadie sabía en ese momento es que Bernardo había pasado por la casa de los niños de Martha Alicia diciéndoles que se fueran para donde su mamá a acompañarla, pero los niños no le hicieron caso. “Parece que también quería hacerles daño a los niños”, indica una amiga de la ahora fallecida.

Como a las 1:45 de la madrugada del primero de enero, Martha Alicia se despide de su prima y los demás y se va para su casa.

Como el barrio donde ella vivía es peligroso, unos minutos después la prima le llama para saber si había llegado bien. Martha Alicia responde, pero dice que va a cortar porque también la estaba llamando el dueño de la panga. El último mensaje que ella le contestó a su prima fue a las 2:03 de la madrugada.

Los mensajes que la prima de Martha Alicia le envió en la madrugada en que fue asesinada. La Policía nunca llegó. LA PRENSA/ CORTESÍA

El panguero le hace una videollamada e igualmente le pregunta que sí llegó bien. Martha Alicia responde que sí y le explica que le duele la cabeza, que se irá a hacer “un cafecito”.

Cuando Martha Alicia entra a la cocina, Bernardo la ataca y le clava un cuchillo en la espalda. Ella corre hacia su cuarto y el hombre la persigue. La mujer cae y el panguero, que todavía está con la videollamada, logra ver el brazo de ella cuando está en el suelo y luego la llamada se corta.

La sangre de Martha Alicia quedó regada entre la cocina y su cuarto.

El panguero inmediatamente alerta a la prima, toma una moto y, como vive cerca, llegó a las 2:12 de la madrugada, pero las luces de la casa estaban apagadas. Él llamó y llamó y nadie contestó. Decidió ir a la Policía, que está a dos cuadras, puso la denuncia, pero no la atendieron. Dijeron que en ese momento no había policías.

Se está pidiendo todo el peso de la ley contra Bernardo Melecio Ruiz. LA PRENSA/ CORTESÍA

Una coartada

El panguero estuvo en la Policía hasta como a las 3:00 de la madrugada. No hubo respuesta.

A las 6:30 de la madrugada, Bernardo llama a la Policía diciendo que había matado a su mujer tras una discusión, pero que actuó en defensa propia. Luego se fue a entregar y mostró unas lesiones que tiene en el cuerpo.

El cuerpo de Martha Alicia fue encontrado en la cama con un cuchillo en una de las manos. Se lo había puesto Bernardo para decir que ella lo había atacado.

También encontraron un mecate colgado.

El forense dijo que Martha Alicia murió por asfixia mecánica, ahorcada.

La historia aún no termina. Bernardo está acusado de femicidio. En estos días será valorado en el Instituto de Medicina Legal para que se le dictamine el estado físico y el mental.

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