La noticia del retiro de la Alianza Cívica de la Coalición Nacional no fue sorpresa, pues ya lo había anunciado Mario Arana en audio que fue ampliamente difundido. En la conferencia de prensa donde se oficializó el retiro, los diferentes oradores pronunciaron la palabra elección 74 veces y dejaron claro que sus esfuerzos a partir de ese momento era prepararse para las elecciones.
La pregunta es: ¿cuáles elecciones? Porque el dictador no ha hecho ningún esfuerzo por empezar a cumplir lo mandatado en la resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA). Por eso el título de este artículo. Pues veo con preocupación que vamos rumbo a repetir los mismos errores de las elecciones del 2006, tengo esa percepción porque observo mucha similitud en la personalidad del señor Juan Sebastián Chamorro con la de Eduardo Montealegre.
Ambos vienen de familias calificadas por el maestro León Núñez como primera de primera, ambos incursionaron en política de forma parecida, Juan Sebastián cuando fue convocado por la Iglesia para formar parte del primer diálogo nacional y Eduardo cuando se lo solicitó Arnoldo Alemán, ambos se estrenan en política después de cumplir cincuenta años. Ambos incursionan en la política sin desprenderse del todo de sus lazos con la empresa privada, ambos son poseedores de un ego del tamaño de la Estatua de la Libertad y ambos tienen la misma personalidad impositiva. Podría seguir enumerando similitudes, pero por razones de espacio no me es posible. Razón por la que pasaré a las semejanzas políticas.
Don Eduardo Montealegre en el 2006, una vez que lo nominaron como candidato a la presidencia se aferró a su candidatura como náufrago a una tabla y no hubo quien lo hiciera desistir para evitar la división. Lo intentaron presidentes, personalidades políticas y empresariales, todos sin éxito. Lo que pasó después ya es del conocimiento de todos y para muchos debido a esa testarudez es que estamos como estamos. Antes de continuar, quiero recordarles que cinco de los quince votos que hicieron posible la ruptura de la ACJD con la coalición fueron de la empresa privada. Juan Sebastián Chamorro, Mario Arana, Michael Healy, José Adán Aguerri y Álvaro Vargas. Aunque ninguno tiene empresas dignas de mención, no hay duda que responden a las directrices del gran capital.
Pero siguiendo con el análisis, es evidente que la separación de la ACJD tiene el propósito de crear una coalición que posiblemente termine nominando a Juan Sebastián y pueden apostar que una vez logrado ese objetivo, al igual que Eduardo, no habrá Dios que lo haga bajarse del caballo, tampoco es coincidencia que sería con el mismo partido, aunque hoy con diferentes siglas. En esta ocasión hay una circunstancia que debemos tener en cuenta y es que el régimen está urgido, hoy más que nunca, de fomentar la división. Lo grave en esta ocasión es que lo que hizo por ego y miopía política Eduardo Montealegre, la Alianza lo está haciendo con conocimiento de las ventajas que le procurará el régimen por medio de sus socios. Por lo que la causa de la democracia está en grave riesgo de seguir sufriendo vicisitudes y violaciones de todo tipo, por parte de la dictadura por cinco años más si Juan Sebastián y los que le siguen no recapacitan.
Fabián Medina, en su carta abierta a la Alianza Cívica, les advirtió que al menos que ellos sepan algo que nosotros no sabemos, la decisión de salirse de la Coalición va en dirección contraria a los esfuerzos de los nicaragüenses por terminar con la dictadura y les hace dos preguntas que muchos conocemos sus respuestas: ¿La división que están creando perjudica o beneficia a la dictadura? ¿Qué creen ustedes (ACJD), su separación de la Coalición alegró o molestó a Daniel Ortega?”, fin de cita.
Concluyo con una advertencia a los amigos de la ACJD: de seguir por el camino que han escogido, pasarán a la historia como los Camacho nicaragüenses, apelativo con que hoy son conocidos los divisionistas en Latinoamérica.
El autor es comentarista político.