¿Habrá reconstrucción en el Caribe Norte?

Pese el cuestionamiento de todas las instancias y gobiernos democráticos de Latinoamérica y el mundo, alrededor de la violación de los derechos humanos de los nicaragüenses por parte del gobierno Ortega Murillo, han respondido con fondos para ayudar a los afectados ante el impacto de dos huracanes en menos de 15 días –el 3 de noviembre el Eta y el 16 del mismo mes Iota– con categorías nunca antes vista.

Las señales que estamos recibiendo indican que la esperanza del pueblo quedará en esperanza. Veamos, algunos hitos históricos: para la entonces Navidad Roja, en 1982, en nombre de la defensa de la Soberanía Nacional destruyeron todo lo que había a la orilla del río Coco y las comunidades de los llanos, quemaron casas, iglesias, comieron el ganado, una evacuación forzosa en la zona de TasbaPri —hoy conocido como el territorio de TasbaPri que abarca Sahsa, Sumubila, Columbus, etc.—, destrucción en general. La justificación de ese entonces era para no permitir la ayuda en alimentos a los “contrarrevolucionarios”, desconociendo la cultura de los pueblos indígenas, pues para estos cualquier hombre o mujer necesitado es ver al rostro humano, y si tienen hambre con lo poco que tienen comparten. Eso era también criminalizado y muchos pastores, sacerdotes, obispos vivieron esa cruel realidad, algunos fueron encarcelados por el simple hecho de ser un indígena, no hubo respeto a los hombres que se dedicaban a llevar la palabra de Dios, ni mucho menos a los templos sagrados.

Con el proceso de diálogo iniciado en Yulu en mayo de 1985, con un grupo de los “contras”, inició el proceso de pacificación. Allí murió uno de los iniciadores –que hasta la fecha nadie sabe cómo–, Eduardo Pantín, a quien le decían “Lean Pauny”. Uno de los acuerdos de ese primer diálogo fue el retorno seguro de los exiliados mayoritarios de Honduras, donde se les aseguraría la capacidad de reconstrucción de su vida, y lo que se le entregó fueron un paquete de alimentos que el Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur) les ofrecía, 5 libras de clavos, 20 láminas de zinc, para que cada familia pudiese reconstruir sus viviendas. La pregunta a esta realidad es: ¿Quién vulneró a los pueblos indígenas a vivir en más pobreza? Es el FSLN, en el poder bajo el gobierno de Daniel Ortega Saavedra.

Ver nuevamente el mismo modelo de ayuda para los afectados, después de 2 huracanes en menos de 15 días que han impactado el pueblo de Bilwi del 2020, las comunidades del litoral Sur, llano Norte y llano Sur, donde destruyeron sus viviendas, sus enseres, sus parcelas, sus materiales de pesca y ahora, nuevamente, vienen con el plan techo de 15 láminas por familia. Cada familia necesita, además del zinc, clavos, comprar madera para clavar. ¿Será que habrá reconstrucción en el Caribe Norte? ¿Este es el inicio real de la pobreza extrema? Porque la gente que piensa diferente son los que están en el desempleo, en cambio los activistas del FSLN, aunque no tengan capacidad de dirigir son los que deciden. No hay acceso a crédito, excepto de la banca privada con intereses altísimos. Los censos para optar al famoso plan techo están condicionado por su pertenencia política. Me pregunto: ¿Los huracanes Eta e Iota afectaron distinguiendo la pertenencia política? No. En Nicaragua, nos urge un Estado de derecho, que permita ver al ser humano en su esencia y no la permanencia del poder a cambio del sufrimiento del pueblo.

El muelle de la ciudad de Bilwi, destruido por los huracanes, una ciudad con un puerto donde la actividad de la pesca es la más alta, ya están ilusionadamente presentando una maqueta de un muelle. A estas alturas de la vida la mentira ya no tiene cabida en la vida de los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Costa Caribe. Tampoco las promesas incumplidas. Necesitamos que los organismos entreguen obras y no fondos, porque no vemos los resultados para lo cual se entregaron.

El BID otorgó fondos para la electrificación en el Caribe Norte, tanto la ciudad y en los rurales, y seguimos con el acceso a la energía más costosa con las plantas eléctricas, 4 días sin energía por cada huracán, constantes interrupciones energéticas, afectando los enseres domésticos, y la factura se recibió como que nada ha ocurrido en el Caribe Norte. Estas son las tristes realidades que enfrentamos después de los huracanes.

Creo importante que la comunidad internacional, la que a pesar de las circunstancias de las faltas de libertades ciudadanas, con presos políticos, con miles de exiliados, asedios a la oposición, la persecución por pensar diferente, ha optado por ayudar porque les conmueve la situación de los afectados, debe exigir un mecanismo de monitoreo para que la ayuda lleguen a los más afectados.

Espero que el Señor, Dios de Amor y de Verdad, nos guíe y alcancemos los resultados de la reconstrucción verdadera del Caribe Norte nicaragüenses. Así sea.

Bilwi, RACCN, diciembre, 2020. La autora es Voz de la Costa Caribe en la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia
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