Violencia y racismo en Estados Unidos

La muerte del afroamericano George Floyd asfixiado por un policía blanco desató una ola de protesta e indignación en todo Estados Unidos durante los últimos 7 días. Fue la gota que derramó el vaso.

La realidad es que la discriminación y violencia policial en contra de los afroamericanos en EE.UU. es endémica y enfermiza, y despierta indignación en quienes creemos que todos los ciudadanos ante Dios y la ley, tenemos derechos humanos que deben ser siempre respetados por las autoridades, especialmente el derecho a la vida.

Desde la escuela el ciudadano americano realiza su juramento a la bandera, que es un juramento de lealtad a los Estados Unidos y a su bandera que se recita al unísono en acontecimientos públicos y especialmente en las aulas de los colegios, donde el juramento es a menudo un ritual matutino diario antes de iniciar las clases.

El juramento dice: “Yo juro lealtad a la bandera de los Estados Unidos de América y a la República que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”.

De acuerdo con la opinión de Jennifer Hochschild, profesora de gobierno y estudios afroestadounidenses (FAS), de la Universidad de Harvard, la población afroestadunidense se encuentra consternada y afligida por la constante agresión que sufren las personas de color en Estados Unidos y además por la gran incidencia del Covid-19 en este segmento poblacional, “hay ira reprimida y temor entre los afroamericanos”.

El crimen perpetrado por el policía, grabado y publicado en las redes sociales, fue chocante al ver la crueldad policial ante un detenido que se había entregado sin poner resistencia, estaba esposado, acostado y con la rodilla del policía en la garganta, lo que hacía al prisionero exclamar “no puedo respirar”.

En autopsia realizada por un médico forense costeada por la familia Floyd diagnosticó que el detenido murió de asfixia, y el policía que perpetró el crimen no fue detenido sino días después de la tragedia.

Las protestas pacíficas no se hicieron esperar en Minneapolis, lugar del crimen, y muchas otras grandes ciudades del país. Desafortunadamente, estas protestas fueron infiltradas por otros grupos como los “supremacistas blancos”, “miembros de Antifa” y otras organizaciones que aprovechando el dolor e indignación de la población en protestas pacíficas las volvieron violentas realizando saqueos, incendios y otros actos similares en varias ciudades.

Los alcaldes y gobernadores de las ciudades y estados respondieron con refuerzos policiales y la guardia nacional para contener la situación. Es importante destacar algo fundamental en la cultura democrática norteamericana.

Los ciudadanos norteamericanos tienen el derecho, sin permiso alguno, de protestar pacíficamente en las calles de las ciudades expresando sus puntos de vista de forma pacífica. Ninguna autoridad puede ni debe impedirlo.

En medio de esta delicada situación, causó estupor y rechazo que el presidente Donald Trump, invocando una ley de 1807, de más de 200 años de antigüedad, amenazara con lanzar al ejército de los Estados Unidos en contra de ciudadanos americanos en las calles. Esto es algo nunca visto en la historia moderna del país y algo que no tolera el ciudadano norteamericano, acostumbrado a crecer en un país libre de dictadores que utilizan los ejércitos no para pelear contra enemigos del país, sino para reprimir a su propia ciudadanía.

Es importante comprender que el ejército norteamericano ha sido un ejército de ciudadanos en armas, que, una vez prestado su servicio militar, regresan y se incorporan a la vida civil pero guardando sus armas militares, derecho consignado en la 2ª enmienda de la Constitución.

Por lo tanto, el pronunciamiento de Trump causó estupor y rechazo en Estados Unidos y en el mundo verdaderamente democrático. Esa amenaza de lanzar al ejército en contra de su ciudadanía le quita autoridad moral para en el futuro criticar y condenar la costumbre de muchas autocracias de lanzar a sus ejércitos en contra de su propia ciudadanía. Como señaló Anderson Cooper, “este pronunciamiento parecería una broma jocosa sino fuera de la gravedad del caso”.

La controversial presidencia de Donald Trump será sometida a prueba en noviembre del presente año, estaremos pendientes cuál será el juicio de los ciudadanos de Norteamérica.

Las protestas pacíficas fueron infiltradas por otros grupos como los “supremacistas blancos”, “miembros de Antifa” y otras organizaciones que aprovechando el dolor e indignación de la población las volvieron violentas realizando saqueos, incendios y otros actos similares en varias ciudades de los EE.UU.

El autor es economista.

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