LA PRENSA publicó este martes un trabajo informativo de la periodista Mabel Calero, titulado Transparencia abarata energía, en el cual se compara con datos precisos la situación energética de Nicaragua y Panamá y queda claro cómo la transparencia en la gestión de los negocios públicos, en este caso de la energía, favorece al país y beneficia directamente a los usuarios.
Panamá, con menos territorio y población que Nicaragua produce más energía eléctrica renovable y menos térmica, tiene el doble de capacidad instalada de generación, su demanda máxima es también más del doble, su pliego tarifario es claro y razonable, la pérdida de energía es bastante menor, el precio de la electricidad al consumidor no es oneroso y se gasta menos en subsidio, a pesar de que el rango de consumo de los subsidiados es el doble que en Nicaragua.
La superioridad energética de Panamá sobre Nicaragua se debe a la transparencia con la que se gestiona el sector eléctrico en aquel país, al contrario de Nicaragua, donde el manejo de la energía —y prácticamente de todos los negocios públicos— es turbio y sin controles ni rendición de cuentas.
Ciertamente, la gran ventaja que tiene Panamá sobre Nicaragua, se debe a que es un país democrático donde los negocios públicos se manejan con transparencia. Eso ha quedado claramente demostrado en la información comparativa de LA PRENSA sobre la gestión energética en Panamá y Nicaragua, la cual prueba además que no es cierto que el autoritarismo y la falta de transparencia garantiza más y mejor el clima de negocios y el crecimiento económico. Más bien, la centralización autoritaria, la discrecionalidad gubernamental, la falta de licitaciones y de rendición de cuentas, son causas de inestabilidad y crisis a mediano o largo plazo.
Es posible que el autoritarismo y la falta de transparencia facilite los negocios de ciertos sectores durante algún tiempo, pero a la larga ese sistema caerá en crisis y el país quedará a la cola de los demás. Los estudios de Transparencia Internacional sobre la corrupción enseñan que los países con sistemas de gobierno transparentes son los más prósperos y su prosperidad es más equitativa, al contrario de los Estados corruptos que son los más atrasados.
La transparencia, dice la Enciclopedia de la política, de Rodrigo Borja, es “la claridad de los procedimientos del gobierno y de la administración pública, es decir, la posibilidad de que puedan ser vistos con entera limpidez por la comunidad en sus antecedentes, ejecución y propósitos, como medio de asegurar la corrección y honestidad de ellos”.
Obviamente, quienes toman el poder para enriquecerse haciendo negocios lucrativos pero turbios e ilícitos, son enemigos de la transparencia y de los mecanismos de control y rendición de cuentas. Y los que pagan el costo del enriquecimiento oscuro de algunos, y de las malas políticas de gobierno en general, son siempre los trabajadores y empresarios que laboran honestamente y pagan cumplidamente sus impuestos.