UNAN-León: alma mater de intelectuales

La Universidad de León, ahora UNAN-León, no solo es la alma mater de las generaciones de doctores e intelectuales nicaragüenses que, en su época, le dieron forma a la recién independizada República de Nicaragua, contribuyendo a forjar sus incipientes instituciones y a redactar sus primeras leyes y códigos, sino que también en ella se educaron los universitarios que llevaron a las hermanas repúblicas de Costa Rica y Honduras la semilla de la educación superior.

Fue la Universidad de León y su ilustre antecedente histórico, el Colegio Seminario de San Ramón, la fecunda matriz donde se forjaron los brillantes universitarios a quienes se debe la fundación de las Universidades de Costa Rica y Honduras.

Cuando el Ayuntamiento de San José de Costa Rica decide crear el primer plantel de segunda enseñanza, hicieron llegar, de León de Nicaragua, al célebre Br. Rafael Francisco Osejo, graduado en el Seminario San Ramón. El 24 de abril de 1814, abrió sus puertas la Casa de Enseñanza de Santo Tomás de Aquino, con el Br. Osejo como primer rector del plantel. Esta Casa de Enseñanza fue el germen de lo que después sería la Universidad de Santo Tomás, creada por el Dr. José María Castro Madriz, graduado en la Universidad de León. La Universidad de Santo Tomás, precursora de la actual Universidad de Costa Rica, se instaló solemnemente el 21 de abril de 1844. Su primer rector, el Dr. Juan de los Santos Madriz, también era egresado de la Universidad de León, así como la mayoría de los miembros de su claustro de profesores. La nueva universidad fue en su organización y en su enseñanza, “un simple reflejo de la Universidad de León de Nicaragua”, como lo reconocen los historiadores costarricenses.

Cabe señalar que el Br. Rafael Francisco Osejo, natural del barrio de Sutiaba de León de Nicaragua, calificado por algunos como “genio inquieto y perturbador” por ser el divulgador de los ideales independentistas, encabeza la lista de Beneméritos de la Patria, por decisión de la Asamblea Nacional de Costa Rica.

Sobre la propagación de las ideas liberales en Costa Rica, Rodrigo Facio, benemérito rector de la UCR, nos dice: “La influencia de Nicaragua, que fue la primera en sentirse, se extiende por más de cincuenta años después de la Independencia. Podemos situarla entre la acción de dos mentalidades liberales: la del bachiller Rafael Francisco Osejo, que organiza en 1814 la Casa de Enseñanza de Santo Tomás, real embrión de la Universidad y la del licenciado Máximo Jerez, quien dicta clases en la Universidad entre 1863 y 1868. Y la Universidad de León prepara los dirigentes costarricenses desde la Independencia hasta 1840”.

Algo similar ocurrió con la creación de la Universidad de Honduras, cuyo fundador fue el padre José Trinidad Reyes, a quien los hondureños llaman cariñosamente “el Padre Trino”, egresado del Seminario de San Ramón y de la Universidad de León. El 14 de diciembre de 1845, un grupo de jóvenes profesionales hondureños, todos ellos egresados de la Universidad de León de Nicaragua, decide fundar la célebre “Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto”, germen de la futura Universidad de Honduras. Ellos eran discípulos del padre Trinidad Reyes. La Sociedad asumió la enseñanza de la Filosofía y de la Gramática Latina. Su primer rector fue el padre Reyes. En el acto de inauguración de la Sociedad, dijo el padre Reyes: “Hoy ve Tegucigalpa un rasgo sin ejemplo, que no lo viera antes de nuestra independencia ni después que el amor a la patria ha sido tan incesantemente decantado. Unos jóvenes, que uniendo a sus talentos una infatigable aplicación al estudio, han merecido los honrosos títulos literarios con que los condecoró la acreditada Universidad de León de Nicaragua, consagran hoy a la patria sus tareas, y vienen a pagarle las primicias de sus luces, haciéndole un servicio de una clase superior a cuantos puedan prestarles sus amantes hijos”.

En 1847, el jefe de Estado de Honduras, doctor y general Juan Lindo, gracias a las gestiones del padre Reyes, elevó la Sociedad al rango de Universidad.

Cuando la UNAN-León recupere su plena autonomía universitaria, volverá a ser digna de tan honrosos blasones.

El autor es jurista, ex rector de la UNAN.

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