Cuando acudimos en busca de salud lo que menos podemos esperar es que el galeno tratante se equivoque. Pero no debemos olvidar que son seres humanos y con ello, el error es parte de esa frágil humanidad.
La lista de quejas es interminable acerca de los médicos en el sistema nacional de salud, que son parte de un medio paternalista en una de las profesiones más egocéntricas y carentes de la humildad necesaria un sistema profesional, la Medicina.
La pierna equivocada, el paciente incorrecto, la dosis errónea, la medicina inefectiva, ¿Qué hace al médico cometer errores que pueden ser fácilmente corregibles? En países desarrollados se generan tantas muertes por errores médicos que la cantidad de fallecidos supera las muertes por accidentes de tránsito.
El paciente nicaragüense es víctima inequívoca de décadas de herencia profesional retrógrada, sistemas educativos tradicionalistas, traspaso de malas prácticas y el que paga la irremediable factura con su salud o vida. Vive en un sistema que contempla pálidamente las atrocidades que se cometen tras la blanca envestidura, en una de las sociedades más herméticas y carentes de autocrítica al momento de los errores, el gremio médico.
Error, negligencia, mala praxis, cualquiera de estas palabras genera pánico entre los que de una u otra manera enmudecen ante las críticas o más aún ante los terribles desaciertos en el ejercicio médico. No importa la especialidad o el nivel del que comete la equivocación, este siempre buscará como ser borrado, alterado, evadido u olvidado no importando el final, como el que pretende esconder su adicción a la vista de todos.
Exámenes tardíos u obviados, protocolos desconocidos, falsas o inadecuadas cirugías, medicinas administradas incorrectamente, cobros ilegales, ganancias y lucro mal habido, son cruces que carga el paciente. Las unidades de salud se han vuelto zona de pesca para conseguir privados, la hora de salida urge cuando la consulta privada espera, las alternativas al paciente son amplias en el privado, pero inexistentes en el sistema público. ¿Hasta dónde se ha comercializado con la vida de los demás?
Desde la perspectiva tanto histórica como cultural, la seguridad del paciente no ha sido una prioridad y todo lo realizado por el médico se ha considerado bajo el manto de una pretensión ilógica de infalibilidad, generando en el gremio, temor y repudio a las palabras críticas y averiguaciones. Siempre los errores descansan en manos del personal subordinado, enfermeras, estudiantes, técnicos, auxiliares pues son presa fácil del superior al mando y accesibles chivos expiatorios del sistema que lava sus manos con ellos.
Nadie quiere aplicar métodos de prevención de errores en medicina, las aperturas de estos nos generan información vital para afrontar situaciones similares y reducir sus posibilidades de aparición. Sin embargo, el médico vive una falsa doctrina de ensimismado, endiosado por conservadurismos pobres y carentes de fundamento que indefectiblemente le llevan a un camino sin retorno, donde la carrera y la licencia pueden esfumarse de sus manos cuando la legislación lo determine. Y cuando eso suceda, ¿qué harán?
Es tiempo de reaccionar a las necesidades urgentes de los pacientes; de lo contrario, será muy pesada la piedra de molino que muchos deberán ponerse al cuello, cuando la ley toque ineludiblemente la empobrecida madera preciosa de sus puertas.
El autor es médico ocupacional y ambiental.
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