Pasado mañana, 18 de octubre del 2020, cumple 91 años doña Violeta Barrios de Chamorro quien, junto con la Virgen María, es la madre de los nicaragüenses.
Doña Violeta: Sabemos que usted no está bien de salud por lo que con más razón los nicaragüenses le queremos decir que tenga un buen día y pronta recuperación. También que la queremos mucho.
Como la bandera azul y blanca que hoy se alza orgullosamente de nuevo en todo el país, usted bajo su presidencia nos cobijó y protegió, y como buena madre procuró con su amor unirnos a todos en una sola Nicaragua a la que todos pertenecemos.
Éramos todos sus “muchachos” o “muchachitos” (digo éramos porque han pasado 30 años y ya no somos tan jóvenes). Liberales como yo, conservadores, miembros de la UNO, periodistas, sacerdotes (como lo relató a finales del 2018 monseñor Báez) y sandinistas (en ese tiempo todavía no había Orteguistas ni falsos conversos a la democracia y a los derechos humanos que en su tiempo destruyeron).
Bajo su gobierno regresó la paz y se comenzaron a calmar los ánimos y las rencillas.
Y luego de la destrucción, la discordia, la violencia, la enemistad y el empobrecimiento del país en las más que oscuras noches de los 1980, usted comenzó, con éxito y guantes de seda y temple de acero, la larga y difícil tarea de construir un país democrático, próspero, justo, tolerante, con instituciones que protegieran los derechos y el bienestar de todos los nicaragüenses, particularmente el de los más pobres. Derechos y bienestar que se habían acabado en la penumbra de los 1980 y que de nuevo se han perdido bajo los nuevos filibusteros.
Su legado y actuación le han conquistado mucha honra, respeto, admiración y cariño en los nicaragüenses. La Patria ya se lo reconoce y la historia se lo reconocerá cada día más.
En un plano personal nunca se me olvida que la conocimos más de cerca cuando siendo presidente, visitaba en Maryland EE. UU. a nuestros amigos, su hija doña Claudia Lucía y su esposo el doctor Edmundo Jarquín
Desde entonces desarrollamos con usted una amistad llena de cariño y admiración por su sencillez, sinceridad, honestidad, bondad y buen humor.
Recuerdo que a mi esposa Guadalupe le tiene un cariño especial. A menudo la invitaba a que llegara en la noche a la casa de Claudia a platicar.
Doña Violeta: mi familia y yo la queremos mucho.
Que Dios nos la siga cuidando.
El autor es bachiller del Colegio Centro América.