El médico y el alma

Como médico que soy, y a propósito de la reciente celebración del Día del Médico Nicaragüense, el 26 de octubre, te digo, colega: tu paciente es un relicario que Dios ha puesto en tus manos para que cuidés de su cuerpo, pero que sepás acceder también al interior de ese relicario, su alma. El alma debe entenderse como esa realidad interior que reside en cada una de las células, tejidos y órganos de nuestros pacientes y que, sin embargo, no la puede caracterizar ni la Biología molecular, ni las más sofisticadas tecnologías del diagnóstico por imágenes.

A lo largo de la historia se ha pretendido, sin éxito, ubicar el alma en alguna estructura del cerebro; por un tiempo se insistió vanamente encontrarla en la glándula pineal, pero sabemos que la pineal se calcifica tempranamente en la vida, lo que resulta por decirlo así en un tejido “desfuncionalizado” y tendríamos seres humanos desde la adolescencia prácticamente, viviendo “sin alma”. El alma es el principio que da vida, su función es casualmente dar vida al cuerpo. ¡Donde hay vida, hay alma!

La vocación médica es inconcebible sin una acentuada inclinación por la cultura de la vida… un médico es alguien que más que enemigo de la muerte, es amigo de la vida. Amistad que tiene que cultivar día a día mediante pequeños actos de agradecimiento con todo su entorno vital, el aire que respira, el rocío de la mañana, la risa de sus hijos, el desayuno en su casa y el beso de la esposa, la inesperada cortesía en el tráfico y el saludo respetuoso del portero y personal, a la entrada al hospital o la clínica.

Nuestros pacientes están allí, en el consultorio, laboratorio, rayos X, quirófano, todos nos esperan con un común denominador, anhelo de vida. Y ese anhelo solo lo podés satisfacer si vos lográs comunicar tu alma con la de él, no hay otra manera. El alma es esa esencia inmaterial consustancial al cuerpo dándole vida. El alma es la que hace que seas lo que vos sos. Ojo con tu paciente, que puede tener enferma el alma, una alma “envenenada” es más letal que el cáncer, porque además que puede inducirlo, impide curarlo.

Las almas se “debilitan”. Es nuestro reto llegar al alma de nuestros pacientes y fortalecerla. Existe una condición primaria y sin la que no logramos nada, “Atención”… el alma humana necesita aún más que el intelecto, que se le preste atención…. viéndole a los ojos… bien se dice que los ojos son el reflejo del alma… escuchándole, decirle sin decirle que estamos ahí, premisa que hará brotar la palabra. Y cuando empiece el diálogo inter-alma, empezará la curación.

El célebre dramaturgo griego Esquilo enseña: “Las palabras son una medicina para el alma que sufre”.

Bien sabemos los discípulos de Esculapio que un porcentaje significativo de nuestros pacientes vienen cargando un complejo psicosomático dentro de sus padecimientos, cuya queja será casualmente todo el cortejo de dolencias y signos físicos de la enfermedad que manifiestan y, en consecuencia, es menester atender primariamente su alma.

Escuchemos al doctor William Osler, considerado padre de la Medicina moderna: “El buen médico trata la enfermedad, el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”.

El postulado de Hipócrates que “el cuerpo (soma) tiene su propia capacidad de regeneración” sigue siendo cierto. Aristóteles entiende el alma (psyché) como “la esencia de tal tipo de cuerpo”.

El médico de hoy debe atesorar tecnología, pero vocacionalmente debe “donar” su alma. En la pandemia que atravesamos ha sido esta donación, la que ha hecho posible esa entrega heroica para librar la batalla contra el virus y la soberbia e insensatez de muchos, con el doloroso saldo de un sinnúmero de médicos muertos y otro tanto, que han sobrevivido con secuelas que reducen su calidad de vida. ¡Todos ellos son apóstoles de la medicina nicaragüense y les rindo honor y respeto!

A los que continuamos en la brecha, les hago llegar mi saludo de colega y amigo. ¡Médicos, atendamos el alma de nuestros pacientes! Para eso es necesario, donar la nuestra. No olvidemos a Jesús, que nos dice: “que hay más alegría en dar, que en recibir”.

El autor es médico.

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