Poseidón, primogénito de Cronos y Rea, y hermano de Zeus, Hades, Rea, Hestia y Deméter, es el dios supremo de las aguas y amo de una parte de la tierra.
Cuando ocurrió el reparto del universo entre los tres hijos varones de Rea y Cronos, Zeus se quedó con el reino de los cielos, Poseidón con el de las aguas, y a Hades, el menos afortunado, le tocó el inframundo, el lugar de los muertos que está en las profundidades de la tierra. Hera, Hestia y Deméter fueron en este orden las señoras del cielo, del hogar y del cultivo de la tierra que alimenta la vida
A pesar de ser el menor de los tres hermanos varones, a Zeus le correspondió la mejor parte en la repartición del mundo, quizás porque fue el que enfrentó a su despótico progenitor, le mutiló los genitales con una hoz que le proporcionó su madre, Hera, y liberó a todos sus hermanos a quienes Cronos había devorado y tenía presos en sus entrañas.
Desde entonces quedó establecida la primacía del vencedor. Los que triunfan se apoderan de todo o la mejor parte del botín, como hacen hasta ahora quienes al tomar el poder por medios violentos se lo apropian como botín personal. Y no lo dejan nunca, hasta que se mueren o son derrotados y hasta castrados como Cronos.
Pero Poseidón no quedó satisfecho con la parte que le quedó en el reparto del mundo. No le gustó que Zeus se quedara con el cielo, el mejor pedazo del pastel, en tanto que a él, el hermano mayor, le tocó el dominio del mundo acuático y solo una parte del de la tierra. Así lo dice el académico venezolano Julio López Saco en el libro electrónico Desafío al orden olímpico. Agua, caos y corceles en el carácter y personalidad mítica de Poseidón.
“Por mediación de sus vehementes acciones, sus comportamientos vengativos y disuasorios, así como a través de las participaciones indirectas de buena parte de su monstruosa descendencia —escribe López Saco— Poseidón intenta poner en jaque el orden olímpico instaurado por Zeus. Celoso de los dominios de su poderoso hermano, busca que se sientan los efectos de su violenta cólera desplegando sus singularidades más arcaicas, aquellas que le convirtieron en un funcional dios que agita y abraza la tierra, que provoca terremotos e inundaciones. En definitiva, se muestra como un dios que representa la virulencia de la naturaleza, la fuerza telúrica que amenaza el orden olímpico imperante.”
Por su parte, Robert Graves dice (Los mitos griegos, tomo I), que la repartición del mundo entre los tres dioses hermanos fue resultado del azar. Explica que ellos “echaron suertes en un yelmo para ver quién se quedaba con el señorío del cielo, el mar y el lóbrego mundo subterráneo”. Y como resultado el cielo le correspondió a Zeus, el mar a Poseidón, el inframundo a Hades y la tierra dividida entre los tres.
Poseidón se unió conyugalmente con Anfitrite, una bella ninfa marina hija de Nereo, dios secundario de las aguas. Según Graves, Anfitrite le dio tres hijos a Poseidón: Tritón, Rode y Bentecisime. Pero igual que Zeus, su hermano menor, Poseidón era un gran mujeriego y tenía amoríos con diversas diosas, ninfas y mortales.
Su romance más famoso fue el que tuvo con Escila, la hermosa ninfa que dio su nombre a la isla de Sicilia, a quien según Graves la celosa Anfitrite “transformó en un monstruo ladrador de seis cabezas y doce pies arrojando hierbas mágicas en el estanque en que se bañaba”.
En la Guerra de Troya, Poseidón intervino a favor de los griegos, a los que Homero llamaba Argivos y Aqueos. Pero cuando por fin derrotan a los troyanos, los griegos se creen tan poderosos o más que los dioses y profanan templos, altares y otros sitios sagrados. Entonces Poseidón se enfurece y cuando van de regreso a sus lugares de origen, envía poderosas tempestades que dispersan las flotas y los obligan a vagar por los mares durante largo tiempo.
Es por eso que Odiseo (Ulises) tarda diez años en regresar a Itaca, su patria, donde está su hogar y lo esperan su hermosa, paciente y ejemplar esposa Penélope y su amado hijo Telémaco.