No abandonemos a los niños

La niñez es el despertar de la existencia humana, para algunos es una fase encantadora, para otros puede ser lo más sombrío de su existir.

Para quienes han tenido y tienen el honor que su llegada a este mundo sea de júbilo para sus padres, familiares y amistades deben sentirse dichosos, porque millones de personas hemos sido recibidas con llanto, dolor, miedo y excedente grado de preocupación. Por ejemplo, una mujer joven, de menos de 20 años, si por algún apasionado accidente salió inesperadamente embarazada y financieramente no es autónoma, cuando decide contarle a su novio que está encinta, recibirá 4 respuestas:

1. Probablemente se alegrará y él se hará responsable de ella y de su hijo. 2. Quizás se marche de su vida y le reclamará por qué no se cuidó. 3. Podría sugerirle que por el bien de ambos lo ideal es que debe abortar. 4. Le pondrá lluvias de pretextos diciéndole que ese hijo no es de él y que lo mejor es terminar la relación.

En últimos instantes quien decidirá si ese ángel llega al mundo terrenal será ella, y qué vergonzoso sería que esta mujer tome la peor decisión. En la actualidad, podemos observar con signo de elevada ansiedad la enorme cantidad de niños que están creciendo sin el indispensable afecto paterno. ¿Por qué permitimos que estos niños inocentes paguen las torpes decisiones de los mayores? La responsabilidad no debe recaer solo en el hombre, así como ambos decidieron darse placer en un acto de complicidad también deberían cumplir sus obligaciones. Alguien dijo: “Tú no elegiste a tus padres”. Es verdad, nosotros no elegimos a nuestros padres. Como hombre sí elijo a la madre de mis hijos y tú, como mujer, puedes elegir al padre de tus hijos.

Contemporáneamente lo que sucede es que la mayoría de hombres y mujeres son alérgicos a la responsabilidad con sus propios hijos, si trajiste un hijo a este mundo, tu obligación es estar presente constantemente sin importar la circunstancia del ahora. Mujeres, procuren que el padre de sus descendientes sea un hombre que manifieste honestidad en todo, no se dejen conducir por dinero o palabras preciosas, porque podrían ser víctimas de trampa lamentable. Hombres, si tienen un hijo y se han separado de su madre no lo dejen en el olvido, aprendan a tener equilibrio de sus sentimientos y emociones para que la diferencia de ustedes no afecte la vida de ese inocente pequeño. No abandonemos a los niños, ellos merecen nuestro amor y todo lo primordial para que puedan crecer en un mundo donde sus derechos sean respetados, en una sociedad donde todos tengan iguales oportunidades.

La vida es de tres etapas: niñez, juventud y vejez. La primera y la última son las fases sumamente difíciles de la vida, porque dependemos de otros. Si hoy te crees inmortal, prepárate porque mañana todas tus fuerzas desaparecerán y si no has sabido ganarte el cariño de tus hijos, estás en riesgo de vivir una vejez en la cárcel de la soledad y el pleno abandono.

El autor es escritor y poeta.
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Opinión niñez archivo
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