Tir na nÒg

Existen al menos cuatro interesantes leyendas donde sin morir se puede llegar a una especie de cielo lleno de felicidad terrenal.

Un mundo utópico parecido al que te hacen soñar los socialistas del SXXI.

La primera es la mitológica irlandesa del Tir na nÒg, quizás una de las más conocidas, curiosas y magistrales.

En la cultura de los británicos existe la de Kind Herla, en la japonesa la de Urashima Taru y en la islámica/cristiana la de Los siete durmientes de Éfeso.

Las cuatro tienen un tópico similar que ha sido cantado en poemas épicos como el de William Butler: The wandering of the Oisin o en versiones también poéticas y religiosas como las de Jacobo de Serugh.

Hay en ellas personajes que por una razón u otra, se transportan a un mundo sobrenatural sin tener que morir y donde encuentran de todo lo bueno para vivir: Belleza, lujos, ausencia de tristeza y comidas exquisitas, todo al alcance de las manos sin tener que trabajar, donde el tiempo no existe y pocos días, al salir de ese mundo, se te convierten en siglos.

Estas leyendas complementan ese vacío vivencial que el hombre de todos los tiempos y razas, quiere llenar con una cosmovisión que lo aparta de la realidad, sufrimientos y del fatal destino de la muerte sin saber para dónde vamos ni de dónde venimos.

En todas las leyendas, se junta el folclor con el mito. Mezcla esotérica que sublimiza creando la novela surrealista y por qué no decirlo también, la histórica hispanoamericana uniéndose en un arco triunfal y demiúrgico como muy bien lo logra en su literatura el paraguayo Augusto Roa Basto.

Es una búsqueda de la inmortalidad que llena arte, política, religión y ciencia (ahora con el marcador NANOG para diagnosticar neoplasmas testiculares) de ensoñadoras narrativas que pueden despertar ilusiones cegadoras.

Es el sueño socialista y de ciertas religiones con la que se engaña a jóvenes y viejos, sueño en que el hipnotizado despierta en la mayoría de los casos, despojado de todo y donde la dignidad desaparece para dejarlo en un mundo desnudo, un submundo donde se muere sin morir, donde se respira estando muerto y donde se tiene que volver a vivir, y que ya con el peso de los años, que no pasaron bajo los efectos del somnífero, nos pone al despertarnos, en el mundo real, muy cerca del abismo de la muerte natural.

Es en Nicaragua donde la inmortalidad del cadejo y sus cuentos de duendes y aparecidos se enfrentan a las lejanas leyendas eslavas de Koschei que a pesar de creerse inmortal, le horroriza su propia muerte, rindiéndose a ella más temprano que tarde.

El autor es médico.

Opinión
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