La toma de posesión de Daniel Ortega en 2007 representó el regreso al poder del caudillo sandinista. LA PRENSA/ ARCHIVO

Los factores que influyeron para que Daniel Ortega regresara al poder en 2007

Después de 16 años intentándolo Daniel Ortega logró volver al poder. LA PRENSA conversó con un analista político, un historiador y una defensora de Derechos Humanos que explican cómo lo hizo

Después de 16 años intentando regresar al poder, Daniel Ortega lo logró. Tras perder tres elecciones presidenciales consecutivas, Ortega ganó las de noviembre de 2006.

Ortega ya había dirigido el país de 1979 a 1990, primero como coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, tras el derrocamiento por las armas de la dictadura de Anastasio Somoza y en los últimos cinco años de ese período como presidente. En 1990, Ortega perdió las elecciones presidenciales ante Violeta Barrios de Chamorro, de la Unión Nacional Opositora (UNO).

Inmediatamente después de aquella histórica derrota electoral de 1990, Daniel Ortega pronunció un discurso frente a las miles de personas que se habían reunido en la Plaza Omar Torrijos: “Nosotros no nacimos arriba, nacimos abajo y vamos a gobernar desde abajo», avizoró.

Durante el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997), los sindicatos del FSLN chantajeaban y paralizaban el país para obtener ventajas para el partido. Aún así, Ortega pierde por segunda vez las elecciones en 1996 frente a Arnoldo Alemán, y una tercera vez, en 2001, ante Enrique Bolaños (q.e.p.d.).

LA PRENSA conversó con un analista político, sociólogo e historiador y una defensora de derechos humanos que explican cómo Ortega volvió al poder.

1. El pacto Alemán-Ortega

En 1999 el Frente Sandinista, dirigido siempre por Ortega, y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), dirigido por el presidente en ejercicio Arnoldo Alemán, negociaron una serie de acuerdos con el objetivo de asegurar el control del poder ejecutivo, el control y la subordinación de los demás poderes del Estado y mantener u obtener privilegios e inmunidades.

En el 2000, el llamado Pacto Alemán-Ortega se ejecutó mediante la instauración de un sistema bipartidista. Ortega y Alemán se repartieron los principales cargos del Estado y disminuyeron el porcentaje de votos para elegirse presidente en la primera vuelta, lo que ha beneficiado a Ortega hasta el día de hoy.

El pacto también permitió una reforma a la Ley Electoral que garantizó la reducción del piso electoral que pasó del 45 % al 35 % de los votos. Se estableció que se ganaba las elecciones en primera vuelta con un 40 % o bien con el 35 % si existe una diferencia de 5 % por encima del segundo lugar.

Ortega ganó en 2006 con el 38.07 % y con la mayoría votando en «contra» suya.

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En las tres elecciones anteriores, las que Ortega perdió, nunca había logrado llegar a un 45 %. En 1990 frente a doña Violeta de Chamorro logró 41 %; en 1996 frente a Arnoldo Alemán, un 38 % y en 2001, frente a Enrique Bolaños, un 42 %.

Es decir, que sin la reducción del porcentaje de los votos, Ortega «nunca» hubiera vuelto al poder, dice la activista y defensora de derechos humanos, Vilma Núñez, directora del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

«Sin pacto y sin haber hecho todo lo que hizo no gana. Después de doña Violeta (a Ortega) le gana Arnoldo Alemán, con esa imagen de corrupto y todo, le ganó en buena ley, y después le ganó don Enrique Bolaños (q.e.p.d.). Él tenía que pactar con el corrupto de Alemán para poder llegar al poder. A Ortega el pueblo de Nicaragua le dio la espalda en 1990», asegura Núñez.

2. División del voto opositor

Analistas políticos también coinciden en que la principal razón para explicar la victoria del FSLN en 2006, además del pacto, fue la división de la oposición.

En esas elecciones, los votos de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el Partido Liberal Constitucionalista sumaron el 55 %, casi la misma cantidad que habían logrado los opositores de Ortega en los comicios que este había perdido: Violeta Barrios ganó con un 54 %, Arnoldo Alemán con 51 % y Enrique Bolaños con 56 %.

A juicio de Núñez, Ortega propició hábilmente esa división. «Esa división no fue espontánea, esa división prácticamente fue una maniobra, así como ha creado leyes ahora, así lo hizo en ese entonces. Él planificó todo macabramente, su regreso iba a ser el fin», dice.

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Mientras que un analista político que prefirió mantenerse en el anonimato, manifestó que el peligro y el temor de que el Frente Sandinista volviera al poder estaba siempre. «La gran falla fue que se dividió el liberalismo, precisamente porque se dividió el liberalismo fue que entonces Alemán, pensando que ya había perdido buena parte de los votos liberales que se fueron al Partido Liberal Independiente (PLI), pactó con Ortega, que se ganaba con el 38 % y lo que de arranque favorecía al FSLN porque ese era su porcentaje tradicional que conseguía en las elecciones», afirma.

3. La alianza con la Iglesia

El historiador Óscar René Vargas señala que además de la división de la oposición de 2006, también influyeron otros factores como la situación económica del país, la alianza con la Iglesia católica a través del entonces cardenal Miguel Obando y Bravo (q.e.p.d.) y el discurso de «reconciliación, amor y paz» de Ortega.

«Cuando hablo de la situación económica, me refiero también a la situación de la energía eléctrica. En los gobiernos de Alemán y de Bolaños se había profundizado la desigualdad social y entonces eso crea un descontento en la población, y si a eso le sumamos la división, evidentemente esos factores son los que influyeron», expresa Vargas.

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Sobre la alianza con la Iglesia encabezada por Obando y Bravo, dijo que «ellos (el FSLN) logran neutralizar a Obando a través de varias movidas, después de ser un opositor furibundo. La razón por la que Obando se plegó a Ortega es porque Roberto Rivas (expresidente del CSE), muy cercano a Obando, lo habían encontrado en actos de corrupción, entonces eso fue un elemento que a Obando lo obligó a ceder para que Rivas no cayera preso».

Núñez también sustenta que la Iglesia jugó un rol de fortalecimiento del dictador a través de Obando y Bravo. «Roberto Rivas llega a ser presidente del CSE por un pacto entre el cardenal y Ortega. Entonces se confabulan para darle el poder a Daniel Ortega», comentó.

4. La senda para la reelección indefinida

Después de terminar la Presidencia que ganó en 2006, Ortega no podría volver a ser presidente porque la Constitución prohibía la reelección. En 2009, sin embargo, la Corte Suprema de Justicia emitió un fallo en el que levantaba esa prohibición y es así como Ortega se reelige nuevamente en noviembre de 2011.

En 2014, la Asamblea Nacional controlada por el orteguismo, aprobó una reforma a la Constitución que garantizaba a Ortega la reelección indefinida. «Y así puso fin a la democracia del país», dice Núñez.

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En 2016, Ortega inscribe su candidatura nuevamente, llevando como vicepresidenta a su esposa, Rosario Murillo, con lo que concretó la instauración de una dictadura familiar, pues se convirtió en su sucesora constitucional.

En enero de 2021, cumplió 14 años consecutivos en el poder y busca su quinto mandato para completar un período de 20 años continuos y su tercera reelección consecutiva en un país sumergido en una crisis sociopolítica y con más de 150 presos políticos, entre ellos siete candidatos a la Presidencia.

«El regreso de Ortega a la Presidencia de Nicaragua ha significado una progresiva y acelerada violación de derechos humanos. Tantos los derechos civiles y políticos como los derechos económicos, sociales y culturales», afirma la directora del Cenidh.

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