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Aminta Granera, Nicaragua

En septiembre de 2006, el entonces presidente Enrique Bolaños nombró a Aminta Granera directora nacional de la Policía. Por la reputación con que llegaba se esperaba que consolidara la profesionalización de la institución, sin embargo, en enero de 2007 Daniel Ortega asumió la presidencia y al poco tiempo Granera se sometió a las arbitrariedades y el autoritarismo del dictador. Hoy la Policía Nacional es la institución con mayor desprestigio y desprecio en el país. Ese es el legado de Aminta Granera. LA PRENSA/ARCHIVO

Aminta Granera se retira por «la puerta de atrás» de la Policía Nacional

Llegó a la jefatura de la Policía con alta credibilidad y fue vista como presidenciable, pero 11 años al servicio del orteguismo anularon todo

Con su retiro oficial de la Policía Nacional, tras ser sustituida por el consuegro de Daniel Ortega, Francisco Díaz, Aminta Granera Sacasa no solo hereda para la historia una institución malograda y desacreditada sino que también “sale por la puerta de atrás, manchada de sangre”, consideraron ayer representantes de organismos defensores de los derechos humanos.

Además Granera será recordada como la primera jefa policial que pasó sobre la ley y se quedó en el máximo cargo de la institución, todo esto avalado por Ortega.

Wendy Flores, abogada del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), considera que Granera salió muy mal de la institución al permitir la represión, aunque no estuviera mandando: “No dijo absolutamente nada, guardó silencio ante tantas muertes, ante tantos presos políticos, que hoy en día tenemos, permitió todos los abusos”.

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Además se desconocen casos de policías sancionados durante su mandato, en torno a investigaciones sobre los actos de abusos policiales o torturas cometidas por agentes de esta institución.

Flores recuerda que durante la gestión de Granera, tanto por la ley como de facto, ocurrieron casos que causaron la indignación de la población sin que hubiese una verdadera justicia para las víctimas como sucedió con la masacre de una familia en Las Jagüitas, donde agentes policiales rafaguearon una familia completa. Este hecho ocurrió la noche del 11 de julio de 2015, cuando fallecieron tres personas.

Asimismo, Flores cita otros hechos que han quedado en impunidad como los femicidios donde más bien hubo protección para los agresores.

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Juanita Jiménez, del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), también cree que Granera salió por la puerta de atrás y, peor aún, “manchada de sangre”.

La defensora de mujeres recuerda que en 2006, año del nombramiento como directora de la Policía Nacional por el entonces presidente Enrique Bolaños, las organizaciones de mujeres y otras de la sociedad civil participaron activamente en su promoción al cargo. Esto porque Granera contaba con mucha credibilidad entre la sociedad civil.

Generó expectativas falsas

Jiménez pertenece a ese grupo de organizaciones defensoras de mujeres y derechos humanos que al ser nombrada Granera se llenaron de muchas expectativas.

Ahora ella señala con el dedo a la exfuncionaria y asegura que a esta todavía la alcanza la responsabilidad de la masacre actual contra el pueblo de Nicaragua, que ha dejado más de cuatrocientos nicaragüenses asesinados, ejecutados por fuerzas paramilitares que actuaban en compañía de agentes policiales, como se ha visto en múltiples videos y fotografías.

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La defensora de mujeres cuestiona a Granera por ser “parte de una estructura que se rindió a los intereses de una familia dinástica —que es la familia de Daniel Ortega y Rosario Murillo— (y) entregaron una institución tan importante como era la Policía Nacional”.

Por tanto, según Jiménez, “ella es responsable junto con toda la jefatura nacional que está al frente actualmente de la Policía”.

El pasado 23 de agosto fue publicado en el Diario Oficial La Gaceta el acuerdo presidencial en el que el designado presidente por el Consejo Supremo Electoral, Daniel Ortega, anuncia el retiro de Granera, aunque desde el 27 de abril trascendió de forma extraoficial que Granera había renunciado a su cargo.

Su ascenso y caída

Granera formaba parte de un grupo de funcionarios del extinto Ministerio del Interior (MINT), reubicados en las filas policiales, después de la derrota de Ortega en las elecciones de 1990 cuando triunfó la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, y las primeras funciones que asumió fue la secretaría ejecutiva de la institución. Antes de asumir la dirección de las fuerzas públicas, Granera supo aprovechar otros cargos dentro de la Policía a través de los cuales se ganó la simpatía popular como jefa de Tránsito Nacional, jefa de la Policía de Managua y luego inspectora general, cargo al que llegó en sustitución del primer comisionado in memoriam Christian Munguía, quien fue asesinado en mayo de 2002.

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Una vez como directora de la Policía Nacional, ya con Ortega en la presidencia, gradualmente el liderazgo demostrado por Granera durante su ascenso al máximo cargo, se fue convirtiendo en una gestión protocolaria. Al punto que ya en 2015 se limitaba a llegar a pedir perdón y llorar junto a las familias de las víctimas de abusos policiales cada vez más frecuentes. De lo protocolario pasó a la ausencia total. En los últimos dos años se le veía escasamente durante la celebración del aniversario de la institución.

Sin embargo, para Jiménez, esta docilidad de Granera ante el régimen no la exime de haber convertido “una institución tan importante en verdugo del pueblo, en masacradores del pueblo, en asesinos de niños y esa es una marca que la va a perseguir toda la vida”.

¿La “maldición” de las encuestas?

Todavía en octubre de 2010, cuando corría el tercer año en su cargo, una encuesta de M&R Consultores colocaba a Granera encabezando una lista de personalidades del país a las cuales la población mantenía una opinión positiva, con un 82.8 por ciento. En esa ocasión, en esa misma encuesta Daniel Ortega ocupó el octavo lugar y Rosario Murillo, el décimo.

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Incluso en los círculos políticos se llegó aseverar que Granera era considerada presidenciable, algo que obviamente nunca fue visto con buenos ojos por la pareja presidencial que desde siempre tuvo intenciones dinásticas.

Además, “en la medida que la comisionada Granera fue permitiendo abusos del régimen sin oponerse, en la medida que permitió la continuidad de su mandato en violación a la Ley 228, Ley Orgánica de la Policía Nacional, en la medida que fue haciendo silencio sobre una serie de violaciones de los policías de Tránsito contra los ciudadanos, de la forma violenta de represión y captura de la población de una serie de situaciones que ya perfilaban el carácter represivo totalitario y agresivo de este régimen, en esa medida la imagen de la comisionada Granera se fue deteriorando”, señala el abogado Óscar Carrión.

 

No cumplió la ley

Policía Nacional
La exdirectora de la policía nacional de Nicaragua, Aminta Granera Sacasa, en su participación en la reunión de Jefes de Policías de Centroamérica, México y el Caribe. LA PRENSA/ EFE/ Jorge Torres

El abogado Carrión se refiere a que en 2011 a Granera se le venció el período para el cual la nombró en 2006 el presidente Bolaños.

Según la ley, ese año Granera debió entregar el bastón de mando a su sucesor, pero aceptó que Ortega prorrogara ilegalmente su estadía en el cargo.

“La primera comisionada tiene una cuenta pendiente con la historia y la sociedad nicaragüense, a quien se debía”, opinó el abogado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Gonzalo Carrión.

“Independientemente que los jefes de Estado, que son los que les nombran, el principal deber de un funcionario público es con la Constitución y a la sociedad en nombre del pueblo que ejercen los cargos. Ella tiene pendiente rendirle cuentas al país, ojalá algún día lo haga con plena libertad”, sostuvo el defensor de derechos humanos, quien recuerda que Granera inició su gestión con puertas abiertas, pero poco a poco se fue distanciando de los diferentes sectores de la sociedad.

Sale con las manos manchadas de una institución que no ha sido capaz de resistir la manipulación que ha hecho el residente Daniel Ortega”.

Juanita Jiménez, defensora
de mujeres.

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