La votación de castigo en Bolivia

No tenía que ser una sorpresa, que el candidato del partido Movimiento al Socialismo (MAS) y su caudillo autoritario Evo Morales, ganara la elección presidencial del pasado domingo 18 de octubre en Bolivia.

Todas las encuestas previeron de manera consistente y sostenida que, Luis Arce, el candidato presidencial del MAS se alzaría con la victoria. La única expectativa distinta era la posibilidad de ir a una segunda vuelta electoral, el 29 de noviembre próximo, en el caso de que Arce no obtuviera más del 50 por ciento de los votos. La segunda vuelta era posible, aunque según las encuestas que se hicieron antes del silencio electoral previo a las votaciones, Arce tenía el 42 por ciento de intención de voto pero había 20 por ciento de indecisos y si la mitad se decidía por el candidato socialista, este obtendría el 52 por ciento de los sufragios, como al final ocurrió.

En un discurso que pronunció este lunes, Daniel Ortega dijo —y otros opinantes de izquierda han expresado lo mismo—, que la victoria socialista del 18 de octubre en Bolivia ha demostrado que no hubo fraude en las elecciones de 2019, que fue una acusación falsa de la derecha boliviana y del imperialismo para justificar el derrocamiento de Evo Morales.

Pero la verdad es que sí hubo fraude en la elección boliviana del año pasado, porque Evo Morales, en su afán de perpetuarse en el poder como fuese quiso impedir una segunda vuelta electoral y antes había desconocido el resultado de un plebiscito, en el cual la mayoría votó contra su reelección. Por eso fue que ocurrió el alzamiento popular cívico que dejó más de 30 muertos y el Ejército tuvo que obligar a Evo Morales a que renunciara al poder, para evitar más derramamiento de sangre.

Invirtiendo el chato razonamiento de Daniel Ortega y los opinantes de izquierda, de que la elección boliviana del año pasado fue limpia pero se acusó falsamente a Evo Morales y su partido de haber hecho fraude para justificar su derrocamiento, entonces, ¿por qué ahora los candidatos democráticos derrotados, la OEA y Estados Unidos (o sea lo que Ortega y los izquierdistas llaman la derecha golpista y el imperialismo) han reconocido tan fácilmente la victoria de Arce y el partido socialista de Evo Morales?

La verdad es que cuando las elecciones son justas y limpias sus resultados deben ser respetados, cualquiera que sea el que haya ganado, de izquierda o derecha. La regla básica de la democracia es que la elección la gana quien tiene la mayor parte de los votos, sin hacer fraude, y el que pierde debe aceptarlo. Eso es lo que ha ocurrido en Bolivia aunque Ortega no pueda ni quiera entenderlo.

Si los partidos democráticos bolivianos del centro y la derecha no hubieran dispersado el voto en 8 candidatos, habrían podido ganar la elección presidencial o al menos forzar la segunda vuelta. Pero se dividieron en vez de unirse contra un enemigo o adversario común muy peligroso, y los ciudadanos bolivianos los han castigado con el voto. Eso mismo fue lo que pasó en Nicaragua, en las elecciones de 2006, cuando por la división del voto democrático o liberal ganó Ortega y restauró la actual dictadura que ha resultado peor que todas las anteriores.

Editorial Bolivia elecciones en Bolivia Evo Morales archivo
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