En mi artículo “Diálogo 2.0… ¿Ahora qué?”, publicado en este diario el pasado 14 de marzo, propuse asfixiar el déficit presupuestario del régimen Ortega-Murillo. Pienso que ha llegado el momento, con la postura de la Alianza Cívica de no retomar las negociaciones hasta la liberación de los presos políticos y el paro nacional ha sido una buena manera de responderle a la dictadura sin arriesgar la vida y la libertad del pueblo.
La paranoia del Estado-partido-familia que lideran Daniel Ortega y Rosario Murillo, que se advierte en los comunicados que lee Denis Moncada en el Incae y en las habladurías de Murillo al mediodía, es la evidencia clara de querer seguir vendiendo a la comunidad internacional la imagen de que tienen voluntad para salir de la crisis que ha ocasionado la brutalidad represiva del Estado.
Las sanciones que lidera la comunidad internacional con la finalidad de hacer ceder a Ortega en las demandas del pueblo, solo serán efectivas si existe una presión interna. El Carmen no está dispuesto a ceder ante estas demandas y es por eso que los ciudadanos debemos seguir planteando en la estrategia política el hecho de ir por más sanciones.
Estas sanciones, hasta hoy de carácter personal, han sido un alfiler que ha traspasado el corazón de El Carmen. Detener las sanciones solo serviría para oxigenar al régimen que busca impunidad y amnistía frente a los crímenes de lesa humanidad que trajo como consecuencia el “Vamos con todo” de Rosario Murillo. Ni la Carta Democrática en el seno de la OEA, ni la aplicación de la Nica Act por parte de EE. UU., mucho menos la Unión Europea deben frenar sus sanciones. Contra las dictaduras no debe haber tolerancia.
El llamado de la Alianza Cívica ha sido una oportunidad para que el grande, el mediano y el pequeño empresario y todos los sectores sociales se unieran en una acción común. Es momento de ahogar a la dictadura. Los grupos fácticos del país deben asumir un rol más beligerante en esta lucha por la refundación de la república.
Todos hemos apoyado el paro nacional. Ya hemos perdido el miedo, es hora que en Nicaragua cuente más la vida y la libertad que los dólares perdidos. No hay que oxigenar la represión mientras no haya justicia ni democratización en el país. Nuestros derechos y libertades debemos recuperarlos. Y si hay que parar, ¿cuál es el miedo? Paremos más por Nicaragua, por sus asesinados, por sus presos, por sus exiliados.
Que una sola cosa le quede claro al poder económico: Mientras Ortega-Murillo sigan en el poder, no habrá economía que se recupere. Es hora de parar indefinidamente, hora de liberar a Nicaragua.
El autor es estudiante universitario exiliado.