El régimen de Daniel Ortega está cada vez más aislado internacionalmente. Ahora ha sido la Unión Europea (UE) la que se ha pronunciado contra la dictadura orteguista, que para sostenerse en el poder ha matado a entre 322 y 512 personas, tiene alrededor de 500 presos políticos y varios miles de nicaragüenses se han ido del país, huyendo de la represión.
En una declaración oficial sobre Nicaragua divulgada ayer, la Unión Europea denuncia que en este país “los principios básicos de democracia, rendición de cuentas y estado de derecho siguen siendo severamente socavados por el entorno represivo…” Asegura que los 28 Estados miembros de la UE “continúan apoyando un diálogo inclusivo sobre justicia y democracia para salir de la crisis actual y reiteran su disposición a contribuir a este proceso como un medio para cumplir con las legítimas aspiraciones democráticas del pueblo nicaragüense”.
La dictadura se resiste a reconocer la realidad y niega que esté aislada y acosada internacionalmente. También algunos diplomáticos extranjeros consideran que no se puede hablar de aislamiento del régimen de Ortega, mientras tenga el respaldo de Rusia y China, como lo declararon sus representantes en el debate que hubo en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre Nicaragua, por iniciativa de los Estados Unidos (EE.UU.).
Pero aunque la dictadura orteguista tenga relaciones muy amistosas con Rusia y China, la verdad es que estas potencias no van a suplir —y mucho menos gratuitamente—, las grandes necesidades del Gobierno de Ortega. Nicaragua forma parte del entorno económico y político del mundo occidental, particularmente de los EE.UU., de los que depende la mayor parte de la actividad económica, la articulación financiera, el intercambio comercial y la inversión de capital que hace posible la sobrevivencia del país y fue la palanca para el crecimiento de los últimos años.
Lo que sí es cierto es que ninguna dictadura cae o acepta una transición democrática, solo por la presión internacional. “Las dictaduras caen desde adentro”, ha dicho Luis Almagro. “Si a los dictadores no se les empuja desde adentro —agrega el secretario general de la OEA—, esas dictaduras no van a caer”.
Esto es verdad, pero solo relativamente. El pueblo nicaragüense ha hecho todo lo que ha podido para derrotar a la dictadura, para obligarla a aceptar un acuerdo de transición a la democracia, en el Diálogo Nacional. Lo único que ha faltado es la presión del Ejército, pero, hasta ahora, los militares han preferido mantenerse fieles a la fatídica pareja dictatorial.
Ha faltado también que la presión internacional sea más efectiva, que se apliquen los principios de la responsabilidad de proteger y de la injerencia legítima que fueron promovidos por el recientemente fallecido secretario general de la ONU, Kofi Annan, para contrarrestar la falaz invocación de no intervención que hacen los dictadores para cometer impunemente barbarie contra sus propios pueblos, inclusive crímenes de lesa humanidad.