Exponentes de diversos sectores de la economía han expresado su preocupación por la disminución en las ventas, lo cual estaría reflejando una desaceleración global del consumo. Téngase en cuenta que el consumo representa el 86.7 por ciento del tamaño de la economía, de manera que su desaceleración tiene que pesar con fuerza sobre la desaceleración de la economía como un todo.
Incluso, al mes de septiembre el consumo de bienes duraderos – celulares, televisores, otros electrodomésticos, motocicletas y vehículos – mostraba no una desaceleración, sino una caída, tal como se refleja en la importación de este tipo de bienes, que no se producen en el país. Esto resulta muy difícil de explicar, porque la demanda de estos bienes suele crecer más que proporcionalmente, cuando crece la economía, y la caída en la importación de los mismos solo ocurre, normalmente, cuando se produce una recesión, o una desaceleración económica aguda.
Sin embargo, las cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN) muestran un crecimiento económico del 5.4 por ciento al I Semestre, un poco más acelerado que el 5.3 por ciento que mostraron al I Semestre de 2016 y mucho más acelerado que el 3.6 por ciento al I Semestre de 2015. Si estas cifras son correctas, con la aceleración tan fuerte del ingreso de remesas que se ha producido en 2017, el ingreso disponible debería haber crecido más fuerte este año, y el consumo debía estar mostrando un crecimiento algo más acelerado que el año pasado.
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La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), estima una elasticidad de la variación porcentual del consumo respecto a la variación porcentual de las remesas del 0.32, de manera que si el año pasado las remesas crecieron 5.1 por ciento, eso explicaría una variación del consumo en 2016 de 1.6 por ciento, mientras que un incremento del 10 por ciento en el influjo acumulado de remesas, como el que se ha verificado hasta el III Trimestre de 2017, explicaría un crecimiento del consumo de 3.2 por ciento; es decir, que debería reflejarse en una aceleración, no en una desaceleración, del consumo.
También existen indicadores que apuntan a una desaceleración de la inversión. En concreto, las importaciones de bienes de capital, que se utilizan como un indicador para estimar la inversión en maquinaria y equipo, mostraban también caídas. También la construcción residencial mostraba caídas, en el último informe sobre la construcción privada publicado por el BCN. Aunque la construcción de otras edificaciones mostraba un incremento moderado, que daba como resultado un crecimiento del 5 por ciento de la construcción privada, según el BCN la variación de existencias mostraba una fortísima caída. Agregando todo ello, parece razonable estimar que la inversión privada no habría crecido este año.
Finalmente, las exportaciones netas de importaciones, si asumimos que las exportaciones, que se han estado recuperando, crecen 9 por ciento y las importaciones 4 por ciento, dado el peso de ambas variables en la economía (39 por ciento y 57 por ciento respectivamente), arrojarían una contribución positiva al crecimiento de la economía de 1.1 puntos porcentuales.
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La tasa global de crecimiento de la economía en 2017 pasaría así a depender del grado en que se haya desacelerado el consumo. El año pasado el consumo total creció 4.4 por ciento. Si asumimos que este año el crecimiento del consumo se desaceleró al 4 por ciento, la economía crecería al 4.6 por ciento. Si por el contrario las informaciones sobre caída de las ventas apuntaran a un crecimiento del consumo de, digamos, por ejemplo, el 3.5 por ciento, la economía crecería 4.2 por ciento.
Restaría por explicar las razones de la desaceleración del consumo, y en particular, la caída en los bienes de consumo duradero importados, porque, como hemos dicho, resulta un fenómeno bastante extraño.
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Nuestra hipótesis, desde hace algún rato ya, es que nuestra economía estaría registrando la influencia del colapso de la cooperación petrolera de Venezuela. La misma pasó de representar un promedio anual de 550 millones de dólares en 2010-2014 a un monto estimado de unos 50 millones en 2017, al tiempo que el pago del servicio de la deuda derivada de dicha cooperación alcanzaría, este mismo año, los 195 millones de dólares, dando como resultado un flujo neto negativo de menos 145 millones de dólares.
(*)Economista