El Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia, creado en 1988 por el Parlamento Europeo para homenajear a personas que se distinguen extraordinariamente en la lucha por la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos, le ha sido otorgado este año a la oposición de Bielorrusia.
De manera personal, el Premio será entregado a Svetlana Tijanóvskaya, Svetlana Alexiévich, Maria Kolesnikova, Olga Kovalkova y Verónica Tsepkalo, las valerosas mujeres dirigentes de la combativa oposición a la dictadura procomunista de Aleksandr Lukashenko después del fraude en la elección presidencial del 9 de agosto pasado.
Bielorrusia está dominada por la feroz dictadura de Lukashenko desde 1994, cuando el antiguo dirigente comunista ganó la elección presidencial gracias a la popularidad que adquirió encabezando un comité contra la corrupción, y por las promesas de poner fin a las penurias que estaba sufriendo la población en la dura y compleja transición del comunismo a la democracia.
A partir de entonces Lukashenko se hizo reelegir consecutivamente mediante fraudes electorales, la eliminación de las libertades y derechos de los ciudadanos y el acoso a la oposición. A pesar de eso, los principales núcleos opositores decidieron presentarse a las elecciones presidenciales de agosto de este año y apoyaron la candidatura independiente de Svetlana Tijanóvskaya, que sustituyó a su esposo Sergei Tijanovski cuando este fue encarcelado por la dictadura.
Para lo que podría valer la experiencia bielorrusa, hay que decir que la oposición fue a las elecciones sin ninguna garantía, a sabiendas de que el sistema electoral es fraudulento y que el dictador Lukashenko volvería a manipular las votaciones para seguir en el poder. Y tampoco estaba en los cálculos de los dirigentes opositores utilizar la denuncia del fraude para movilizar a la gente y desatar una masiva protesta contra la dictadura.
Sin embargo, al votar la gente masivamente por Tijanóvskaya y consumarse un descarado fraude electoral, la gente reaccionó de manera espontánea seguramente porque está hastiada de las fechorías de Lukashenko, quien no solamente se ha mantenido en el poder desde 1994 mediante el fraude y el terrorismo de Estado, sino que ha implantado el peor sistema de corrupción que se ha conocido en el país e incumplió prácticamente todas las promesas que hizo al pueblo para subir al poder.
Multitudes de bielorrusos han salido a las calles para demandar nuevas elecciones bajo las reglas de la democracia y con observación electoral internacional. La dirigencia opositora no demandó la renuncia de Lukashenko, consciente de que eso significaría emprender el camino insurreccional y de que no está preparada para eso. Además, la dirigencia opositora considera que eso daría a Lukashenko el pretexto para ametrallar masivamente a la gente en las calles, y al régimen de Vladímir Putin en Rusia la oportunidad de intervenir con sus tanques de guerra, como lo hacía la extinta Unión Soviética.
Pero la gente no deja de protestar a pesar de la represión criminal. Tijanóvskaya ha dado a Lukashenko hasta este domingo 25 de octubre, como plazo para convocar a nuevas elecciones, que sean justas y limpias. De lo contrario, se llamará a una huelga general y a que la gente se mantenga en las calles de manera indefinida.
Los bielorrusos que luchan por la libertad y la democracia son heroicos. El Premio Sájarov que recibirán por medio de sus grandiosas mujeres dirigentes, es más que merecido.