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LA PRENSA/Jader Flores/Archivo

Unicef pide mantener las escuelas abiertas en medio de la pandemia, con estricto protocolo de bioseguridad

El Ministerio de la Salud y Ministerio de Educación presentaron un «plan especial de salud escolar», pero están pendientes de cumplir con un protocolo de bioseguridad ante el Covid-19

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), llamó a los gobiernos del mundo a no escatimar esfuerzos para que en la medida de lo posible las escuelas se mantengan abiertas en medio de la pandemia del Covid-19 – que ya registra una segunda oleada en varios países – y argumentó que el cierre de centros educativos solo ha «deteriorado» la capacidad de formación en los niños.

La organización señaló que el «precio» del cierre de las escuelas interrumpió – en los momentos más álgidos del virus en el 2020 – el aprendizaje de casi el 90 por ciento de estudiantes en todo el mundo, y  prevé que el número de niños y niñas que no van a la escuela aumente en 24 millones, «un nivel que no se había registrado en años y contra el que hemos luchado intensamente», dijo la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore

«La capacidad de los niños de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas básicas se ha deteriorado, y las habilidades que necesitan para salir adelante en la economía del siglo XXI han disminuido. Su salud, su desarrollo, su seguridad y su bienestar están en peligro. Los niños más vulnerables sufrirán las peores consecuencias», alertó Unicef.

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Argumentos

Esta situación, señala el organismo, también ha provocado que ante la ausencia de las comidas escolares muchos niños están sufriendo hambruna, a causa de la falta de interacción y movilidad los niños están perdiendo su forma física «y están mostrando síntomas de trastornos mentales». Asimismo, Unicef  agregó que al no disponer de la red de seguridad que suele brindarles la escuela, los niños están más expuestos al abuso, el matrimonio infantil y el trabajo infantil.

«Por estos motivos, cerrar las escuelas debe ser una medida de último recurso que solo podrá tenerse en cuenta tras haber considerado todas las opciones disponibles», insiste la ONG.

Para ello, señala que los gobiernos deben evaluar el riesgo de transmisión a nivel local, es decir, el comportamiento que va teniendo el virus. «Allá donde existan altos niveles de transmisión comunitaria, los sistemas de salud estén sobrecargados y el cierre de las escuelas sea inevitable, deberán establecerse medidas de salvaguardia».

«En caso de confinamiento, las escuelas deben ser de los primeros centros en reabrir cuando las autoridades comiencen a suprimir las restricciones. Las clases de recuperación deben tener prioridad con el fin de garantizar que los niños que no hayan podido estudiar a distancia no se queden rezagados», enfatizó.

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El gobierno de Nicaragua mantiene las clases en los colegios públicos, pese al riesgo de contagio. LA PRENSA/Archivo

Al respecto, Mary Guinn Delaney, asesora regional en Educación para la Salud y el Bienestar de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO) coincidió con que las clases presenciales se tomen a nivel local considerando las condiciones sanitarias actuales y a través de una colaboración constante entre autoridades de los sectores de salud y educación.

«Lo que tiene que primar es el interés superior del niño y niña, cuya salud es lo más importante.  Sin embargo, también tenemos evidencia importante que el cierre de las escuelas y la falta de clases presenciales tienen importantes consecuencias negativas para muchos de ellos en su desarrollo integral, incluyendo lo académico, lo socioemocional, y la salud mental y física», dijo la representante en una entrevista anterior con LA PRENSA.

Nicaragua nunca cerró escuelas

En Nicaragua la situación es diferente. El régimen de Daniel Ortega ni en los momentos más difíciles suspendió las clases, al contrario, los docentes fueron obligados a impartir clases sin ninguna medida de protección. El Mined apostó a la «normalidad» al mantener abiertas las escuelas públicas, pese a la deserción de estudiantes, y los pocos que llegaban no avanzaron con el calendario escolar.

Para el inicio del año lectivo 2021 el régimen de Nicaragua a través del Ministerio de la Salud y Ministerio de Educación presentaron el «plan especial de salud escolar», que si bien incluyen medidas como el uso obligatorio de mascarillas en docentes y estudiantes, distanciamiento físico y receso escalonado para evitar aglomeraciones, está por verse si este protocolo se cumple.

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En el 2020 el Minsa también empleó estas recomendaciones aduciendo que el lavado de manos y uso de tapabocas era prioridad, pero según docentes tres semanas después, los estudiantes dejaron de usar mascarillas, sumado a ello las limitaciones que presentaron los centros: problemas con el servicio de agua potable y escasez de jabón desinfectante.

«Aquí en el colegio con costo a veces había un pedazo de jabón para lavarse las manos y a veces quitan el agua y no avisan. El Mined no facilitó casi nada de útiles de limpieza. Solo una semana hubo presencia de un rollo de papel toalla y después nada», dijo una docente de un colegio público en Granada.

Para este año las autoridades educativas esperan la llegada de mas de 1.7 millones de estudiantes de diferentes modalidades. No obstante, los médicos advierten que las clases presenciales son un factor importante que propicia un aumento de contagios por Covid-19.

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