La señora Ligia Gómez, exgerente de la Dirección de Investigación Económica del Banco Central de Nicaragua (BCN) y también exsecretaria política del FSLN en esa institución del Estado, huyó de Nicaragua por temor a ser asesinada bajo la acusación de traidora al partido y al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La señora Gómez fue a Washington, donde en septiembre pasado rindió un testimonio personal ante la Comisión de Derechos Humanos Tom Lantos, del Congreso de los Estados Unidos (EE.UU.) que preside el congresista demócrata James P. McGovern, representante del estado de Massachusetts.
Gómez fue entrevistada el domingo pasado por el programa de televisión Esta semana y la entrevista fue reproducida el lunes por la revista Confidencial, que también ha publicado el texto íntegro del testimonio de la ex alta funcionaria del BCN y del partido FSLN, que revela detalles de cómo el gobierno encaró la situación del 18 de abril y días siguientes, y ordenó la masacre contra los estudiantes y el pueblo que se rebeló contra la dictadura.
Ligia Gómez revela en su testimonio ante el comité congresal de los EE.UU. y en sus declaraciones al mencionado medio de comunicación, que al mediodía del 19 de abril —cuando comenzó la masacre orteguista— hubo una reunión de emergencia en el auditorio del Parque Japonés, en Managua. Allí el secretario político del FSLN en Managua, Fidel Moreno —enlace privilegiado de la cúpula de la dictadura con el aparato del Estado— les dijo a los asistentes que la orden de arriba era “vamos con todo”, o sea reprimir las protestas a sangre y fuego, con todas las armas disponibles y de la manera más despiadada posible. Y así ocurrió, en efecto, con la horrorosa represión que dejó más de medio millar de muertos, más de dos mil heridos y centenares de desaparecidos, encarcelados, torturados y procesados por los jueces nazi-orteguistas.
“Vamos con todo” fue la frase clave para ejecutar la consigna estratégica que el 26 de julio de 2009 reveló Tomás Borge, a la televisora chavista Telesur: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder (…) podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos hacer es perder el poder…”, sentenció el extinto comandante de la revolución sandinista.
En efecto el precio que ha pagado el pueblo por querer quitarse de encima el yugo de la dictadura ha sido enorme, sangriento y doloroso. Pero todavía no se ha podido liberar.
Sin embargo la lucha continúa y continuará seguramente, en las condiciones que sean. Y actos como el testimonio de la señora Ligia Gómez ante el Congreso de los EE.UU., ayudan a que la comunidad internacional entienda que no debe dejar solo al pueblo de Nicaragua, en su desigual pero irrenunciable lucha contra la dictadura, por la libertad y la democracia.