Con ese apego a la fe en la Divina Providencia y con ese arraigo por la justicia cristiana, que a veces tarda pero siempre llega, me gusta recordar a los abuelos de antaño que cuando alguno de sus adversarios cometía un craso error, solían decir: “Dios ciega al que quiere perder”.
Hago esta reflexión porque hoy veo con marcado estupor cómo, para no ir más lejos, desde que se produjo el levantamiento popular de abril del 2018, la diarquía de los Ortega-Murillo ha venido de tumbo en tumbo dando bandazos a diestra y siniestra, haciendo todo lo contrario de lo que para superar la crisis le aconsejaban algunos de sus más lúcidos amigos y compañeros de viaje en el FSLN.
Algunos de ellos recomendaron públicamente parar la desproporcionada represión de la Policía; instaron al Ejército a desarmar los grupos paramilitares del FSLN que estaban ensangrentando al país; se pronunciaron a favor del Diálogo Nacional y por el adelanto de las elecciones nacionales y municipales.
Pero, ciegos y sordos a aquellas sensatas exhortaciones y al clamor popular, respaldado por la comunidad internacional, los Ortega-Murillo prosiguieron en su tarea ingrata hasta cometer crímenes de lesa humanidad, que aunque pasen 100 años el pueblo no olvidará jamás. Esto es muy importante, porque para salir de la crisis en que seguimos sumergidos, nadie opta, ni nacionales o extranjeros, por la guerra civil para dirimirla. Todos insisten en que deben realizarse a la mayor brevedad posible elecciones libres y honestas, para que seamos nosotros los nicaragüenses los que en las urnas electorales decidamos nuestro futuro y cabal destino.
Hay que hacer notar que en todas las encuestas realizadas últimamente el FSLN ha bajado del 38 al 22 por ciento de la aprobación ciudadana. Y con las presiones económicas internacionales que se avizoran, la tendencia será a bajar aún más seguramente. Es obvio que no se necesita ser un virtuoso agorero para predecir el hundimiento del partido FSLN por su respaldo incondicional a la familia Ortega-Murillo. No se puede ganar, en buena lid, elecciones montadas sobre más de 350 cadáveres, miles de violaciones a los derechos humanos y una economía al borde del colapso total.
En consecuencia, cada día en que se posterga la decisión de adelantar las elecciones, serán menos votos para el FSLN en las urnas electorales. Ellos no lo entienden así, porque como decían nuestros abuelos: “Dios ciega al que quiere perder”.
Porque las elecciones tendrán que hacerse, quieran o no los fanáticos orteguistas, ya que es un mandato del soberano, el pueblo, y una recomendación ineludible del concierto de las naciones democráticas de todo el mundo.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).