Los que usurpan nuestro abril

En ocasiones la vida de quienes hemos tomado la determinación de ser frontal a los regímenes de nuestros países, sacrificando juventud, sueños y aspiraciones más genuinas, tenemos que padecer dolores que agobian: muerte, cárcel, exilio. Tal es el caso del conocido joven Lorent Gómez Sahle, quien estuvo en las mazmorras de Nicolás Maduro, y de los miles de jóvenes que, arriesgando todo, tuvimos que salir de Nicaragua y comenzar una vida en otros países que no estaban preparados para recibir ese éxodo forzoso que ocasionó la represión desmedida de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La crítica del 18 de abril del 2018 fue al sistema, no a Daniel ni a Rosario, sino a todo un entramado de corrupción, cúpulas, élites, a un modelo que permitió la erosión del débil Estado de derecho que legó Enrique Bolaños por culpa del bipartidismo pactista del PLC y el FSLN, y que enriqueció a un empresariado que dio más poder a Ortega, mientras recibían licitaciones y dádivas fiscales. Un modelo cuyas raíces son fuertes.

Precisamente es cuando creemos que nuestra realidad no es diferente a la de antes de abril de 2018. El juego electoral de este 2021 que definirá el futuro del país fue decidido por los mismos que estaban antes de ese glorioso y sangriento abril: los partidos políticos, incapaces de colocarse en la palestra pública a falta de consenso, principios, valores y propuestas de fondo, pero que fueron los grandes beneficiarios del estallido de 2018.

Hoy usurpan una lucha que nunca les perteneció, que jamás tendrán la fuerza moral para asumirla ni para liderarla. Son las facetas más rancias del modelo que dio poder político y económico a Ortega y sus aliados, el vehículo que legitima a la dictadura.

En ellos no cabe la necesidad de la justicia ni buscan una democracia duradera y estable, acapararon esta lucha para tener un papel secundario en un teatro donde los entretelones del poder son oscuros y siniestros.

Pese a participar de un proceso que es ilegítimo desde ya, no pueden obviar que el modelo represivo de Ortega es exportado, llegarán los días que quienes asumen al país como su finca, tendrán sus potreros como cárcel, como Juan Requesens, Freddy Guevara y muchos más diputados venezolanos que confiaron en un cambio ante una mafia institucionalizada, tanto en Venezuela como en Nicaragua, pero que fueron perseguidos.

Difícilmente escaparán de la represión de la dictadura, que perseguirá más allá de las fronteras a la disidencia, subestimar a Ortega en esto es inútil, confiarse es tener la certeza del último Somoza de que lejos, estaría a salvo, pero las mafias operan dentro y fuera de sus territorios.

El autor es nicaragüense exiliado.

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