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Cinco grandes fraudes electorales en la historia de Nicaragua

Las elecciones de “tigre suelto contra burro amarrado” han sido una constante en la historia de Nicaragua. El candidato ganador se conoce desde mucho antes de los comicios y el fraude se comete a ojos vista.

1947

El 2 de febrero de 1947 se realizaron las elecciones presidenciales en las que Leonardo Argüello fue el candidato impuesto por Anastasio Somoza García, contra el opositor Enoc Aguado. El presidente del Consejo Nacional de Elecciones era Modesto Salmerón, el Roberto Rivas de aquella época. Entonces el voto no era secreto, los ciudadanos hacían fila para votar, cada uno en la urna de su candidato; por eso se hizo evidente que Aguado había ganado por mucha diferencia.

Sin embargo, 21 días después de las elecciones Salmerón leyó el acta declarando ganador al candidato de Somoza, con un total de 96,731 votos contra los 64,904 de Aguado. Pronto Argüello demostró que no sería un títere más de Somoza, se negó a ratificarlo como jefe de la Guardia Nacional y eso le valió un golpe de Estado. Su gobierno duró 26 días.

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Esta imagen recoge el momento en que Leonardo Argüello iniciaba su presidencia de solo 26 días, ya que el hombre que lo abraza, Anastasio Somoza García, le dio golpe de Estado. FOTO/ ARCHIVO

1974

“Candidatos que ganaron en la elección de mañana”, tituló Pedro Joaquín Chamorro Cardenal la portada de LA PRENSA el 31 de agosto de 1974. Anastasio Somoza Debayle encabezaba la lista como presidente reelecto. Fueron palabras de profeta. Somoza fue a comicios con el poder electoral controlado por el partido gobernante y sin un verdadero candidato de oposición.

“Posiblemente ningún periódico en el mundo puede, diciendo verdad, poner un titular como el que antecede, pero ello no se debe a que en LA PRENSA seamos adivinos o profetas, sino al hecho de que tampoco en ningún país del mundo ocurre en materia de elecciones, que se sepa de antemano hasta el último de los candidatos que va a ganar, como también los que van a perder, y que ese resultado no pueda alterarse por las votaciones”, escribió Chamorro Cardenal.

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1990: el fraude que no fue

En 2008, el exalcalde Dionisio Marenco (q.e.p.d.) reconoció en la Revista Envío que en 1990 estaba preparado un fraude electoral. Si los planes del Frente Sandinista no tuvieron éxito fue porque pudo más la integridad de Mariano Fiallos Oyanguren. “El Consejo Supremo Electoral, presidido por el doctor Mariano Fiallos, era un órgano prestigioso, pero era un órgano controlado por el Frente.

Tenía instrucciones muy claras: a las 7:00 de la noche debía leer las primeras cuatro juntas receptoras de votos que le llegaran, con los cuatro resultados más apabullantes, para marcar una victoria del Frente 4 a 0, con cien votos de diferencia en cada mesa”, reconoció Marenco. El doctor Fiallos apareció a las 7:30 y leyó los resultados reales: en dos mesas ganaba el Frente (y por muy poco) y en dos perdía. A partir de ese momento el conteo se inclinó hacia doña Violeta Barrios, candidata de la UNO.

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Daniel Ortega, derrotado en las elecciones de 1990, coloca la banda presidencial a doña Violeta Barrios. LA PRENSA/ Archivo

2008

Uno de los fraudes más emblemáticos de la historia reciente fue el de las elecciones municipales de 2008, pues marcó un antes y un después en los procesos electorales de Nicaragua. Eduardo Montealegre denunció el fraude, tras perder la alcaldía de Managua ante Alexis Argüello, candidato del Frente Sandinista. El partido rojinegro controlaba las juntas receptoras de votos (JRV), los Consejos Electorales Municipales y los Consejos Electorales Departamentales, además de contar con la complicidad de funcionarios del CSE.

En las JRV hubo expulsión de fiscales de la oposición, desaparición de actas, anulación de votos, “alteración de actas de escrutinio sumando una centena a los resultados en decenas que recibía el FSLN. Ejemplo, si el FSLN había sacado 57 votos, lo transformaban en 157 o en 257 votos”, analizó el politólogo José Antonio Peraza, para LA PRENSA, en 2016.

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Eduardo Montealegre denunció fraude en las elecciones municipales de 2008. LA PRENSA/ Archivo

2011

Para las elecciones generales de 2011, el Frente Sandinista introdujo la figura de “Coordinador de Centro de Votación”, un cargo todopoderoso que les permitió controlar las boletas electorales y duplicar el voto sin dejar rastro. Además, fueron de gran utilidad los partidos “zancudos” que participaron en la falsa contienda, entre ellos la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y la Alianza por la República (Apre). De esta forma casi todos los fiscales y miembros de las JRV eran personas puestas por el Frente Sandinista.

Crearon actas dobles, expulsaron a los fiscales del PLI (Partido Liberal Independiente) de las JRV donde históricamente perdían y previamente se aseguraron de que las actas de escrutinio podían ir firmadas por un solo miembro de las JRV, lo cual les garantizaba validarlas con la firma de su miembro, entre otras artimañas. Así Daniel Ortega se reeligió a través de un fraude y violando la Constitución. Las siguientes elecciones, en 2012, 2016 y 2017 han sido calificadas como farsas electorales.

Daniel Ortega con Roberto Rivas, entonces presidente del Consejo Supremo Electoral. LA PRENSA/ Archivo

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