Laleska Palacios, una joven periodista de 24 años, se la ha pasado llorando los últimos días. Le aterra ver cómo la Policía ha emprendido una cacería contra opositores y persigue judicialmente a periodistas independientes. Esto, dice, le provoca angustia, ansiedad, estrés, impotencia e incluso tiene pesadillas en las que en el país se repite lo ocurrido en el 2018, tras el estallido de las protestas contra la dictadura de Daniel Ortega. Caos, violencia estatal y persecución a civiles.
«Me dan ganas de no salir de mi casa y solo llorar. Llorar porque siento que mi vida aquí termina, que aquellos sueños y metas por los que he venido trabajando no podré hacerlos realidad. Vivir en Nicaragua es desgastante emocionalmente. Tengo que hacerme la fuerte para no afectar a los niños de mi casa y para que mis padres estén bien, pero en el fondo ellos también en algún momento han demostrado miedo», comparte la joven comunicadora.
En las últimas semanas el régimen de Daniel Ortega ha secuestrado a una decena de opositores, entre ellos cuatro precandidatos presidenciales —Cristiana Chamorro, Arturo Cruz, Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro—, ha allanado sus viviendas, les ha retenido bajo arresto domiciliar o los envía a las celdas del Chipote; mantiene asedio policial a otros opositores y continúa citando a más periodistas para que declaren sobre la acusación de lavado de dinero en contra de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro y se les amenaza con la figura de la Ley de Ciberdelitos por el ejercicio de su labor investigativa, crítica e informativa.
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El caso de Laleska no es el único. Otro joven, quien prefirió omitir su nombre, sostiene que a raíz de los últimos acontecimientos en el país se le ha hecho difícil concentrarse en sus horas laborales. El ciudadano es un oficinista y sostiene que en los últimos días lo ha atrapado la incertidumbre de lo que pueda ocurrir en Nicaragua. Ahora, dice, se le reactivó el insomnio, la depresión y desesperanza de que la situación (en el país), no cree que cambie.
Trastorno de estrés postraumático
Según psicólogos entrevistados por LA PRENSA, este comportamiento que actualmente está mostrando una parte de la ciudadanía puede traducirse a un «trastorno de estrés postraumático», que es causado por un arrastre de situaciones violentas que en su momento han vivido, por ejemplo las ocurridas en el 2018, cuando la dictadura reprimió salvajemente y asesinó a más de 325 ciudadanos.
«Después de la crisis sociopolítica en nuestro país en el 2018 y luego la pandemia en el 2020 que ha cobrado muchas vidas, los niveles de estrés, traumas, han llegado a romper límites de dolor en muchas familias. Se nos hace necesario comprender este trastorno, donde hay una gran mayoría de nicaragüenses que lo estamos sufriendo, unos conscientes y otros inconscientemente», explicó la psicóloga clínica, Alba Roni Aguilar.
Ese puede ser el caso de Laleska. Ella sostiene que «Gracias a Dios» la crisis emocional que sufrió en el 2018 pudo superarla con la ayuda de terapia e iniciando a trabajar. Sin embargo, la joven reconoce que con la situación actual siente la misma desesperanza del 2018.
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«Nuevamente recaigo porque siento que puedo perder mi trabajo por lo que está pasando con los medios de comunicación», dice la joven quien se desempeña como gestora de redes de un medio de comunicación. «Justo ahora me siento igual, con miedo al futuro. Hasta sueño que volvemos al 2018», agrega.
«Los que vivieron el trastorno postraumático a raíz lo que sucedió en el 2018, algunos no han logrado ni ser atendidos por un especialista y ellos pueden sufrir alteraciones y se va a traducir en la depresión y comportamiento irritable y nada productivo. Una persona deprimida que está expuesta a la presión laboral va a ser un 60 por ciento menos productiva», explicó por su parte el psicólogo Roberto Ordóñez.
Ansiedad, angustia y depresión
El especialista explicó que con las acciones que se están generando desde el Gobierno hacia los opositores en términos clínicos se está comenzando a puntear las atenciones por ansiedad, angustia y depresión. Ordóñez atribuye este comportamiento a la incertidumbre que este estado de violencia y represión genera a los ciudadanos a nivel de inversión y de finanzas también.
«Es decir, el joven es inteligente y traduce esta violencia en menor inversión, menos trabajo y no hay trabajo. Se preguntan qué van a comer, si está estudiando en dónde va a ejercer su carrera, entonces se deprime, se frustra y eso se refleja en tres comportamientos: agresividad, explotación laboral, que se traduce en estrés, y tercero en la migración», explicó Ordóñez.
¿Qué hacer?
La psicóloga Alba Roni compartió una serie de acciones que bajo este contexto de tensión e incertidumbre la población puede poner en práctica. Recordó que la mejor arma que se puede usar en nuestra contra es: desanimo, sentimiento derrotista y los pensamientos negativos.
Uno de los consejos de la especialista es desconectarse el mayor tiempo posible de las redes sociales, ya que esto ayuda a no sobrestimularse de malas noticias. «Las personas que pasan 24/7 en noticias llegan al estrés patológico y a niveles altos de ansiedad», alertó.
Entre otras recomendaciones están:
1. Hablarlo con personas que nos sepan escuchar, que sean de confianza.
2. No aislarse.
3. Hacer equilibrio en la vida laboral con la familiar, social y espiritual.
4. Pensar en la luz del túnel y no en la oscuridad del túnel.
5. Mantener un diálogo interno positivo.
6. No sobrestimularse con noticias negativas, hacer un balance. Estar conectados a las noticias, pero sin exageración.
7. Negar la situación no ayuda, es importante aceptar las nuevas realidades.
8. Meditación.
9. Hacer ejercicio.
10. Mantenerse con personas de buena energía.
11. Tener una alimentación saludable.
«Los medios de comunicación, las familias y quienes son los encargados de la formación de jóvenes, deben recordarles los momentos históricos de nuestro país y que esos momentos no han sido para siempre, y que tienen su momento de implosión pero también un colapso cuando los pueblos abren los ojos y hay una presión internacional. Es decir, un dictadura no sobrevive a lo largo del tiempo a una presión social. Con esto los jóvenes recobran la esperanza», reflexionó por su parte el psicólogo Roberto Ordóñez.