Gobernar con cultura

En este siglo XXI, la civilización humana gobernada y gobernantes, incluyendo la nuestra, hagan de la cultura un gobierno de futuro, un ejercicio de voluntad de buena fe, para todo lo bueno añorado. Hay que apartarse del síndrome de la guerra, los conflictos, e instar a la anarquía, porque todos perderíamos. Esto nada sano conlleva, mejor se continúe restaurando los ideales culturales aún más. La cultura de las artes y su gobierno, no agoniza, siempre ven hacia el futuro. La cultura debe continuar fomentándose en todo, menos en la “cultura de la guerra, y/o anarquía cualesquiera que esta sea”. A la cultura, no se le puede arrebatar, la voluntad de gobernar.

La cultura es un vivo reflejo realístico de la sociedad, que la engendra y la nutre, amparada en el gobernante de turno, el que otorga los medios en la medida de sus posibilidades. En otros casos, lo niegan porque no les interesa. Ese es un inmenso error, porque se perderían en un marasmo de antivalores. Inclusive, las sociedades más avanzadas culturalmente, en parte son conflictivas, ahora la que se ve neutralizada o aminorada, en su desarrollo cultural, sería volver a las cavernas. Las civilizaciones gobernante, no deben poner de manifiesto un sello determinado a la libertad de la cultura, porque se peca de evitar su desarrollo voluntarioso.

En Nicaragua, la auténtica renovación moral, de la cultura de las artes, el mensaje debería seguir siendo, de armonía, equilibrio. Incluso, el quehacer político inveterado, es condición de condiciones actúen con cultura, eso quiere nuestra patria, que actúen como personas profesionales, ilustradas, que convenzan a toda una nación. Hay que esculpir esos sagrados cánones, de nuestra tradición política y cultural en todos los niveles, y que no se transformen en decibeles. Hay que seguir poseyéndose, de una peregrina renovación moral, cultural, y política, haciendo, fomentando, un gobierno de cultura del futuro.

Obviamente, nuestra cultura nacional debe continuar viendo al futuro, e incorporar notables ideas, para que se continúe consolidando los valores del futuro cultural de la sociedad, y su gobierno. Claro. Lo que permita la realidad, pero sin violencia, y alejado de la “cultura con armas”, eso añora nuestra patria, y, que los hacedores de política actúen con cultura, educación, sin odio, resentimientos, ni revanchismos, los que pretenden ese ímpetu, que se detengan por el bien de todos. Nuestro bardo universal Rubén Darío ilustra en la obra “Prosas Políticas”, en su prosa La Unión: “Las impaciencias han engendrado las vías de hecho; pero la guerra ha sido contraproducente, porque mal puede causar la unidad un medio doloroso y terrible que deja siempre odios y rencores tan difíciles de extinguir, desgracias de todas clases que no tan fácilmente se olvidan”. (Pág. 5 Colección Popular Dariana. Ediciones Culturales Eniec 1983). Para evitar esto la soberanía cultural tiene que seguir siendo reglamentada, y respetada, con la misma realidad que hace loable la vida social. La historia observa, y la patria.

En consecuencia, hay que comprender. Cultura no significa atiborrarse solo de conocimiento, es un estado de conciencia fehaciente, etapa de superación moral, profesional, educación, para marcar un rumbo, un hito en la historia. Ejemplo: Una noche sin estrellas, luna, luceros, sería que la ignorancia, es la noche de la mente, porque si sabes lo que tenemos que hacer, y no lo hacemos, entonces, estaríamos peor que antes.

Por tanto, la cultura y/o artes es como el silencio, que su único amigo jamás traiciona. Y si iniciamos un viaje de venganza, nuestra ira enrumbémosla hacia la cultura, a contrario sensu, cavemos dos tumbas.

El autor es abogado y notario público.

Opinión
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