Negarnos a la evolución es cerrarle la puerta al futuro. En el futbol se empezó a utilizar el VAR, en la MLB la repetición es importante para que no ocurran fallos como el de Jim Joyce en el juego perfecto de Armando Galarraga. La pelota cambió con juegos de siete episodios, ahora se piensa agregar el bateador designado en la Liga Nacional de manera permanente. Los tiempos cambian y la evolución permite estar a la altura de las exigencias del presente. Sin embargo, aún existen personas capaces de mantener a un país en la involución, remando contra la corriente de lo lógico. Es ahí cuando nacen los estallidos sociales como lo sucedido en Nicaragua en 2018 y actualmente en Cuba.
La nueva generación de jóvenes cubanos no entiende cómo pueden vivir en la miseria cuando sus líderes tienen todas las comodidades o peor, cuando encienden su celular, y a través de esa pequeña pantalla pueden observar todo lo que se les ha prohibido y satanizado. Nada es para siempre, en la vida del ser humano, tarde o temprano nace ese punto de quiebre cuando los sentidos se activen y tomen las decisiones acertadas, aunque su vida corra mucho peligro. Cuba marcha sin miedo porque han pasado más de 60 años en una cárcel llamada isla.
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Hay otro detalle interesante para exponer: la respuesta inmediata de muchos artistas y figuras del deporte cubanas como son los jugadores de Grandes Ligas. Aroldis Chapman llegó al Juego de Estrellas con una gorra y sobre ella tenía el eslogan patria y vida, el que se utiliza en las protestas en contra un sistema comunista que ya ratificó su fracaso. El personaje público se debe a su gente por eso no dudé cuando debí expresarme en 2018. El pueblo es quien hace héroes, estrellas y figuras mediáticas, por eso es un deber dar un paso adelante para exponer las ilegalidades o señalar en el momento que se toma un rumbo equivocado de un país.
El gran problema de Cuba, Venezuela y Nicaragua es que las personas que tienen el control del país lo utilizan como si fuera de su propiedad y no como administradores de una nación en pro del pueblo. Se ha llegado al punto que se le niega la entrada a un ciudadano nicaragüense como ocurrió con el padre de Lesther Alemán, un señor desesperado por saber de su hijo. Si todos tuviéramos empatía entenderíamos la gravedad de la situación. Se acumulan riquezas insólitas, se destruyen las institucionalidades para que al final aferrarse a la involución, ese tipo de personas pretenden detener el tiempo y la consecuencia ya la conocemos: Cuba, Venezuela y Nicaragua, el muro contra la evolución.