Si el Covid no nos une, nada lo hará

Independientemente de cómo llegó a nuestras fronteras el Covid-19, la triste realidad es que aparentemente llegó para quedarse. Países con mayor tecnología no han podido erradicarlo y a la fecha se contabilizan más de un millón de fallecidos y una cantidad veinte veces mayor de infectados. En mis años de vida no recuerdo haber escuchado o presenciado una pandemia igual, pues enfermedades como el ébola, gracias a Dios no han logrado cruzar los mares y se han circunscrito a los territorios africanos. Independientemente que no coincidan los números que nos ofrece el gobierno y un grupo de doctores independientes, la verdad es que esta pandemia está infectándonos y matándonos. En mi familia se han infectado más de una docena y uno con resultado fatal, también sé de amigos que han fallecido después de haber adquirido dicho virus.

Es una pandemia que no discrimina, lo mismo ataca a blancos, morenos, católicos, protestantes, opositores, gobiernistas, ricos o pobres. Por lo que solo unidos podremos enfrentarla y erradicarla, la forma de prevenirla es de todos conocida, pues no hay un solo país o medio de comunicación en el mundo que no se haya ocupado de dar a conocer la forma de protegernos. Por ello me preocupa sobremanera que existan personas que jueguen con sus vidas y las vidas de sus familias, todavía no salgo de mi asombro, cuando vi las fotos llenas de veraneantes en los balnearios del país en la pasada Semana Santa, lo que provocó que varias asociaciones médicas nos alertaran sobre un posible rebrote.

Dentro de pocos días los nicaragüenses volveremos a tener otro feriado nacional de por lo menos cuatro días y lo más seguro es que debido al calor que está azotándonos actualmente, una buena cantidad busquen como refrescarse en los diferentes balnearios, lo que supondrá otra posibilidad de contagio, quiera Dios que en esta ocasión seamos más precavidos, que cumplamos con el distanciamiento, además de cubrirnos la nariz y boca para evitar el contagio.

Después de este pequeño preámbulo, les confieso que la verdadera intención de este artículo es llamar la atención sobre la necesidad de hacer un alto en el camino y darnos cuenta que somos simples mortales y que lo único seguro que tenemos al nacer es la muerte. Lo que debería ser razón suficiente para que todos procuráramos el bien común como sociedad. Recientemente un amigo muy querido, adquirió el virus contra el cual luchó hasta donde pudo en su hogar, pero finalmente tuvo que ser hospitalizado, me refiero al diputado Maximino Rodríguez, conocido entre los contras como comandante Wilmer. La noticia además de sorprendernos nos entristeció y a través de amigos comunes nos hemos mantenido al tanto de su salud.

En una de las veces que pregunté cómo evolucionaba, la persona que me informó sobre su estado de salud, me dio la noticia que acababa de ser internado el señor Paul Oquist y su esposa, noticia que me hizo meditar, como dos personas tan diferentes se encontraban luchando por sus vidas en el mismo lugar, en ese momento pensé en la fragilidad de la vida y pedí a Dios por la vida de los tres. Desgraciadamente el señor Oquist y su esposa fallecieron y aunque nuestro hermano de lucha continúa batallando por su vida y gracias al Creador hoy en franca recuperación. No dejo de pensar en las cosas que nos dividen como sociedad y que nos hacen olvidar que somos de la muerte, que el legado más valioso que deberíamos heredarle a nuestros hijos es una sociedad mejor que la que encontramos, una sociedad en la que nuestros hijos puedan desarrollarse de acuerdo con sus facultades. Sin odios, procurándonos siempre el bien común. Por ello, con tristeza creo que si la lucha por erradicar el Covid no nos une, nada lo hará.

El autor es comentarista político.

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