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Aunque el Gobierno ha cantado victoria por el reducido impacto que la pandemia ha tenido en la economía de Nicaragua, cuya tasa de contracción se ubica como una de las más bajas de Centroamérica, y basa su supuesto logro en su estrategia de no aplicar duros confinamientos como sus pares en la región, un análisis del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) revela que en el istmo, debido a la crisis sanitaria, el PIB nicaragüense ha retrocedido seis años, el deterioro más profundo con respecto a los demás.
El Informe Mensual de Coyuntura Económica correspondiente a abril, pero divulgado por el BCIE en mayo, muestra que después de Nicaragua, El Salvador —que ha desplegado sendos paquetes de ayuda a su población para mitigar los efectos de la crisis sanitaria en la economía—, se ubica en el segundo peldaño de los que más han retrocedido, mientras que al otro lado de la acera se ubica Guatemala, con menos deterioro en la región.

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El análisis se basa en la estimación del Producto Interno Bruto del 2020 con relación a antes de la pandemia. Al respecto, cabe mencionar que en el PIB de Nicaragua, detrás de esos seis años de retroceso, está el efecto de dos años de recesión que ya se acumulaban desde el 2018 y 2019 como consecuencia de los efectos del estallido social y político en abril del 2018.
En lo que sí es optimista es en la recuperación. Según el reporte del BCIE la mayoría de las economías, incluida la nicaragüense, podrían retornar a los niveles precrisis sanitaria en tres años, es decir hasta el 2023 respecto a 2019. En ese año, es decir previo a la crisis, el PIB de Nicaragua ya arrastraba una caída de 3.7 por ciento en el 2019 y 3.4 por ciento en el 2018, según datos revisados por el Banco Central de Nicaragua.
El BCIE destaca en el reporte —en que utiliza cifras de organismos financieros internacionales para su análisis—, que a Guatemala solo le tomará un año volver a los niveles de crecimiento prepandemia y a Costa Rica serían dos años, es decir estas serían las dos economías mejor preparadas para la recuperación.
Periodo de recuperación puede ser mayor
A criterio del economista y exgerente país por Nicaragua ante el BCIE, Róger Arteaga, «si el retroceso de Nicaragua es de seis años, de los cuales los primeros tres fueron normales y los últimos tres de crisis, eso puede llevar a la conclusión de que al menos le tomará a Nicaragua nueve años volver a recuperar el estado de hace seis años». Agregó que «en las condiciones que se percibe el futuro del país podrían ser más, si (Daniel) Ortega continúa en el poder».
La permanencia de Ortega en el poder ha generado profunda incertidumbre no solo por parte del sector empresarial nacional sino también de los inversionistas internacionales, lo que se ha visto reflejado en las expectativas de inversión a futuro, que el propio Gobierno ha hecho. El Programa Económico y Financiero del Gobierno de Nicaragua muestra que este no tiene capacidad para reactivar la llegada de inversión extranjera en el quinquenio 2020-2024.
Según los datos que presenta el Gobierno y que están disponibles en el sitio web del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, entre el 2020 y el 2024 se va a captar 1,006.3 millones de dólares, lo que no superará ni siquiera lo que se recibió en un solo año, en el 2017, cuando el saldo ascendió a 1,035.4 millones de dólares.
El sector privado ha demandado al Gobierno que se devuelva a Nicaragua la certidumbre política mediante reformas electorales que garanticen elecciones justas y transparentes. Eso permitiría una transición pacífica hacia la democracia, pero el régimen de Ortega se ha negado a virar hacia esa dirección, no obstante ha ordenado crear las condiciones que Estados Unidos alerta de un fraude en las elecciones de noviembre próximo, que profundizaría la incertidumbre.
De hecho, el economista Luis Núñez Salmerón cree que la referencia que el BCIE estaría usando para establecer el retroceso en seis años es el 2017, la última vez que la economía creció, lo que efectivamente explicaría el profundo retroceso y efectivamente advierte que la recuperación puede ser más lenta de lo que plantea el organismo financiero regional.
«Aquí el principal problema que puede retrasar todavía más la recuperación económica es la crisis política y social, estamos en un año difícil. Por ejemplo, el Gobierno acaba de aprobar reformas electorales y eligieron a magistrados del Consejo Supremo Electoral, todos afines del partido sandinista, eso no envía una señal positiva a la inversión nacional e internacional, todo esto le mete tensión a la economía y afecta cualquier previsión de recuperación», advirtió.
La medida económica más importante que se tiene que hacer es garantizar un proceso electoral limpio, justo, transparente y observado, recuerda Núñez. «Aquí la inversión extranjera está prácticamente en cero, las inversiones que hay ahorita son algunas que ya estaban programadas y que se están ejecutando, sin embargo, inversión nueva y fresca no está entrando al país», anotó.
¿Por qué urge acelerar la recuperación?
Cuando en un país el PIB no crece, se incrementa el desempleo y por ende la pobreza. Por ahora la economía está siendo sostenida por algunos productos de exportación, como el oro en bruto, así como la pesca y la agricultura, no así la industria la que está afectada, al igual que el resto de actividades económicas, por el impacto de la reforma fiscal de 2019. De ahí la importancia de acelerar la recuperación, lo que permitiría a su vez mejorar el estado de bienestar de las familias.
Núñez menciona que los salarios han permanecido estancados en los últimos tres años de recesión. Recuerda que menor crecimiento se traduce en menor capacidad de poder adquisitivo en la población y todos estos factores pasan por una solución política, porque no es con solo la militancia del partido de Gobierno que se sacará adelante la actividad comercial de Nicaragua.
El economista aclaró que mientras no haya garantía para elecciones la economía no se va a levantar. Recordó que en Nicaragua hay muchas restricciones en cuanto a cooperación internacional y que hay organismos no gubernamentales que los han cerrado por las políticas del país y entonces se dejó de beneficiar a la población.
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Para el economista Marco Aurelio Peña, en Nicaragua no se puede tener certeza de cuánto tardará el proceso de recuperación de la economía porque existe incertidumbre política, a diferencia de la visión que puedan tener otros países.
«Si hay un cambio de Gobierno, eso provocará un cambio en las expectativas de los agentes económicos y una respuesta de la comunidad internacional que se presume va a ser positiva, porque eso suele pasar cuando hay un proceso de transición a la democracia y un Gobierno con funcionarios sancionados, entonces luego viene una respuesta optimista de parte de todo el mundo, sin embargo si queda el mismo Gobierno lo que sucederá es que la comunidad internacional continúe con las sanciones», advirtió.
El economista no concibe que la economía del país avance con un Gobierno que no respeta la propiedad privada, que permite que tomatierras invadan. «¿Cómo va a caminar bien la economía cuando un Gobierno te cierra negocios, te invade, ha aumentado el nivel de burocracia para la apertura de un negocio, te han aumentado los impuestos con la reforma tributaria y te hicieron una reforma a la seguridad social que le quita flujos de caja a las empresas?», cuestionó.
Es cierto, dice el economista, que entre el 2007 y 2017 se logró un crecimiento económico bajo lo que parecía una dictadura en proceso de construcción, pero eso ha tenido un alto costo económico, lamenta. «Ese crecimiento lo pagamos caro con la destrucción de las instituciones democráticas, con instituciones políticas y jurídicas y con el marco normativo institucional, eso desde el punto de vista de la escuela del institucionalismo económico eso era una bomba de tiempo, porque la sociedad se rige por acuerdos y para haber acuerdos debe haber buena fe», señaló. A criterio de este analista, lo más importante para acercarse a las sendas de crecimiento sigue siendo la democracia.
Otro tropiezo para la recuperación
Para Peña, no solo la crisis política supone una piedra de tropiezo para la recuperación que vaticina el BCIE, sino también la misma reforma a la Ley de Concertación Tributaria (Ley 822), mediante la cual se adoptaron medidas que desincentivan la producción nacional. «Una crisis de inseguridad, desconfianza e incertidumbre no ayudaría a que Nicaragua pueda recuperarse fácilmente de esos seis años de atraso. En mi escenario yo no veo ganar legítimamente estas elecciones al partido de gobierno, porque si lo hace será de manera fraudulenta y la crisis continuaría así como está Venezuela, donde hay desabastecimiento de alimento e hiperinflación», adelantó.
En el país, por ahora las remesas siguen jugando un papel fundamental en evitar que el Producto Interno Bruto se desplome con más fuerza, especialmente durante la pandemia y las perspectivas apuntan a que el 2021 será igual. En el primer trimestre de este año, los nicaragüenses recibieron en concepto de remesas familiares 500.4 millones de dólares un 17.9 por ciento más que en el mismo período de 2020, cuando sumaron 424.5 millones de dólares, según el Banco Central de Nicaragua (BCN).
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