La violencia contra las mujeres

Nicaragua no debe seguir viviendo una crueldad sin límites, más cuando se trata de seres humanos. El personaje bíblico, el rey Salomón, en su libro Proverbios 31:10, alaba y reconoce su sentir sobre el género femenino y remarca tres signos claves en ella: virtuosa, estima y piedra preciosa; “Mujer virtuosa, ¿Quién la hallará? Su estima sobrepasa largamente al de las piedras preciosas”. Un reconocimiento pionero de un rey, cuyo reino, poder y sabiduría son claves para entender su discurso de descontento espiritual, material, porque reconoció que toda su riqueza era vanidad y aflicción de espíritu. Los signos violentos durante casi tres años en nuestro país se han convertido en una presencia constante del Estado como institución monopolizadora de varios grupos, los cuales ejercen el poder sobre personas desarmadas y pacíficas.

Johan Galtung, matemático y sociólogo noruego, clasifica la violencia en tres ámbitos: directa, estructural y cultural.

Lastimosamente, nuestra sociedad está viviendo las tres. La violencia estructural, dice Galtung, deja marcas no solo en el cuerpo sino también en la mente y el espíritu. La violencia estructural se puede leer en el desequilibrio ecológico del planeta, en su destrucción, contaminación y despale indiscriminado. Muchos países sufren violencia directa, tenemos el caso de Venezuela, Cuba, Corea del Norte, China, Rusia, México y Nicaragua. Esta se manifiesta en el acoso, represión, detenciones y expulsiones. Claramente se observa que lo realizan individuos con grandes desequilibrios, entre estos podemos mencionar la alienación y la desintegración social. Las consecuencias son totalmente desfavorecedoras, porque para Galtung, la cultura puede ser utilizada para legitimar esta violencia contra hombres y mujeres. Jesús nos demuestra su misericordia, su amor y perdón en el Evangelio de Juan, cap. 8, en tanto las palabras del Mesías son: “el que esté libre de pecado, tire la primera piedra”. Esto generó en los escribas y fariseos, que le llevaron a la mujer para apedrearla, un proceso introspectivo, se fueron, abandonaron el lugar, porque vieron dentro de ellos su maldad, hipocresía y pecado, entonces, Cristo se vuelve hacia ella y le dice: “ni yo te condeno”. La paz que ofrece Jesús es limpia, pura y trascendente. Hoy, nos enfrentamos a una sociedad enferma, que no ve en la mujer su esencia, sin embargo, el apóstol Pedro enfatiza en el trato amable y caballeroso que ella debe recibir: “Dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7). La repercusión de apedrear, insultar e irrespetar el cuerpo físico de una mujer periodista, con principios cristianos como Verónica Chávez, debería hacernos reflexionar sobre la escala de maldad de los fanáticos del régimen, porque esta violencia visible afecta las relaciones humanas debido al abuso y frecuencia con que se practica. El politólogo y sociólogo alemán Max Weber enfatiza que todo monopolio para asegurar el orden político legitima la violencia.

Hoy, resulta verdaderamente doloroso lo que pasa en Nicaragua, no podemos seguir viendo la violencia como parte de una normalidad, ya que existe una estrecha relación entre la forma de pensar (ideología) y los valores que se aprenden. Nicaragua deberá poner, en un futuro, como principal objetivo educativo, la búsqueda de la paz, el ternura, la ética y la no violencia como proyecto humano. Solamente así, obtendremos una nación justa y verdaderamente cristiana. El fundador de la filosofía política moderna Thomas Hobbes declara: “Por consiguiente, ser honrado, querido de muchos, es honorable, porque ello constituye expresión de poder. Ser honrado por pocos o por ninguno, es deshonroso”; por lo tanto, las mujeres exigimos respeto, un trato justo y no violento por parte del Estado.

La autora es doctora en Filología y máster en Ciencias de la Educación.

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