Las importaciones de celulares en Nicaragua se han visto afectadas por el estallido de la crisis sociopolítica de 2018. Archivo/LA PRENSA

Los números que mostrarían que los nicaragüenses llevan tres años sin renovar sus celulares, agobiados por la recesión

La caída en las importaciones de celulares coinciden con el aumento del desempleo y deterioro del poder adquisitivo.

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El 2018 significó para el negocio de los celulares el fin de una época de fuerte crecimiento en Nicaragua. Aunque al primer cuatrimestre de este año las importaciones de este producto exhiben un repunte respecto a igual periodo del año pasado, los registros anualizados muestran que en el último trienio el país ha reducido drásticamente las importaciones de este bien, que ahora se ha convertido de uso básico en los hogares, lo que hace temer a los economistas que los nicaragüenses no han adquirido o renovado sus teléfonos celulares en los últimos tres años.

Entre el 2018 y 2020 las importaciones de teléfonos celulares apenas rozaron las 200 toneladas, lejos de las 515 que se trajeron, por ejemplo, en el 2016, el máximo registrado entre el 2011 y el 2017, aunque en este último año se había experimentado una reducción, pero no tan profunda como las observadas en los últimos tres años, según muestran las estadísticas del Banco Central de Nicaragua.

Si se compara 2018 con 2019, en el primer año ingresaron a territorio nacional un total de 204.7 toneladas de este producto, por las que se pagaron 4.2 millones de dólares. Mientras en 2019, año en que se aprobó la reforma a la Ley de Concertación Tributaria, ingresaron menos toneladas (148.1), pero el valor fue mayor, situándose en 24.6 millones de dólares.

La caída en las importaciones de celulares coincide con el aumento del desempleo y deterioro del poder adquisitivo. En tres años, cerca de 200 mil puestos de trabajos formales fueron destruidos por la recesión, además la informalidad y la pobreza aumentaron, según datos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, así como del Gobierno.

El salario real de los trabajadores afiliados al INSS prácticamente ha permanecido estancado. En el 2017, por ejemplo, el poder de compra de estos trabajadores ascendía a 4,618.7 córdobas y hasta abril de este año se ubica en 4,752.6 córdobas, lo que muestra un avance lento.

El salario real del empleo formal, que incluye a más empresas, antes de la recesión ascendía a 4,777.8 córdobas y para marzo se ubicaba en 4,332.3 córdobas, según cifras del Banco Central de Nicaragua.

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Aunque hasta el 2018, la Cámara Nicaragüense de Internet y Telecomunicaciones (Canitel) estimaba que habían 8.3 millones de dispositivos circulando en el país, la situación no es nada alentadora porque solo 1.2 millones tienen conexión diaria a internet, pese a que en la actualidad con la pandemia de Covid-19 el uso de este servicio se ha vuelto casi indispensable.

Signos de mejoría, pero…

El 2021 parece un poco más alentador para el sector. En el primer cuatrimestre de este año se trajeron desde el exterior el equivalente en celulares en  11.8 millones de dólares, un 26.8 por ciento más que en igual lapso del año pasado, cuando la cifra llegó a situarse en 9.3 millones de dólares.

En cambio, se registra una disminución en cuanto a valor del 37.5 por ciento si se compara con el mismo lapso de 2017, es decir previo a la crisis económica y que, según economistas para medir la magnitud de recuperación de la economía se debe hacer con cifras previo a la recesión que estalló en el 2018.

Para el sociólogo y economista, Óscar René Vargas, el hecho de que desde 2018 se haya registrado una caída significativa en las importaciones indica que las personas están priorizando la compra de productos y servicios básicos, antes que equipos tecnológicos.

“Puede ser que el poco dinero que tienen lo utilizan para comprar los productos básicos: alimentos, salud, etcétera. También nos indicaría que las personas al perder su trabajo no tienen para comprar teléfonos. Esto nos indica la enorme contracción del mercado interno, por la falta de dinero y desempleo”, explicó.

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Por su parte, el economista Marco Aurelio Peña considera que en estos casos “estamos hablando de una crisis sociopolítica que determina una económica que se traduce como crisis de incertidumbre, inseguridad y desconfianza”.

“La gente inmediatamente cambia su toma de decisiones de consumo y también las relacionadas a su canasta de bienes alimenticios y no alimenticios. Comienzan a priorizar los necesarios y a discriminar los bienes de lujo; entonces las personas deciden no comprarse un nuevo celular, sino que conservan el mismo, o deciden repararlo o simplemente abstenerse de adquirir un nuevo aparato”, indicó.

También explicó que este panorama está asociado a la disminución de ventas en las compañías o negocios que comercializan los dispositivos móviles. “Al haber una disminución en la demanda de celulares, se provoca una restricción en la oferta. De lo contrario, todo ese inventario les va a ocasionar pérdidas, ya que no van a movilizar el producto, por tanto se restringen las importaciones”, mencionó al respecto.

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Siguiendo esta línea, Peña agregó que “las empresas cambian sus decisiones de inversión, de compra y de adquisiciones de equipos para venta y reventa, porque si no es así van a perder. Si tienen demasiado en inventario, que supera la demanda, van a tener almacenado un stock de productos que no van a poder mover y posicionar, porque tienen un mercado deprimido y contraído”, señaló.

En total, desde 2011 hasta el primer cuatrimestre de 2021 Nicaragua llegó a importar 3,605.7 toneladas de este producto, equivalentes a 481.7 millones de dólares.

Acceso a internet aún es tarea pendiente

La caída en las importaciones de celulares contrasta con la urgente necesidad que supuso para los nicaragüenses la pandemia, que habría aumentado el uso de internet en los hogares de los nicaragüenses, pues estos han tenido que seguir con sus actividades diarias, como el estudio o el trabajo, de manera virtual.

Carlos Leal, especialista en tecnologías de la información, afirma que la pandemia “nos hizo hacer un salto de rana, porque avanzamos como unos diez años. Ahora están usando más celulares para conectarse a clases virtuales, además hay gente que está trabajando desde su casa”.

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“También ha incrementado la cobertura porque el Gobierno hizo un proyecto de fibra óptica, que comenzó hace años. Ahora hay barrios de Managua que, por ejemplo, no tienen agua potable, pero sí tienen fibra óptica”, enfatizó.

Dicho proyecto, desarrollado por el Gobierno desde 2016, pretendía brindar infraestructuras y servicios de telecomunicaciones adecuados. Hasta el año pasado se encontraba en la fase de finalización del despliegue de la fibra óptica.

No obstante, Leal  lamenta que en Nicaragua los celulares “se consideran como una cosa lujosa, cuando las leyes se crearon en los 90, tener un celular era un lujo, por eso están gravados por muchos impuestos”.

Al respecto, aseguró que si se cambiara la ley y el celular y el servicio de internet se convirtieran en un servicio básico, se podrían adquirir en un rango de precio accesible para la población.

¿Cómo se podría mejorar y abaratar el servicio de internet en Nicaragua?

Manuel Díaz, experto en marketing digital, explica que en general los costos de “llevar internet cada vez son más bajos, porque una vez puesta la infraestructura solo es darle mantenimiento”. No obstante, advierte que hay desafíos en incrementar el acceso a este y los celulares juegan un papel fundamental.

“Hoy en día, se supone que Nicaragua anda aproximadamente por el 90 por ciento de potencial cobertura de internet a nivel nacional, eso no significa que todo mundo tiene internet, significa que si vos tenes un teléfono, podés tener internet casi en toda Nicaragua”, enfatizó.

El experto considera que la principal razón por la que no todos tienen acceso a internet podría ser debido a los altos costos y asegura que a nivel mundial los Estados prefieren no regular ese tema. “Entiendo que en Europa estaban hablando de poner el internet banda ancha en categoría de servicios básicos, pero es polémico. Porque a diferencia del agua, que todos los seres vivos se mueren sin ella, sin internet nadie se va a morir”, mencionó al respecto.

A criterio de Díaz, este tema sigue siendo un tema delicado no solo para Nicaragua, sino para el mundo entero y la solución a este problema sería “abrir el mercado, traer más competencia y tal vez, transparentar los costos”.

“Creo que regular no es la vía, tal vez abrir el mercado para proveedores de la última miel, que le llaman a los que no necesariamente se encargan de traer internet de los cables interoceánicos sino que solo se encargan de poner internet en un barrio, esa podría ser una vía”, concluyó.

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