Y no me parece válido y justo aseverar sin pruebas que “amplios sectores de la población tienen un grave problema de moralidad y que las manifestaciones religiosas de nuestro pueblo son engañosas”
En sus cuatro artículos semanales del pasado diciembre publicados en LA PRENSA, Humberto Belli mi buen amigo de pupitre desde primer grado a secundaria, y a quien le tengo aprecio por sus dotes personales y admiración por su inteligencia, argumenta que muchos de los males que padecemos los nicaragüenses incluyendo dictaduras y falta de democracia se deben en parte a “un grave problema de moralidad que se encuentra arraigado en amplios sectores de la población” por lo que hay que “moralizar a la población”.
Con el respeto que se merece, creo que a Humberto se le pasó la mano e ignoro en qué basó esta aseveración que considero injustificada y sin pruebas. Los nicaragüenses podemos tener algunos o varios de los defectos que el menciona en sus artículos, y ciertamente la falta de ética, abuso, e impunidad de una minoría nos ha causado mucho daño como el que vivimos ahora en mayor grado. Pero esto no significa ni mucho menos que la gran mayoría sea amoral.
La mayoría de los nicaragüenses luchan diariamente trabajando y/o buscando empleo para darle de comer a sus hijos y comprar sus medicinas, y puede que no le den prioridad a las fallas de nuestras instituciones y de los políticos, ni a la falta de democracia, a pesar de que esto es dañino para su futuro y mas aun el de sus hijos.
Pero esto no significa que son amorales, sino que sus preocupaciones inmediatas, que son muchas, predominan. Se les puede calificar de indiferentes y/o de falta de visión, pero no de amorales.
Tampoco se puede aseverar, como lo hace Humberto, “que las manifestaciones de religiosidad popular son engañosas”. Pueden ser distintas y sin los “ritos” que practican algunos, pero ello no significa que son “engañosas”. Por el contrario, son muy auténticas y nacen desde muy adentro. Si hay algún pueblo devoto de la Virgen María junto con el de México es el nuestro.
Pero sí coincido plenamente con Humberto, y apoyo su insistencia en la necesidad de “apuntalar a la familia”, mejorar la educación, y fomentar la religión. El solo se refiere al cristianismo; yo incluiría a las otras religiones que también tienen valores.
Todo va ligado. Los serios problemas al interior de la familia que Humberto correctamente menciona están relacionados con la falta de educación, la pobreza y el subempleo (nuestros trillizos). Es un circulo dañino y un nudo gordiano que tenemos que romper para salir de la pobreza, fomentar nuestro civismo y democracia, y tener un país mas prospero y justo.
Esta es una de las grandes tareas y desafíos que tenemos los nicaragüenses. Pero no me parece válido ni justo aseverar que “amplios sectores de los nicaragüenses tienen un grave problema de moralidad, y que las manifestaciones religiosas de nuestro pueblo son engañosas”
Los que somos afortunados por nacimiento o educación debemos acercarnos y conocer al pueblo y no pontificar desde el Olimpo.
El autor es bachiller del Colegio Centroamérica de Granada