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Hace un poco más de una semana cumplí 67 años y siento que fue un gran obsequio haber recibido la noticia de lanzar la primera bola en el Preolímpico de la Florida en el duelo entre Nicaragua y Estados Unidos. A lo largo de mi carrera he tenido muchos momentos de emoción, de sentir que el corazón se me sale del pecho y esas imágenes como tal permanecerán en mi archivo hasta mi último suspiro. Ese 31 de mayo calentaré el brazo para sentir viejas sensaciones en el montículo y como lo dije en una entrevista: ahí no estará siendo solo Dennis Martínez, sino un representante del pueblo de Nicaragua que pide libertad y cambio.
En el archivo de mi memoria fuera del terreno de juego, tengo como el momento más emotivo cuando regresé a Nicaragua con 22 años después de haber debutado en las Grandes Ligas. Imagínense a un muchacho, flaco, alto y chirizo, contento de volver a casa y para mi sorpresa había una multitud de personas esperándome en el aeropuerto en Managua. Hubo mucha algarabía y se hizo una caravana hasta Granada, que era mi destino final. El impacto de ese homenaje inesperado aún está fresco.
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Cuando doña Violeta Barrios era presidenta de Nicaragua me realizó un homenaje por haber lanzado el juego perfecto. En ese evento la fanaticada nicaragüense se desbordó. Todavía escuchó los estruendos de la gente coreando mi nombre y gritando a todo pulmón. Ese fue un estallido liberador, aún estaban recientes las cicatrices de la guerra. Para ese evento fui con mi esposa e hijos. Es hasta la fecha y mi familia me lo recuerda. Todos quedamos impactados.
En 2017 con la inauguración del Estadio Nacional Dennis Martínez el corazón se me hizo pequeño en la segunda ceremonia. Esa está en la tercera posición. Literalmente lloré al ver a la fanaticada ovacionándome, mientras veían en la pantalla el último out del juego perfecto. Y no sé por qué sentía que mi conexión con los nicaragüenses había fallado, sin embargo en esa escena demostraron tenerme un aprecio impagable. Por eso es que consideré no callar ante tantas injusticias al pueblo nicaragüense en los últimos tres años. Soy una persona que me debo a Dios, a mi familia y a mi patria.
Y para completar la lista está haber lanzado la primera bola en el sexto juego de la Serie Mundial de 2016 en Cleveland y cuando fui nombrado mánager de las Futuras Promesas en 2019 en esa misma ciudad. Sentí el agradecimiento de la fanaticada a pesar del paso del tiempo.
Cada vez que subo al montículo trato de dar lo mejor de mí. Ese lanzamiento que haré el 31 de mayo irá con todas mis fuerzas porque será en honor a los presos políticos, a los mártires de abril, a las madres que lloran a sus hijos, a los jóvenes que ven su futuro oscuro, en general al pueblo nicaragüense clamando justicia, libertad y pidiendo un cambio.
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