Los Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con relación a los esfuerzos de vacunación para el Covid-19, se encuentran divididos en dos grupos: Uno formado por las 98 naciones más ricas, que financian suministros de vacunas subvencionados o gratuitos para el otro grupo, que es el formado por los 92 países más pobres. Conforme las naciones más ricas avanzan en sus esfuerzos apresurados para inocular sus poblaciones contra el Covid-19, los países más pobres lastimosamente se han quedado rezagados.
Habiéndose previsto que algo así ocurriría, la mayor campaña de vacunación de la historia inevitablemente requeriría de un plan mundial de distribución de vacunas que permitiera garantizar un acceso rápido y equitativo a las vacunas para todos los países, independientemente de sus ingresos. Fue así como a mediados de 2020 más de 165 países se unieron para formar una alianza llamada Covid-19 Vaccine Global Access (Covax); una iniciativa que estaría dedicada a proporcionar vacunas a países que carecen de la influencia para negociar por escasos suministros por su cuenta y cuyo objetivo es vacunar al menos al 20 % de la población de los 92 países beneficiarios a finales de 2021; de esa forma contribuyendo a inmunizar al mundo contra el Covid-19.
Covax forma parte del Acelerador de Herramientas de Acceso a Covid-19 (ACT), un marco de colaboración global que surge como respuesta a una convocatoria hecha por los líderes del G20 al inicio de la pandemia y que cuenta con tres pilares a destacar: diagnóstico, terapias y vacunas. Por su parte, Covax es el pilar de las vacunas y consiste en una colaboración entre Unicef (el mayor comprador único de vacunas del mundo, quien además cuenta ya con cadenas de suministro y conocimientos especializados para coordinar la adquisición y el suministro de vacunas) y tres organismos asociados: La Alianza de Vacunas (GAVI), la Coalición para las Innovaciones de Preparación para Epidemias (CEPI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
A la fecha, Covax es la única iniciativa mundial que se encuentra activamente trabajando con los gobiernos y los fabricantes a fin de garantizar que las vacunas Covid-19 estén disponibles en todo el mundo —tanto para las naciones ricas como para los países pobres—; utilizando las compras de las naciones más ricas para financiar el suministro de vacunas a los países más pobres y de ingresos medios. Su meta es garantizar que 92 países de ingresos medios y bajos que no pueden cubrir el costo de las vacunas Covid-19 tengan acceso a ellas al mismo tiempo que los países de ingresos más altos y autofinanciados. Para lograr su propósito, pretende adquirir y lograr distribuir 2,000 millones de dosis de vacunas Covid-19 en casi 200 países antes de finalizar 2021. Se espera que lograrlo posibilitaría a los participantes financiados la protección de las personas de alto riesgo y vulnerables, y de los trabajadores de la salud de primera línea; así como suficientes dosis de vacuna Covid-19 para inocular hasta el 20 % de su población a largo plazo.
Lastimosamente, los países más pobres se han quedado rezagados, pues los esfuerzos del Covax no logran moverse a la velocidad necesaria; más aún en un mercado donde las naciones más ricas están acaparando las vacunas para uso interno; creando una inmensa inequidad de distribución. A esta fecha, existen aún países que todavía no reciben siquiera su primer suministro de vacunas. Cabe mencionar que Covax solo envía vacunas autorizadas por la OMS, y la escasez de vacunas tiene a los países cada vez más impacientes. Sin embargo, los involucrados con Covax —incluyendo los gobiernos, sector privado, filantropía y entidades multilaterales que aseguran los objetivos de financiación y subvención— no deben de desanimarse ni desesperarse; pues sin una iniciativa global como Covax, es casi inevitable que una gran mayoría de personas en el mundo queden desprotegidas contra el Covid-19 y que el virus prolongue su mortal impacto.
Entre los más de 30 países y territorios del continente americano a ser beneficiados por Covax, se encuentra Nicaragua; país que ha manifestado haber ya recibido 200 mil dosis donadas por India y 135 mil dosis a través del Covax (de un total de 432 mil dosis para 2021), con lo cual ha iniciado una extensiva jornada de vacunación a lo largo y ancho del país. Sin embargo, tanto Nicaragua como sus vecinos en el continente están ya al tanto de la escasez de vacunas. India, por ejemplo, tomó la decisión de dejar de exportar vacunas de la fábrica donde produce la vasta mayoría de las dosis de AstraZeneca con las que Covax contaba para suministrar alrededor de un tercio de la población mundial. Los retrasos ocasionados por la escasez y demoras en el aseguramiento de las segundas dosis de las vacunas pueden llegar a erosionar la fe en los gobiernos que se mostraban particularmente eficientes en sus programas de vacunación. Entre posibles soluciones para abordar la escasez y la creciente demanda se encuentra la posibilidad de acelerar la revisión de vacunas de China y Rusia. Estos son puntos que deben de abordarse con extrema cautela, pues algunas vacunas de fabricación china carecen de datos publicados, incluyendo los relacionados a los riesgos de efectos adversos graves o a la posible necesidad de una tercera dosis para proteger adecuadamente. Bastante preocupación ha creado ya el anuncio de un posible vínculo entre raros coágulos sanguíneos y las vacunas de AstraZeneca y de Johnson & Johnson; tanto así que en algunos lugares se han pausado las vacunaciones con dichas marcas.
La celeridad con que se ha creado la vacuna ha llenado de esperanza a la inmensa mayoría, pero a la vez ha creado nerviosismo en torno a su seguridad como a su eficacia; más aun sabiendo que los fabricantes han transferido su responsabilidad a la mayoría de los estados compradores debido al cortísimo tiempo de respuesta dado al desarrollo de los productos. Por ende, todos los involucrados tienen y deben mantener especial interés y cuidado en detectar, comunicar y analizar cualquier efecto adverso o anomalía relacionados a las vacunas, pues de no hacerlo se socavaría la confianza en todas las vacunas que estén en uso y en los programas de vacunación que avanzan en todo el planeta. Ese sería un mal mayor, pues cada día adicional que el virus esté en circulación por retrasos en los esfuerzos de acceso equitativo, oportuno y global a la vacunación es una oportunidad para mutar en una variante más mortal.
El autor es abogado y notario público.