El reconocido politólogo, profesor investigador de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos, doctor Evan Ellis, en su análisis titulado «El giro de Nicaragua hacia China: ¿Qué significa para la región?» plantea una serie de recomendaciones dirigidas al Gobierno del presidente Joe Biden para que lo tome en cuenta ante lo que podría ser una amenaza: la ruptura de las relaciones diplomáticas del régimen de Daniel Ortega con Taiwán y su restablecimiento con China.
Ellis fue expulsado de Nicaragua el 14 de junio de 2016 cuando realizaba una investigación sobre la construcción del Gran Canal Interoceánico. Ahora tras el cambio diplomático de Nicaragua de Taiwán a la República Popular China (RPC), sostiene y advierte que «fue casi inevitable, pero acelerará una tendencia preocupante en las partes del hemisferio occidental más cercanas a Estados Unidos a una forma de populismo autoritario financiado por China. Esa creciente amenaza, en una parte del hemisferio que alguna vez se consideró políticamente aliado o al menos compatible con los EE. UU.».
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Ellis insiste en su análisis que Estados Unidos «necesita volver al juego» lo que implica en primera instancia que debe y necesita «expulsar inmediatamente a Nicaragua del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos con Centroamerica y República Dominicana (DR-Cafta) e intensificar las acciones en otras áreas contra el régimen de Ortega, incluidas las sanciones del Tesoro de Estados Unidos y las investigaciones del Departamento de Justicia cuando sea posible».
Sobre este punto Ellis indica que «esto incluye medidas contra otros autoritarios más allá de Nicaragua, incluido el régimen de (Nicolás) Maduro en Venezuela, para enviar un mensaje sobre la determinación de Estados Unidos, no sobre la debilidad. Estados Unidos puede incorporar a sus aliados europeos y asiáticos de ideas afines en esa campaña intensificada».

Otras de las recomendaciones o respuesta que debería pensar el gobierno norteamericano, a su criterio, tiene que ver con continuar presionando por la democracia y la lucha contra la corrupción, en este caso debe «hacer un mejor trabajo apoyando y defendiendo abiertamente a sus aliados, y no buscando castigarlos por sus imperfecciones en el contexto de una amenaza tan significativa como China, Rusia y otros actores extra-hemisféricos. Estados Unidos necesita mostrar más respeto a Colombia, Guatemala y Brasil, entre sus otros aliados en la región», señala Ellis.
Considera además que la Administración de Biden tendrá que «proporcionar un aumento de orden de magnitud en el financiamiento dedicado a la región, centrado en garantizar que los aliados democráticos de Estados Unidos y el libre mercado tengan éxito, pero no se limitan solo al financiamiento de proyectos verdes, o aquellos que benefician específicamente a mujeres, indígenas u otros grupos desfavorecidos».
Trazar una estrategia con Taiwán
Para Ellis justo cuando el régimen de Ortega desechó a su principal donante que inyectó cuantiosos desembolsos a Nicaragua en el sector salud, económico, social y ganadero, entre otros; además de que es un aliado clave del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), entidad que ha oxigenado económicamente a la dictadura orteguista, es necesario que EE.UU se coordine «activamente con sus amigos de Taiwán para diseñar una estrategia para trabajar abierta y estrechamente con él».
Añade que se debe realizar para «desalentar enérgicamente nuevos giros diplomáticos a través de incentivos económicos, presión diplomática, intercambio de inteligencia y otras formas de coordinación». Hasta la mitad de este año, Taiwán ya había superado a la Unión Europea (UE) como fuente proveedora de recursos de Nicaragua luego que en el transcurso de este año aumentó su compromiso financiero con el Gobierno.
Según Ellis en paralelo el gobierno norteamericano deberá «ampliar su apoyo a la seguridad y su compromiso público con Taiwán en Asia», debido a que considera que «el avance de la República Popular China en Nicaragua, y el probable giro que se avecina en Honduras, pueden envalentonar a la República Popular China para actuar con una agresión creciente contra Taiwán por su cuenta. barrio, incluida la acción militar».

China considera la isla de Taiwán como parte de su territorio, con la voluntad de reincorporarla eventualmente bajo su dominio, y ha aumentado en los últimos años la presión para aislarla diplomáticamente.
China o República Popular China es gobernada por el Partido Comunista desde 1949 y es el país más poblado del planeta. En tanto, Taiwán, conocido como República de China (ROC por sus siglas en inglés), se ha comportado como república independiente desde el mismo 1949 y tiene a Estados Unidos como un aliado.
EE.UU «ya no puede darse el lujo de regañar a sus socios»
Finalmente, Ellis recomienda a EE.UU que sus funcionarios deben repensar de manera urgente su concepto estratégico de cómo relacionarse con los Estados del Hemisferio Occidental, y apunta que «Estados Unidos ya no puede darse el lujo de regañar a sus socios en la región. Washington nunca se ha enfrentado a un hemisferio tan políticamente dispuesto a resistir la presión de Estados Unidos, o tan plenamente capacitado por el dinero de un adversario para hacerlo».
En esa misma línea, el profesor investigador de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de los EE.UU., subraya que precisamente la Administración norteamericana «ha recibido muchas llamadas de atención sobre los crecientes desafíos estratégicos en su propio extranjero cercano, con el cual su seguridad y prosperidad están íntimamente conectadas a través de lazos comerciales, geográficos y familiares. Cada vez, ha pulsado el botón de repetición».
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Insiste en destacar que el anuncio del cambio diplomático por parte del Gobierno de Ortega que coincide con la Cumbre para la Democracia celebrada por Biden este 9 y 10 de diciembre, en la que a la tanto Ortega y sus homólogos Miguel Díaz-Canel, de Cuba, y Nicolás Maduro, de Venezuela, fueron excluidos, «probablemente no fue un accidente».
«Es un duro recordatorio de que los gobiernos centroamericanos y otros tienen opciones muy reales para aliarse con actores extra-hemisféricos que amenazan a Estados Unidos, si Estados Unidos los trata con desprecio o desinterés. Los días en los que Estados Unidos tenía el lujo de presionar a los socios centroamericanos obedientes, ya sea por corrupción, democracia o inmigración, han terminado. Washington ya no puede darse el lujo de no actuar estratégicamente», advierte Ellis a EE.UU.
¿Cuáles son las consecuencias para Nicaragua?
Ellis al referirse en su análisis sobre las posibles consecuencias para Nicaragua tras el giro diplomático señala que es probable que los delegados de Ortega y los empresarios relacionados con ellos viajen a la República Popular China para firmar una serie de memorandos de entendimiento no transparentes.
Precisamente este 10 de diciembre, parte de la delegación del régimen que se encontraba de misión oficial en Rusia aterrizó en China, dos hijos de Ortega y Rosario Murillo, Laureano y Rafael aparecieron junto al ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta, en reuniones con funcionarios rusos. Laureano Ortega, que funge como asesor presidencial para las Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional firmó con el vicecanciller de China, Ma Zhaoxu, el documento para restablecer las relaciones diplomáticas entre Nicaragua y China.

«Estos Memorandos de Entendimiento probablemente incluirán referencias a la aprobación expedita de acuerdos fitosanitarios y otras medidas para facilitar la importación de una cantidad simbólica de café y fruta nicaragüense, beneficiando a selectos compinches de Ortega en el sector exportador, como sucedió en otros países centroamericanos», sostiene Ellis.
Reconoce a la vez que aunque no está claro si el giro diplomático reactivará el llamado proyecto del Gran Canal, el cual recibió el interés del multimillonario chino, Wang Jing y la aprobación del gobierno de Ortega en 2013, pero que desde entonces ha quedado estancado, el simple hecho de que Ortega Murillo (Laureano) quién jugó un papel clave en esa negociación «secreta», a su lectura «sugiere que una resurrección del proyecto del canal podría estar sobre la mesa en algún momento».

«Como mínimo, las relaciones diplomáticas con la República Popular China harán que el canal sea mucho más factible, aunque no sea una realidad inmediata. Independientemente de los proyectos y préstamos que prometan los nuevos patrocinadores chinos de Ortega, habrá mucho dinero de la República Popular China para mantener a Ortega, a la vicepresidenta Rosario Murillo y a sus compinches en el poder, incluso si Nicaragua es finalmente sancionada por Estados Unidos y expulsada de DR-Cafta. Al igual que en Venezuela, la corrupción y la falta de transparencia de Nicaragua permitirán a la élite gobernante desviar gran parte de los nuevos fondos chinos para uso personal», opina Ellis.
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Advierte que otras de las consecuencias es que el régimen de Ortega pueda llevar la cooperación militar con sus nuevos patrocinadores chinos mucho más lejos y más rápido que los gobiernos pro-estadounidenses que han reconocido recientemente a la República Popular China, como Panamá, El Salvador y República Dominicana».
«Históricamente, han sido los gobiernos populistas de izquierda en la región, incluyendo Venezuela bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Ecuador bajo Rafael Correa, Bolivia bajo Evo Morales y Argentina bajo los peronistas, quienes han comprado la mayor cantidad de equipamiento militar chino, incluido K- 8 cazas y vehículos blindados por Venezuela, más de 700 camiones militares y vehículos blindados por Ecuador, helicópteros y vehículos blindados por Bolivia, y la posibilidad de compra por Argentina del caza FC-1 de China. Es más, Estos regímenes populistas de izquierda han implementado las arquitecturas de seguridad chinas más preocupantes, como la Tarjeta de Identidad de la Patria en Venezuela, ECU-911 en Ecuador y BOL-110 en Bolivia. Por lo tanto, si bien es prematuro anticipar el establecimiento chino de una instalación militar en Nicaragua, es probable que la nueva relación involucre alguna forma de cooperación militar que causará un profundo malestar en Washington«, expresa.