Dado que el Banco Central no publica las decenas de indicadores de volúmenes que debían servir de base para estimar el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) de los diferentes sectores, y en último análisis a la estimación del Producto Interno Bruto sectorial y agregado, y dado que no se sabe con certeza si en realidad los recopila o no, resulta imposible constatar cuál es, en realidad, la verdadera evolución del nivel de actividad económica.
A ello se agrega el hecho de que el Banco Central ha visto comprometida su autonomía y credibilidad, a la luz de su acrecentado nivel de subordinación política.
Sin posibilidad de acceder a toda la información requerida, quizá podamos examinar rápidamente la evolución de algunos indicadores que, quizá, sean capaces de orientarnos un poco más sobre qué es lo que está ocurriendo con el nivel de actividad económica.
1. El Consumo de Energía Eléctrica: en el caso del consumo de energía eléctrica, el último dato del Banco Central a estas alturas de octubre corresponde al mes de abril. Lo que nos dice la información publicada es que, mientras el consumo residencial a abril del año pasado estaba creciendo al 10.1 por ciento, a abril de este año solo estaba creciendo al 2 por ciento. Por su parte, el consumo de energía eléctrica del sector comercio a abril del año pasado también estaba creciendo al 10.3 por ciento, mientras que a abril de este año estaba creciendo apenas al 0.9 por ciento. El consumo de energía eléctrica del sector industrial estaba creciendo al 9.4 por ciento a abril de 2016, mientras que abril de 2017 solo estaba creciendo al 1.5 por ciento.
2. El Consumo de Combustibles: de acuerdo a las cifras del Banco Central sobre el consumo nacional de combustibles, las cuales a estas alturas de octubre solo están a junio, mientras el consumo de gasolina a junio del año pasado estaba creciendo al 12 por ciento, a junio de este año solo estaba creciendo al 4.2 por ciento. Por su parte, el consumo de diesel a junio del año pasado estaba creciendo al 8.6 por ciento, mientras que a junio de este año estaba creciendo apenas al 3.8 por ciento.
3. La Construcción Privada, que incluye la construcción residencial, así como edificaciones comerciales, de servicios e industriales. Las cifras que acaba de publicar el Banco Central no muestran un gran auge de la construcción privada, sino un crecimiento bastante débil. La construcción residencial privada, por su parte, muestra una caída.
4. La Recaudación Tributaria: la recaudación tributaria total, ajustada por la inflación, pasó de crecer a una tasa del 14.2 por ciento a junio de 2016 a crecer al 6.9 por ciento a julio de 2017. Llama la atención el que la recaudación del ISC sobre las importaciones, que históricamente ha mostrado una elevada elasticidad con respecto al crecimiento de la actividad económica y el ingreso, haya pasado de crecer al 15.7 por ciento a junio de 2016 a experimentar una caída de menos 6 por ciento a julio de 2017.
5. El Consumo Global: exponentes de las empresas en distintas ramas de la actividad económica, desde hace varios meses vienen reportando una desaceleración en el crecimiento de las ventas, en comparación a periodos similares del año anterior.
Lo anterior sugiere que la economía nacional estaría desacelerándose, cabe aclarar que esto no significa que se esté produciendo una caída de la actividad económica, sino que las fuentes de su dinamismo se han debilitado.
Evidentemente, el colapso de la cooperación petrolera venezolana, que pasó de representar un promedio anual de 550 millones de dólares entre 2010 y 2014 a solo 91 millones de dólares en 2016, al tiempo que el pago del servicio de la deuda derivada de dicha cooperación alcanza los doscientos millones de dólares, ha tenido que conllevar un impacto importante sobre la actividad económica. El auge de la construcción residencial parece estar encontrando sus límites, cuando a las empresas se les hace cada vez más difícil colocar todas las viviendas. El menor crecimiento de los ingresos, y el hecho de que se mantengan tan altos los precios de los combustibles y de la energía, que a su vez impactan toda la cadena de costos y precios, afectan las ventas de las empresas.
(*)Economista