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Bulldozer
Un bulldozer no entiende de razones. Mientras se le apriete el acelerador avanzará a menos que ocurra alguna de estas tres condiciones: se le acabe el combustible, se dañe o falte alguna de sus partes o se encuentre con un obstáculo más fuerte que su embestida. Con el fin del financiamiento venezolano y las sanciones internacionales, este bulldozer que es el Frente Sandinista, se está quedando sin combustible. Pero también, un desatornillador bien usado en el lugar preciso, puede para esa mole que parece invencible. Las elecciones deberían ser el desatornillador que, de buenas maneras, lo deje inservible. Ya sea porque se hagan o porque no se hagan. Y si las dos anteriores no lo lograran, debería estar frente a él un muro tan grande y tan fuerte que no le permita avanzar más en sus tropelías.
Perspectivas
Es un asunto de perspectivas. Mientras los partidos políticos tradicionales quieren ver a la ley electoral, por ejemplo, como el conjunto de reglas para la disputa del poder en condiciones más o menos equitativas, Daniel Ortega la ve como el mecanismo para asegurarse que él y su partido siempre sacarán lo quieran de ella. En correspondencia, si hace reformas, serán cambios para garantizarse mayor control, y si va a cambiar árbitros buscará guardianes que le den mayores garantías a sus propósitos. Mi consejo: si quieren de verdad enfrentar a Ortega, aprendamos a ver las cosas como él las ve para no sorprendernos con lo que hace, que, por demás, es demasiado predecible.
Amaestrados
Su celo solo expone su vulnerabilidad. Miren cómo no quiere dejar ni un hilo suelto. Se recetó diez de diez magistrados posibles en la reciente elección. No confía ni en los políticos zancudos. Los trata como monos amaestrados y los pone a hacer piruetas para exhibirlos. Esta vez los hizo proponer a tres de sus leales como si fueran de sus partidos. Y anuncia el acto de (retorcida) democracia mientras pide aplausos para ellos. Lo bueno de todo esto es que va separando la broza del grano bueno.
Tragicomedia
Lo tragicómico de la actual situación política de Nicaragua es que mientras Daniel Ortega está claro, muy claro, de lo que quiere, la oposición, por un contrasentido que me cuesta entender, quiere lo mismo que Daniel Ortega quiere. No veo a la oposición en oposición. Para ver este extraño fenómeno, no crea en lo que dicen, crea en lo que hacen. Fíjese cómo quienes más virulentos discursos antidictadura y prodemocracia gritan, son los que más mansamente caminan hacia donde Ortega los quiere tener. Para muestra un botón: todo indica que las elecciones se harán como más le conviene a Ortega: con sus reglas, sin posibilidades que nadie le dispute nada y con la oposición dividida.
Elecciones
Las elecciones como yo las veo, deberían ser para la oposición parte de una estrategia para salir de Daniel Ortega. No pueden ser el fin, porque de ser así se estaría repitiendo otra vez el ciclo que condujo y mantiene una dictadura en Nicaragua desde hace 14 años. O sea, ir a elecciones a como sea porque hay que dar la batalla, esperar “la montaña de votos”, reclamar luego que hubo fraude y agarrar los curules o alcaldías asignadas porque hay que dar la lucha desde adentro y, ¿cómo es la cosa?, “en política no se deben dejar espacios vacíos” es una película repetida que solo tiene el final que ya conocemos. Y Daniel Ortega se ríe.
Cheque en blanco
Las elecciones no deben ser un cheque en blanco. Demasiado hay en juego y demasiada sangre y dolor ha costado como para que ahora la gran prioridad nacional sean las casillas de los partidos políticos o las curules que puedan conseguir, como algunos veladamente dan a entender. O hay elecciones libres, o no las hay. Y cualquiera de los dos escenarios solo funcionan contra Ortega si hay unidad entre quienes se le oponen.
Unidad
El régimen no embestiría tan impunemente si frente a él tuviese una oposición unida. La unidad es el muro que puede detener al bulldozer. Así que algo de responsabilidad tienen aquellos que han saboteado la unidad en las tropelías que el régimen ha cometido, incluyendo la ristra de leyes represivas que ha instalado para atornillar su dictadura. Todos contra Ortega, separados, son más débiles que todos unidos, porque en esto, ya se sabe, el conjunto es más fuerte que la suma de todas sus partes.
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