Nicaragua el país que más ha retrocedido a raíz de la pandemia, dice el BCIE.Foto por Jader Flores/LA PRENSA

Cómo la permanencia de Ortega en el poder dificultaría la recuperación de seis años de retrocesos económicos que estima el BCIE

Especialistas explican por qué la economía de Nicaragua no se podrá recuperar de seis años de retroceso que estima el BCIE en el plazo estimado por este organismo. La clave está en las decisiones que tome Daniel Ortega en el 2021. Esta es la explicación.

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Aunque el Gobierno ha cantado victoria por el reducido impacto que la pandemia ha tenido en la economía de Nicaragua, cuya tasa de contracción se ubica como una de las más bajas de Centroamérica, y  basa su supuesto logro en su estrategia de no aplicar duros confinamientos como sus pares en la región, un análisis del  Banco Centroamericano de Integración  Económica (BCIE) revela que en el istmo, debido a la crisis sanitaria, el PIB nicaragüense ha retrocedido seis años, el deterioro más profundo con respecto a los demás.

El Informe Mensual de Coyuntura Económica correspondiente a abril, pero divulgado por el BCIE en mayo, muestra que después de Nicaragua, El Salvador —que ha desplegado sendos paquetes de ayuda a su población para mitigar los efectos de la crisis sanitaria en la economía—, se ubica en el segundo peldaño de los que más han retrocedido,  mientras que  al otro lado de la acera se ubica Guatemala, con menos deterioro en la región.

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El análisis se basa en la estimación del Producto Interno Bruto del 2020 con relación a antes de la pandemia. Al respecto, cabe mencionar que en el PIB de Nicaragua, detrás de esos seis años de retroceso, está el efecto de dos años de recesión que ya se acumulaban desde el 2018 y 2019 como consecuencia de los efectos del estallido social y político en abril del 2018.

En lo que sí es optimista es en la recuperación. Según el reporte del BCIE  la mayoría de las economías, incluida la nicaragüense, podrían retornar a los niveles precrisis sanitaria en tres años, es decir hasta el  2023 respecto a 2019.  En ese año, es decir previo a la crisis, el PIB de Nicaragua ya arrastraba una caída de 3.7 por ciento en el 2019 y 3.4 por ciento en el 2018, según datos revisados por el Banco Central de Nicaragua.

El BCIE destaca en el reporte —en que utiliza cifras de organismos financieros internacionales para su análisis—,  que a Guatemala  solo  le tomará un  año  volver a los niveles de crecimiento  prepandemia y  a Costa Rica  serían dos años, es decir estas serían las dos economías mejor preparadas para la recuperación.

Periodo de recuperación puede ser mayor

A criterio del  economista  y exgerente país por  Nicaragua ante el BCIE,  Róger Arteaga, «si el retroceso de Nicaragua es de seis años, de los cuales los primeros tres fueron normales y los últimos tres de crisis, eso puede llevar a la conclusión de que al menos le tomará a Nicaragua nueve años volver a recuperar el estado de hace seis años».  Agregó que «en las condiciones que se percibe el futuro del país podrían ser más, si (Daniel) Ortega continúa en el poder».

La permanencia de Ortega en el poder ha generado profunda incertidumbre no solo por parte del sector empresarial nacional sino también de los inversionistas internacionales, lo que se ha visto reflejado en las expectativas de inversión a futuro, que el propio Gobierno ha hecho. El Programa Económico y Financiero del Gobierno de Nicaragua muestra que este no tiene capacidad para reactivar la llegada de inversión extranjera en el quinquenio 2020-2024.

Según los datos que presenta el Gobierno y que están disponibles en el sitio web del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, entre el 2020 y el 2024 se va a captar 1,006.3 millones de dólares, lo que no superará ni siquiera lo que se recibió en un solo año, en el 2017, cuando el saldo ascendió a 1,035.4 millones de dólares.

El sector privado ha demandado al Gobierno que se devuelva a Nicaragua la certidumbre política mediante reformas electorales que garanticen elecciones justas y transparentes. Eso permitiría una transición pacífica hacia la democracia, pero el régimen de Ortega se ha negado a virar hacia esa dirección, no obstante ha ordenado crear las condiciones que Estados Unidos alerta de un fraude en las elecciones de noviembre próximo, que profundizaría la incertidumbre.

De hecho, el economista Luis Núñez Salmerón cree que la referencia que el BCIE estaría usando para establecer el retroceso en seis años es el 2017, la última vez que la economía creció, lo que efectivamente explicaría el profundo retroceso y efectivamente advierte que la recuperación puede ser más lenta de lo que plantea el organismo financiero regional.

«Aquí  el principal  problema que puede retrasar  todavía más la recuperación  económica es la crisis política y social, estamos en un  año difícil. Por ejemplo, el  Gobierno acaba de aprobar reformas electorales y eligieron a magistrados del  Consejo Supremo Electoral,  todos afines del partido  sandinista, eso no envía una señal   positiva a la inversión  nacional e internacional, todo  esto le mete tensión a la    economía y afecta cualquier previsión de recuperación», advirtió.

La  medida  económica más  importante que se tiene que hacer es  garantizar un  proceso  electoral  limpio,  justo, transparente y  observado, recuerda Núñez.  «Aquí  la inversión extranjera está prácticamente en  cero, las inversiones  que hay ahorita son  algunas que ya estaban programadas y que se están ejecutando,  sin embargo,  inversión  nueva y  fresca no está entrando  al país», anotó.

¿Por qué urge acelerar la recuperación?

Cuando  en un país el PIB no crece, se incrementa el desempleo y por ende la pobreza. Por ahora la economía está siendo sostenida por algunos productos de exportación, como el oro en bruto, así como la pesca y la agricultura, no así la industria la que está afectada, al igual que el resto de actividades económicas, por el impacto de la reforma fiscal de 2019.  De ahí la importancia de acelerar la recuperación, lo que permitiría a su vez mejorar el estado de bienestar de las familias.

Núñez menciona que  los salarios han permanecido estancados en los últimos tres años de recesión. Recuerda que menor crecimiento se traduce en menor capacidad de poder adquisitivo en la población y todos estos factores  pasan  por una solución  política, porque no es con  solo  la militancia del partido de Gobierno que se sacará adelante la actividad comercial de Nicaragua.

El  economista  aclaró  que mientras no  haya garantía para elecciones la  economía no se va a levantar.  Recordó que en  Nicaragua   hay muchas restricciones en cuanto a cooperación internacional  y  que hay  organismos no gubernamentales que los han  cerrado por las políticas del país y  entonces se  dejó de  beneficiar a la población.

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Para el  economista Marco Aurelio Peña, en Nicaragua no se puede tener certeza de cuánto tardará el proceso de recuperación de la economía porque existe incertidumbre política, a diferencia de la visión que puedan  tener otros países.

«Si  hay  un  cambio de Gobierno, eso  provocará un  cambio en las  expectativas  de los agentes económicos y una  respuesta de la  comunidad  internacional  que se  presume   va a ser positiva,  porque eso suele  pasar cuando  hay  un  proceso de  transición a la  democracia  y un  Gobierno con  funcionarios   sancionados,  entonces luego  viene una respuesta optimista de parte de todo  el mundo, sin  embargo si queda el mismo  Gobierno  lo que sucederá es que  la  comunidad internacional  continúe con  las  sanciones», advirtió.

El  economista  no concibe que la economía del país avance con  un Gobierno  que no respeta la propiedad privada, que permite que tomatierras  invadan. «¿Cómo  va a caminar bien la economía  cuando un Gobierno  te cierra negocios, te invade, ha aumentado  el   nivel de burocracia para  la apertura de un  negocio,  te han  aumentado los impuestos con  la reforma tributaria  y te hicieron  una reforma a la seguridad social que le quita flujos de caja a las  empresas?»,  cuestionó.

Es cierto, dice el economista, que entre el 2007 y 2017 se logró un crecimiento económico bajo lo que parecía una dictadura en proceso de construcción, pero eso ha tenido un alto costo económico, lamenta. «Ese crecimiento lo  pagamos caro  con  la destrucción de las  instituciones democráticas,  con  instituciones   políticas y jurídicas y  con el marco normativo  institucional, eso desde el punto de vista  de la  escuela del institucionalismo económico  eso era una bomba de tiempo,   porque la sociedad se rige por acuerdos y  para haber  acuerdos debe haber buena fe», señaló. A criterio de este  analista, lo más importante para acercarse a las sendas de crecimiento sigue siendo  la democracia.

Otro tropiezo para la recuperación

Para Peña, no solo la crisis política supone una piedra de tropiezo para la recuperación que vaticina el BCIE, sino también la misma reforma a la Ley de Concertación Tributaria (Ley 822), mediante la cual se adoptaron medidas que desincentivan la producción nacional.  «Una crisis de  inseguridad,  desconfianza e incertidumbre no ayudaría a  que Nicaragua pueda recuperarse fácilmente de  esos seis años de  atraso. En mi escenario yo no veo ganar legítimamente estas elecciones al partido  de gobierno, porque si  lo hace será de manera fraudulenta y  la crisis  continuaría  así  como  está Venezuela, donde hay desabastecimiento de alimento  e  hiperinflación», adelantó.

En el  país, por ahora las remesas siguen jugando un papel fundamental en evitar que el Producto Interno Bruto se desplome con más fuerza, especialmente durante la pandemia y las perspectivas apuntan a que el 2021 será igual. En el primer trimestre de este año, los nicaragüenses recibieron en concepto de remesas familiares 500.4 millones de dólares un 17.9  por ciento más que en el mismo período de 2020, cuando sumaron 424.5 millones de dólares, según el Banco Central de Nicaragua (BCN).

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