La OEA y los presos políticos

Para los que hemos estado presos por querer un mejor destino para Nicaragua —5 veces el que esto escribe durante la dinastía somocista—, no deja de ser un consuelo que los grandes poetas que han enaltecido a la humanidad, se ocuparan con inspiradas voces a exaltar el trance doloroso por el que uno pasa, tras las rejas, al verse privado de libertad. Shakespeare, por ejemplo, en su famoso Ricardo III a uno de los protagonistas del drama le hace exclamar: “¡Es muy lamentable que se enjaule a las águilas mientras buitres y milanos rapiñan en libertad!”.
Otro gran poeta, el norteamericano Stephen Vincent Bennet (1898-1943), en su célebre Letanía para las Dictaduras nos narra la saña con la que actúan los torturadores: “Por los que fueron golpeados / Por los que escupen hacia afuera los ensangrentados trozos / de sus dientes / En silencio, en el vestíbulo / Por los que duermen sobre piedra o sobre hierro y esperan la hora…”.

Todo esto que narran los poetas, desgraciadamente, es lo más abyecto de la condición humana y no se crea que es historia pasada: ha estado y está pasando en la actualidad en nuestra Nicaragua, por órdenes directas del oprobioso régimen de los Ortega-Murillo. En una acción desesperada, nuestros hermanos secuestrados han tenido que zurcirse los labios y ponerse en huelga de hambre, en justa demanda frente a sus opresores, que les niegan sus derechos fundamentales consignados en nuestras Leyes.

Podríamos llenar páginas enteras con los nombres de hombres y mujeres, ancianos y hasta niños que han sufrido en carne propia la horrible pesadilla de caer en las garras de estos cavernícolas, que afrentan todo concepto de dignidad humana. ¡Por su extraordinario sacrificio a estos presos, junto con sus familias, no podremos olvidarlos jamás!

Es entonces cuando muchos nicaragüenses nos preguntamos: ¿Para qué sirve la OEA? Hay que reconocer que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha hecho una labor encomiable, pero fuera de esto la OEA se ha limitado a dar simples declaraciones como la emitida en la reciente Reunión del 20 y 21 de octubre pasado, en la que hay una serie de llamados a la dictadura Ortega-Murillo que saben jamás va a cumplir. Ni siquiera se dignaron en demandar la libertad de los presos políticos que han sido privados de libertad por querer tener un gobierno digno y honesto como el que tienen las naciones civilizadas. ¿Es que se necesitan 500 muertos más para que reaccionen

¿Qué nuevos sacrificios tendremos que hacer los nicaragüenses para que los hermanos de México, Argentina, Honduras, Guatemala y algunos de los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) demuestren el calor de su amistad al sufrido pueblo nicaragüense para que declaren ilegítimo, como en realidad lo es, al régimen de los Ortega-Murillo y para que voten en la OEA por la aplicación del artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana?
Es obvio que después de aprobar las últimas tres leyes represivas en la AN por órdenes de los Ortega-Murillo, la crisis en Nicaragua empeorará terriblemente, por lo que la oposición nicaragüense debe tener mucho cuidado en no volver a caer en la trampa del Diálogo, sin lograr previamente la libertad de todos los presos políticos y el respeto absoluto de los Derechos Humanos de todos los nicaragüenses.

La situación del pueblo de Nicaragua es de tal gravedad que habrá que buscar cómo intensificar la presión nacional e internacional para erradicar por siempre a la peor dictadura que ha sufrido nuestro pueblo en su historia, porque como decía el Premio Nobel de la Paz norteamericano Martin Luther King (1929-1968): “La libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor; debe ser exigida por el que está siendo oprimido”. No nos olvidemos, conciudadanos (as), que todos estamos en la obligación moral y patriótica de participar en esta lucha, ya que de eso dependerá el futuro de nuestras generaciones.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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