Nuestro apoyo es a la unidad

Sin duda que esta no ha sido una buena semana para la oposición, en lo que se refiere a su imagen pública y prestigio social.

El anuncio de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), de separarse de la Coalición Nacional, ya se esperaba y, por tanto, no tenía que sorprender a nadie. Pero por su mal manejo y pobres explicaciones causó una impresión bastante negativa.

Los ciudadanos que no son partidarios de la dictadura entienden que la unidad de la oposición es absolutamente necesaria para sacarla del poder y abrir el camino a una nueva transición democrática. La unidad de la oposición es indispensable en cualquier escenario que se libre la lucha contra el régimen dictatorial, pero en particular en el electoral, que es el que se ha escogido y respalda la comunidad internacional para producir el cambio democrático.

En política, la unidad se entiende como la cohesión de una entidad partidista o el Estado, pero también como la unión, alianza y conformidad de distintas partes en un objetivo determinado y alrededor de un plan de acción o lucha común para alcanzarlo.

“Si hablamos de unidad política —advierte Fernando Mires—, tenemos que hacerlo en la perspectiva de una unidad de las diferencias. Entre no diferentes no se puede hablar de unidad porque por definición están unidos. La unidad surge precisamente de las diferencias. Por eso mismo las diferencias no desaparecen con la unidad, sino que se mantienen, aunque subordinadas a los puntos que llevan a contraerla. La unidad, por lo tanto, solo rige con relación a los puntos de vista unitarios y nada más… En este sentido toda unidad política implica una alianza… Pero en política no hay matrimonio por amor, todos son por conveniencia”, orienta el académico político chileno.
Precisamente porque con la unidad o alianza política no desaparecen las diferencias e intereses de los diversos sectores y personas que forman parte de la abigarrada oposición a la dictadura de Nicaragua, es que surgen problemas e incluso explotan crisis como la de esta semana en la relación de la Alianza Cívica con la Coalición Nacional.

Sin embargo, que esas formaciones políticas y sociales se separen no significa que alguna de ellas ha dejado de ser opositora, que se pasó al bando de la dictadura. No significa ni siquiera que ha preferido la neutralidad. De lo que se trata, evidentemente, es de un reacomodo, necesario para unos e innecesario para otros, pero real y a todas luces inevitable.

En todo caso, si la unidad es para participar juntos en las elecciones del próximo año, se podrá concretar cuando llegue el momento oportuno y por ahora nada fundamental se ha perdido, salvo el deterioro temporal de imagen ante la opinión pública, sobre todo de la que se expresa en medios de comunicación desfavorables a la oposición formal y en las implacables redes sociales.

Nosotros, LA PRENSA, no somos un factor de activismo político sino propugnadores de los principios y valores democráticos. Y en la actual situación de Nicaragua dominada por una dictadura feroz y absolutista que pretende perpetuarse en el poder, uno de esos principios y valores es la unidad de la oposición para lograr el cambio democrático.

La unidad opositora y democrática contra la tiranía, que predicó y promovió el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en su lucha inclaudicable contra el somocismo, es lo que queremos y esperamos de todos los sectores, grupos y personas que forman parte de la heterogénea pero consistente oposición a la dictadura de Daniel Ortega.

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