El director ejecutivo de la Alianza Cívica, Juan Sebastián Chamorro, presentó públicamente la semana pasada una propuesta de siete puntos para lograr la unidad opositora que enfrentaría a la dictadura en las elecciones de 2021.
La propuesta ha sido dirigida a las diferentes organizaciones de la oposición, que son —además de la Alianza Cívica— la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), la Coalición Nacional y el partido Ciudadanos por la Libertad (CxL). Pero la propuesta ha sido presentada a título personal, por el director ejecutivo de la Alianza, tal vez para que al no provenir directamente de una organización ya constituida y con una trayectoria que para algunos ha sido por lo menos controversial, los instintos, prejuicios e intereses propios de las tribus políticas no motiven el rechazo automático de las otras organizaciones y movimientos opositores.
La propuesta de los siete puntos, a nuestro juicio, tiene la virtud de que puntualiza los elementos básicos indispensables para la formación de una alianza electoral democrática, sin caer en la grandilocuencia que caracteriza por lo general a las propuestas de unidad política que se hacen en situaciones complejas como la que hay actualmente en Nicaragua. Pero de lo que se trata es de crear una alianza para participar todos juntos en las próximas elecciones, con un programa mínimo, en caso de que tal sea la decisión que se tome oportunamente.
Quienes en la oposición creen sinceramente que el camino para salir de la dictadura y recuperar y reconstruir la democracia es el de las elecciones justas y transparentes —salida avalada por la comunidad democrática internacional como lo ha ratificado la OEA en la Resolución de su reciente Asamblea General—, tienen que prepararse para la batalla electoral. Lo que significa básicamente crear el instrumento unitario de participación, o sea formar la alianza política, escoger la casilla electoral y desarrollar la organización territorial.
Si de acuerdo con las circunstancias, se tuviera que decidir en algún momento que no se participará en las elecciones porque el régimen no ha aprobado la reforma electoral de fondo que se necesita, ni ha puesto en libertad a los presos políticos, ni restablecido las garantías constitucionales que han sido suspendidas de hecho, nada se habrá perdido habiéndose preparado; más bien se habría ganado en la formación de una alianza opositora amplia y robusta que en todo caso es indispensable para cualquier escenario en que se deba librar la lucha por la democracia.
Seguramente habría que afinar la propuesta de siete puntos del director ejecutivo de la Alianza Cívica. Pero afinarla, no agrandarla ni complicarla con más puntos y temas como ocurre casi siempre que se presenta una iniciativa de estas, porque cada quien quiere agregar lo que se le ocurre pretendiendo la perfección y olvidando la regla de que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y terminan produciendo documentos sumamente complicados, imposibles de entender y mucho menos de llevar a la práctica para convertirlos en realidad.
La unidad es muy importante, incluso es determinante, pero no es un fin en sí mismo. La unidad es solo el medio para alcanzar un fin, que en este caso sería derrotar a Ortega y su partido en una contienda electoral de calidad.