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Ángela Romero y su esposo Ricardo Rizo la habían pasado bien esa noche. Comieron, bailaron y creyeron que estando juntos no había peligro si volvían a la casa en la madrugada. Pero no fue así. Quienes los interceptaron para robarles en las cercanías del barrio Blanca Segovia, en Managua, estaban decididos a matarlos si se oponían. Rizo logró recuperarse de las heridas de su agresor, pero Ángela no. Era un 22 de febrero y Rizo tiene claro que ese día perdió más que su dinero y su teléfono celular. Según sus palabras, perder a la esposa fue como perderlo todo.
Pero él vive para contarlo. A Socorro del Carmen Chavarría le costó la vida descubrir a un ladrón en su casa, ubicada en la comarca San Antonio, Chachagua, del municipio de Murra, en Nueva Segovia. Era un Viernes Santo y la tragedia era lo que menos esperaba su familia. El hombre no tuvo piedad y le disparó al verse descubierto. Un solo disparo le puso fin a 43 años de vida.
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Si en algo coinciden los expertos en seguridad ciudadana es que en los últimos años se ha desatado en el país un tipo de delincuencia «feroz, capaz de matar si debe hacerlo». «Es gente armada, decidida a matar, porque hay mucha violencia en el ambiente y mucha impunidad», dice un investigador social consultado para este artículo. El especialista recomienda a las autoridades tomar en cuenta el clamor de la gente que pide frenar la delincuencia, tal y como lo demandaron comerciantes de Matagalpa, tras el asalto a un tienda de remesas este martes, donde murió un comerciante y el cajero del negocio.

«Son letales»
En octubre del año pasado, ocho de cada diez nicaragüenses estimaban que el clima de inseguridad en el país, a través de crímenes, robos con violencia o intimidación y asaltos, ha aumentado, ello de acuerdo con datos que una encuesta de CID-Gallup arrojó en ese momento. Según la firma, la percepción de inseguridad pasó del 49% en mayo de ese año a 83 % en septiembre.
En marzo pasado el informe titulado “2020: Violencia e inseguridad de Nicaragua”, reflejaba que la cantidad de asesinatos pasó de 141 en 2019 a 262 en 2020, y que el panorama podría recrudecer durante este año por ser un año electoral. La investigadora y especialista en seguridad ciudadana Elvira Cuadra apuntó que la violencia letal se incrementó en un 87.2 % durante el año pasado, para convertirse en una tendencia sostenida en el país.
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El 6 de febrero pasado, una mujer y su hijo vivieron en carne propia esa letalidad que advirtió Cuadra. Muy temprano en la mañana, en la comunidad Quebraditas de Laguna Verde, jurisdicción del municipio de Wiwilí, en el departamento de Jinotega, tres sujetos llegaron a la casa de Mayling Duarte, de 34 años, y sin mediar palabras le dispararon por la espalda.
Los tres sujetos llegaron a robarle a Duarte, quien era un conocido productor y comerciante del sector y que por esos días había hecho una buena venta de granos básicos. De nada sirvieron las súplicas de la esposa y del hijo de la víctima, un menor de 10 años. Los sujetos dijeron que se llevarían «la plata o la vida de Duarte». Al final se marcharon con ambas.

A Marcos Tulio Barrientos le tomó 13 segundos resumir lo que la Policía y la Fiscalía prepararon por días para decirlo ante un juez en los tribunales de Ocotal. «No le voy hacer perder el tiempo, yo lo hice, y aceptaré el castigo que me imponga», dijo. Su declaración se lee fácil en el expediente, pero recoge la tragedia de la que fue víctima una joven de 22 años, a quien mató para robarle su celular en su propia casa de Jalapa, Nueva Segovia. La familia de Tania Leticia Mercado Calero aún no halla resignación ante su pérdida. «La cárcel es muy poco para ese asesino», dijo un pariente.
¿Qué debe hacer usted?
Los especialista dicen que es difícil predecir lo que puede suceder en un robo a mano armada, pero los ciudadanos «deben estar claros que la vida es lo principal». «Guardar la calma es primordial, debe tomar conciencia del riesgo al que se expone al enfrentar al agresor, especialmente si no cuenta con los recursos para poder defenderse», dice un psicólogo a LA PRENSA.
«El sentido común dice repeler, pero no debe olvidarse que el delincuente está decidido a cumplir con su objetivo, si tiene que actuar lo hará, la delincuencia en estos momentos tiene un grado de peligrosidad tremenda y eso es un riesgo para la vida», advierte el investigador social, quien recuerda que el Gobierno ha puesto en libertad a decenas de reos comunes sin haber cumplido penas impuestas ni procesos de rehabilitación.
Los familiares de la víctimas más recientes de asaltos violentos despidieron a sus seres queridos: don Pablo González Aráuz, un comerciante conocido en Matagalpa, y el cajero Otoniel Rojas, quienes llegaron a su negocio la mañana de este martes con la esperanza puesta en «el nombre de Dios» y encontraron la muerte. «No es justo, no lo es señor», clamó un pariente durante el sepelio de Rojas, en el municipio de La Dalia, de donde era originario.
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