Finalizó este 2020 y el anhelo de tener a su hija de regreso en casa no se cumplió. Sin embargo, las esperanzas de Vilma Cruz, madre de la última mujer transgénero, Celia Cruz, que sigue encarcelada por la dictadura Ortega-Murillo desde hace más de ocho meses, siguen vivas y confía en que pronto se hará justicia.
«Después de la apelación que hizo su abogado defensor en octubre (2020), hubieron medidas cautelares para 41 presos políticos, incluida mi hija. Desde entonces estoy esperando su libertad», manifestó Cruz.
El pasado 2 de noviembre de 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares de protección a favor de 41 personas privadas de libertad por causas políticas, porque se encontraban en una situación de gravedad y urgencia de riesgo de daño irreparable a sus derechos.
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«Se decía que iban a haber indultos en las última semana de diciembre, también como en la pasada, estuve pendiente y nada. Esperé 30, 31, pensando que tal vez el Gobierno se pondría la mano en el corazón y haría liberaciones, pero nada», lamentó la mamá de la rea política Celia Cruz, de 33 años, quien tiene por nombre de pila Amílcar Cerda Cruz.
El engaño a Celia
La detención de Celia Cruz se dio el pasado martes 21 de abril de 2020, un día después que la Policía Orteguista encarceló a un grupo de personas, en la Isla de Ometepe, por conmemorar el segundo aniversario de la rebelión de abril.
La mujer trans fue grabada junto a un grupo de habitantes de la comunidad de Esquipulas, Moyogalpa, en la isla, mientras increpaba a un oficial de la Policía Orteguista, a quien doña Vilma identifica como Noel Reyes. Minutos antes, el uniformado se había caído de una patrulla policial, luego de atacar a los habitantes que defendieron a los jóvenes que participaron en la actividad del domingo 19 de abril en la ciudad.
Celia Cruz fue acusada por los delitos de obstrucción de funciones, daño y secuestro extorsivo agravado y condenada a 10 años de prisión. «A ella la acusan de haber golpeado y secuestrado a ese oficial (Noel Reyes), pero no fue así. Aquí todos nos conocemos. El oficial se cayó de la patrulla y estaba sangrando de la boca y él le dijo: ‘Amílcar, estoy mal de la presión’ y ella le dijo ‘no te preocupés, yo ando una pastilla’ y se la dio. Eso me lo contó ella ese lunes en la madrugada cuando vino a la casa», relata Vilma Cruz.

«Después el mismo oficial le dijo que lo llevara donde un amigo, ellos lo llevan. Habían testigos, ella no lo llevaba secuestrado. Lo llevaba donde ese amigo en Esquipulas y cuando ya lo dejaron, se vino a Moyogalpa. Es más, hasta en el video se ve y se escucha cuando ella dice ‘no le hagan nada’, no le hagan daño», agregó.
De acuerdo con el relato de Cruz, Celia regresó bien a su casa. Sin embargo, horas más tardes una camioneta Hilux empezó a asediar la vivienda. «Resulta que los hechos fueron el domingo (19 de abril 2020), él regresa el lunes en la madrugada (20 de abril), me cuenta lo que pasó y me enseña los videos, y en la mañana yo le digo que no vaya a trabajar, porque ya sabíamos que a los otros muchachos se los habían llevado», asegura. Celia vendía comida en un local ubicado a unos 50 metros de la estación policial de Moyogalpa.
«Entonces me hizo caso, pero desde el lunes una camioneta Hilux, color gris, empezó a asediarnos. Como era de vidrios polarizados no se veía si eran policías o personas de civil las que iban dentro. Al día siguiente igual, pero, yo escucho que recibe una llamada de un oficial y le dicen, ‘el comisionado Yuri Valle le quiere hacer una entrevista sobre lo ocurrido’ y le digo que no vaya», contó la señora Vilma Cruz.
«Una hora después de la llamada, sale del cuarto y me dice ‘mamá, me andan llamando. Dicen que salga, que me andan trayendo para que hable con el comisionado’. Entonces, le digo pásamelo (al oficial al teléfono) y le digo ‘mire, usted se me está llevando a mi hijo obligado, porque él no está yendo voluntariamente. Usted lo está acosando y exigiendo que vaya a la estación’ y me dice ‘tranquila madre, si él va a regresar'», relató.

Eran las 11:40 minutos de la mañana del martes 21 de abril cuando Celia Cruz salió de su casa, vestía un pantalón y una camiseta negra. «Veo que da la vuelta y la sigo. Me quedé en la entrada de la casa y la camioneta estaba en la entrada del barrio. Un oficial encapuchado abrió la puerta de la camioneta doble cabina, salió, entró mi hija, se introdujo otra vez y cerró la puerta», detalló la madre de la mujer trans. Esa fue la última vez que Celia estuvo en su casa. Este pasado 21 de diciembre de 2020 cumplió ocho meses en prisión.
Era el sustento del hogar
Celia Cruz es la menor de tres hermanas. Las dos mayores, de 38 y 45 años, viven independientes, por lo que ella cubría los gastos en su casa en la que habitaba solo con su madre, quien debido a un desgaste en la rodilla no puede laborar. «Desde que me la secuestraron, me quedé sola», expresó.
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Cruz sostiene que Celia se encuentra encarcelada injustamente y exige a la dictadura su pronta liberación. Además, denuncia que su hija se ha visto muy afectada de salud en prisión y los custodios hacen caso omiso. «Yo le pido a este Gobierno que me saque a mi hija porque es inocente. Si los mismos policías llegaron hasta los juzgados de Managua cuando tuvo audiencia a dar testimonio de lo que ellos se daban cuenta. El mismo policía (Noel Reyes) llegó a declarar a favor de ella y dijo que nunca lo había secuestrado, ni golpeado, más bien dijo que lo había llegado a defender. Sin embargo, la Fiscalía lo acusa», aseguró.
También manifestó que Celia, meses atrás se contagió de Covid-19 y estuvo grave de salud. Superó el virus, pero últimamente presenta dolores en las rodillas y caderas, además padece de hipertensión. «Me dice que hasta grita del dolor, golpea los portones para que le hagan caso. La llevaron al médico hasta como la tercera vez que se sentía mal, le dieron unas recetas, me las entregó, y yo le compré el medicamento», comentó. A Cruz le preocupa que el estado de salud de Celia continúe agravándose y que después sea muy tarde.