Yo no sé cómo se siente ser asediado, mucho menos llevado a la fuerza, golpeado e irrespetado por individuos sin ética ni moral. Tampoco conozco la humillación de tener que desnudarme, ser manoseado y amenazado. Los que sí conocen ese sentimiento son quienes se pronuncian día tras días en contra la dictadura. Ellos han tenido que soportar los abusos del régimen quienes envían a paramilitares y agentes policiales a las viviendas de opositores, apostándose frente a ellos —bajo sol o lluvia— impidiendo su libre circulación.
Pero no dejo de sentir rabia al ver como esos individuos, en representación del Estado, han instalado el miedo y peligro sobre toda Nicaragua. Es como si estuvieran viviendo en guerra…
Así que no me sorprende las palabras del comisionado de Estelí, Alejandro Ruiz, al decirle —me imagino— de manera prepotente a Francys Valdivia que estaban en tiempos de guerra y que en tiempos de guerra se podía esperar cualquier cosa.
Y como dice Cantinflas, ¡ahí está el detalle! El Frente Sandinista siempre ha vivido en guerra; es lo que sabe. Su mentalidad de guerrilla nunca avanzó del 79 y los años ochenta. La militancia jamás progresó a pesar de que sus dirigentes si, volviéndose capitalistas de izquierda mientras sigan con su adoctrinamiento para así poder continuar en el poder en el segundo país más pobre de las Américas. ¡Qué ganas de vivir así!
Pero es la única forma de mantenerse en el poder —la guerra y la muerte—. Los militantes más fieles siguen con aquella frase de “patria libre o morir” mientras el resto del pueblo quiere vivir en un país donde Ortega ya no esté al mando. Por otro lado, es la única manera de poder mantener su sed de dominio, los puestos y salarios que han logrado obtener y, en cuanto a los más altos rangos, los millones que le han robado al pueblo.
Los sandinistas solo en guerra viven —no conocen la paz—. La versión que ellos usan tiene otro significado con un asterisco a continuación…
Paz a nuestra manera y a punto de balas.
Quienes llegaron a apoyar al sandinismo, pero perdieron tanto que decidieron dejarlo atrás, deben de sentir un pesar sobre aquellos que hoy salen a hacer el ridículo en las calles e iglesias, reventando chimbombas y gritando a feligreses. Deben de sentir vergüenza por ver cómo hay personas sentadas frente una computadora en alguna oficina de Telcor, navegando las páginas de los Azul y Blanco, dándole “me entretiene” y publicando comentarios mal redactados con el propósito de “trolear” y generar enojo y división. Y deben de sentir furia sobre quienes atacan y matan en nombre de una pareja que traicionó cualquier principio de un movimiento que dejó de ser “del pueblo” hace mucho tiempo.
Los sandinistas solo en guerra viven porque saben que “los puchos” son mucho más.
Las acciones en contra de no solo las Madres de Abril, pero también sobre todos los opositores, son inhumanas, pero ¿qué podemos esperar cuando estamos hablando de seres sin humanismo y quienes solo viven en conflicto?
Me viene a la mente las palabras certeras del expresidente Enrique Bolaños: “El sandinismo es lo único que saben: el capricho, el garrote, la sangre, el asalto, las turbas, el incendio, la asonada. Qué triste, deberían civilizarse algún día”. Le faltó decir “la guerra”.
El autor es maestro y escritor