Aprendiendo de Haití

En relación al país, hemos tenido toda la vida el ejemplo de Haití y parece que desde la política y, los círculos de poder, se empecinan más en acercarnos a la pesadilla que vive ese país que alejarnos y aprender del desconcierto actual en todas las esferas

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El asesinato del presidente de Haití por un grupo de mercenarios puso el ojo del mundo en el país caribeño. De ninguna manera se puede aprobar el asesinato de una persona. Hasta cuándo estaremos en la tierra es decisión de Dios, no de humanos. Sin embargo, Haití me trajo recuerdos de hace más de 40 años, cuando escalaba a las Grandes Ligas. Ese país ya era el más pobre del continente americano y jamás pudo levantar cabeza, con el paso de los años y la corrupción desmedida solo se ha afianzado entre el caos y la incertidumbre.

Crecí escuchando en mi familia: “Dennis aprenda de los errores de los demás. Se lo decimos por experiencia”. Luego en Grandes Ligas fue la misma historia: “aprender de los errores de los demás, me lo decían por experiencia”. Había ejemplos y ejemplos de jugadores que desperdiciaron sus carreras por los vicios. En mi caso, nunca he ocultado mis errores y mis imperfecciones cuando joven con la bebida, no obstante, me siento orgulloso de haber rectificado a tiempo. Caí, pero me levanté por mi fe en Dios y los valores inculcados desde infante; también por mi esposa, mis hijos, mi madre y para no tirar a la basura ese talento.

Con relación al país, hemos tenido toda la vida el ejemplo de Haití y parece que desde la política y, los círculos de poder, se empecinan más en acercarnos a la pesadilla que vive ese país que alejarnos y aprender del desconcierto actual en todas las esferas. Leí recientemente sobre el incremento del crimen organizado, se multiplicaron aceleradamente los secuestros, las extorciones, asesinatos, asaltos… están viviendo un infierno en la tierra caribeña. Dolorosamente en Nicaragua se empiezan a incrementar las alarmas de situaciones similares y, con una Policía Nacional que persigue a opositores y libera a criminales en actos sin sentidos, se está creando el coctel adecuado en el contexto para un Haití 2.0 en Centroamérica. Ojo, que ya somos el segundo país más pobre del continente.

El reto es actuar ya. Mañana puede ser muy tarde. Me golpea cuando no veo plan de acción desde las instituciones para responder ante esta ola de incremento de la inseguridad, sino que se encargan de proteger a un grupo político y no trabajar en pro de sus verdaderos jefes: el pueblo. Se encarcela a jóvenes por sus ideas, a periodistas por informar, a precandidatos presidenciales por querer otro país y ciudadanos por exigir un cambio. Veíamos lejano caer en el fango como Cuba, hicimos de la vista gorda con Venezuela, ¡por favor! No ignoremos Haití, aprendamos de sus errores que nos lo dicen por experiencia.

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