La agenda de odio

¿Existe una agenda de odio? Desgraciadamente sí, una agenda que a veces se oculta o al menos se hace el esfuerzo por ocultarla, pero ese sentimiento de revancha y odio sale a luz. Si existe una agenda de odio, una agenda incapaz de dialogar, incapaz de dejar de decir epítetos, una agenda que ya se mostró. Una incongruencia entre lo que se quiere y lo que se es, es una contradicción entre el “deber ser” y el “ser”. Una agenda que está basada en el alimento del resentimiento, la venganza, la lucha de clases, el revanchismo, en el desquite. Y me refiero a que en ambos lados se está repitiendo el mismo escenario, pero es más cuestionado en la oposición, inclusive en los medios de comunicación supuestamente “independientes” que azuzan. Hay personas que solo pueden existir si hay conflictos u odio. Oenegés que alimentan el odio, primero de la lucha de clase, en lo económico, el mismo discurso que ya nadie se traga, ricos y pobres, oligarcas y proletarios. Pero como eso ya no funciona, trasladan el odio a la lucha entre las mayorías y las minorías, pero también eso ya no convence y trasladan la agenda de odio a la lucha de sexo, el hombre contra la mujer, y van más allá, entre la madre y su hijo en el vientre. Una agenda que busca quitarnos la identidad nicaragüense y someter a un país a agendas internacionales foráneas y contrarias al bien común y a la propia cultura.

Son grupitos que se aprovechan de las verdaderas víctimas, para conseguir financiamiento, maximizan para su provecho la necesidad de un pueblo sediento de justicia para sus propias agendas políticas. Les urge que haya conflicto para mantener las arcas de sus organizaciones. Una cultura del victimismo, de los marginados, exacerbando el “sentimentalismo” como una herramienta política, para manipular su discurso desvergonzado, exigiendo justicia, y aplicación de los derechos humanos, pero cuando les toca a ellos rendir cuentas se escudan en que se está en la otra acera. Nicaragua necesita una agenda propositiva, menos reactiva. Estas organizaciones se creen dueñas de la verdad, que tienen la hegemonía del pensamiento. Si alguien osa contradecirlos, tener una palabra distinta o pensar distinto se vuelven inclusive peor que a quien ellos señalan de opresor.

Debemos reflexionar qué país queremos construir, si continuar una agenda del odio, del revanchismo, de la lucha de clase, o del patriarcado opresor, un país que siempre se siente víctima de todo se estanca, no lo deja avanzar. Les interesa que nos sintamos siempre frágiles, víctimas miedosos para tener el control. Necesitamos una nación de ciudadanos fuertes emocionales, que no se sientan discriminados, oprimidos sino seguros de sí mismos, autodeterminados, con autoestima alta; que dejemos de lamentarnos, sino con optimismo de esforzarnos al futuro, de ser propositivos; de no seguir lamiendo nuestras heridas, sino superarlas, trascenderlas, en pocas palabras madurar, y ser capaces de dialogar.

Un país necesita gente con vitalidad, no con rencor, o revanchismo, con espíritu de construir, no de deconstruir, con valores, no con antivalores foráneos, ni fotocopiadores de otras culturas sino forjar la nuestra. Somos ciudadanos no víctimas; si nos consideramos víctimas, siempre nos estancamos en la debilidad y nos aferramos al pasado y no tenemos metas a futuro. Seamos propositivos y positivos siempre.

La autora es abogada de familia.

Opinión identidad odio oenegés archivo
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