Paul Verlaine el atribulado poeta francés del siglo XIX, murió acosado por el alcoholismo, la falta de esperanza y confidencia, y por una lujuria extrema incitada por su homosexualidad frustrada. No pudieron sin embargo, estos demonios, apagar la llama virtuosa de sus letras que lo hicieron finalmente triunfar en un mundo caótico y confundido.
Rubén Darío, gran admirador de su poesía, lo ensalza en algunos de sus poemas donde menciona los satanes verlenianos de Ecbatana. (El reino interior, poema con profundo sentido esotérico).
Entre estos demonios sobresale uno de los peores, Asmodeo, responsable de los vicios de Verlaine la lujuria y la lascivia.
La Santa Biblia menciona a este demonio en al menos dos relatos maravillosos:
En Tobit, el ángel Rafael vence al demonio en Ecbatana, la ciudad meda con las siete columnas de diversos colores.
Tobías, hijo de Tobit, puede finalmente casarse con Sara atormentada por Asmodeo quien había matado a sus siete esposos anteriores.
En Judith, también en la región de Ecbatana, cuando la lujuria ciega a Holofernes (Judith 12, 16), quizás tentado por Asmodeo, llevándolo a su muerte a manos de Judith una viuda, hermosa y muy rica, quien con la fuerza invencible de Dios, logra liberar a su pueblo del infernal general de Nabucodonosor. Un paradigma que encontramos en el nuevo testamento cuando María vence al demonio salvando a la humanidad al dar a luz a Cristo Redentor.
Asmodeo ha estado presente en Nicaragua a pesar de ser un demonio tan antiguo, cuando aparece en el corazón de aquel general somocista que cae en las redes seductoras de una sandinista que lo lleva a su muerte. O, en el corazón de un gobernante despiadado y criminal cuando la lujuria lo ciega y abusa de su hija.
Pero también Nicaragua está invadida de otros demonios: Mammon adorado por avaros y débiles por las riquezas, haciéndolos callar ante el genocidio de su pueblo.
Astaroth que es parte de la Trinidad infernal junto a Lucifer y Belcebú, manipulando el destino de un país y sus habitantes quienes son asesinados y exiliados sin piedad.
Jaldabaoth incitando la envidia para crear divisiones aun dentro de las propias familias y mantener a Nicaragua en la miseria humana en que se encuentra.
Igual a Ecbatana, ciudad bella de siglos antes de Cristo, Nicaragua también reluciente de una belleza tropical sin parangón, necesita de la visita de un ángel como Rafael que la libere de Asmodeo y otros diablos y proteja a sus médicos acechados por tantos satanes verlenianos para que puedan estos sanar a sus habitantes de virus y crímenes usando quizás el mismo hígado de pescado con que Tobit fue curado de su ceguera.
El autor es médico.