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El duelo emocional que les toca vivir a los nicaragüenses por la migración forzada de uno de sus familiares

Vivir este tipo de situación conlleva a un "duelo" que involucra depresión, desesperanza y hasta sensación derrotista, explican especialistas

Las estadísticas de la población migrante nicaragüense nuevamente está en alza y con ello, el drama de las miles de familias que se ven afectadas por la separación de un miembro del núcleo, sobre todo en estas festividades navideñas y fin de año, donde la nostalgia y el duelo emocional incrementan, explican los especialistas en psicología.

Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, por su sigla en inglés) hasta abril de este año se contabilizaba la salida de 108 mil nicaragüenses, de los que al menos 81 mil habían pedido refugio en Costa Rica. Sin embargo, en los últimos meses se ha visto un flujo migratorio sumamente acelerado debido al contexto del país. El Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca +, refirió recientemente que entre enero y noviembre de este año al menos 95 mil nicaragüenses han abandonado el país, siendo ahora Estados Unidos el principal destino de los connacionales.

«Hay un gran vacío emocional porque están dejando forzosamente al tejido que a uno lo sostiene, que en la sociología está demostrado que somos seres sociales y que su familia cercana, su barrio, su comunidad, su identidad tienen un papel vital para la seguridad del ser humano, pero todo eso se deja atrás involuntariamente y el dolor es tanto para el que queda como para el que se viene (a Estados Unidos). Sumémosle a eso la situación de riesgo durante el transcurso (del viaje)», declara Haydee Castillo, socióloga y activista de derechos humanos, quien se encuentra exiliada en ese país norteamericano.

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El psicólogo Roberto Ordoñez expone que vivir una situación de migración conlleva a un «duelo» que involucra depresión, desesperanza y hasta sensación derrotista. Esto aplica tanto para la persona migrante como para la familia que queda en el país.

«El proceso que se inicia pasa por la emoción de la partida, la angustia de la separación, luego un momento de explosión que lo impulsa a retornar a su país; finalmente la aceptación, que dependerá de la capacidad emocional y de resiliencia del individuo», dice Ordoñez.

Dolor y resignación

Doña Sandra ha vivido ese duelo emocional del que hablan los especialistas. Recientemente sus dos hijos salieron de Nicaragua para buscar «vida» en Estados Unidos. No los quería dejar ir, pero la situación económica, política y social golpeó su hogar. Era un sentimiento de dolor pero al mismo tiempo de resignación, porque ella reconocía que no había esperanza en el país.

«Los hijos y los padres del migrante son los más afectados, los hijos sienten abandono y pueden desarrollar rencor. En algunos casos pasan la factura con comportamientos negativos, adicciones y buscan la calle. En personas que vivieron trauma o tienen trastornos depresivos puede empeorar la crisis», apunta el psicólogo Ordoñez.

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Por su parte el psicólogo Kevin Vega refiere que en este tipo de situaciones los miembros de la familia pueden empezar a presentar desánimo, momentos de tristeza, frustración o ira, de igual manera pueden empezar complicaciones somáticas: problemas de sueño, de la concentración, gastrointestinales, musculares o hasta llegar a escenarios más graves como algún diagnóstico clínico de depresión, ansiedad y trastornos de adaptación.

Los especialistas consideran que en épocas festivas, como lo es diciembre, surgen «muchos recuerdos, deseos y sentimientos» que incrementa la nostalgia y los deseos de repetir las vivencias familiares.

El exilio de los nicas

Migración o exilio, es una decisión que marca a las familias, ya que en ninguna de esas se está preparado para sobrellevar la situación. Una periodista nicaragüense que se vio obligada a exiliarse en Costa Rica lo confirma.

Lleva tres años en el exilio y aún le parece irreal hasta dónde ha tenido que llegar para resguardarse. «El frío me cala los huesos, me abrigo y camino cerca de la Plaza de la Cultura, en San José, Costa Rica. Este próximo diciembre cumpliré tres años de estar en el exilio, me suena irreal el tiempo que me ha tocado vivir lejos de mi Nicaragua», es el testimonio de la periodista que está plasmado en un documento del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca +.

«En ese momento (de salir del país) lo más difícil fue dejar a mi familia, en particular a mi hija adolescente, me interrogaba sobre qué país le estaba dejando, qué opciones tendría ella para terminar de formarse como profesional, sobre todo me aterraba que la dañaran de cualquier forma por ser mi hija o peor que al ingresar a la universidad por ejercer su derecho a protestar al igual que los jóvenes en 2018, fuera apresada o en el peor de los casos, herida o
asesinada», comparte la comunicadora.

Ordoñez destacó que cuando ya se vive con un trauma o depresión, la situación puede empeorar por lo que se necesita estar atentos a los signos de alerta de que algo no está bien.

Recomendaciones

Los especialistas brindaron una serie de consejos, pero cabe destacar que la mejor manera de tratar situaciones extremas es directamente con el especialista.

Recuerde:

-Buscar asistencia profesional

-Hacer uso constante de los medios digitales de comunicación para establecer contacto fluido.

-Fomentar la expresión emocional y los detalles afectivos que no sean necesariamente físicos.

-Mantener la comunicación con sus familiares, poner fechas de reencuentros.

-Trabajar la fe y la espiritualidad.

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