En los últimos años Nicaragua se ha perfilado como uno de los países de Centroamérica con mejor estabilidad macroeconómica, producto del crecimiento sostenido en los distintos rubros productivos, tales como la agricultura, la construcción y el sector transporte, asociado con el aumento de las exportaciones, alcanzando en el 2016 un crecimiento del PIB según el Banco Central del 4.7 por ciento, donde se debe mencionar que la inversión pública participa con alto dinamismo.
Si hay algo que no amerita prueba en contrario son los resultados en cifras, aun cuando no son cifras suficientes, son cifras alentadoras para “moros y cristianos”. Esto quiere decir que empresas inteligentes haciendo lo correcto por un motivo correcto, se tienen resultados de crecimiento.
Un factor esencial que ha incidido en estos resultados de crecimiento, es el diálogo asertivo entre la empresa privada y el Gobierno, generando las condicionantes para aumentar la inversión, generar empleo y promover el desarrollo mediante el compromiso del estado a mejorar la infraestructura nacional en todos sus sentidos.
Esta dinámica de colaboración, cooperación y pacto entre lo público y lo privado desde la esfera de la planeación macroeconómica, es ya modelo a seguir por países latinoamericanos. En muchos lugares Nicaragua está siendo mencionada como ejemplo de crecimiento producto de decisiones inteligentes por cúpulas empresariales.
Aun cuando las cifras son alentadoras y motivadoras, tenemos que ver hacia el otro lado, las demandas de la sociedad y el aumento de sus carencias son una realidad, crecer el 4.7 por ciento no es, ni será suficiente. El crecimiento de la población es el detonante primario, esto provoca el aumento de las demandas de servicios fundamentales para desarrollar una sociedad; salud, educación, trabajo, competitividad entre otros, son factores que carecen de una estrategia de desarrollo.
Para ello es muy importante tomar el ejemplo del diálogo y pacto entre Gobierno y empresa, si esta alianza ha dado resultado, por qué no intentar una alianza Empresa y Sociedad, seguro proporcionará resultados positivos. Una decisión más inteligente sería una alianza entre el sector privado con la sociedad, dado que la sociedad le provee a la empresa su cliente interno y externo elemento básico para el funcionamiento empresarial.
Las empresas deben explorar modelos de negocios inclusivos donde pueda incluir a la sociedad en los distintos tramos de sus cadenas de valor. Incluir a la sociedad como socio, como cliente, como proveedor y como distribuidor, contribuirá a dinamizar la economía local donde se ubican las empresas, mejorar el dinamismo económico y crear mayo valor y riqueza en segmentos de la población vulnerables.
Para ello las empresas deben renunciar a estrategias de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) sin impacto, convertir el marketing social como una herramienta de comunicación de estrategias inclusivas que contribuyan al desarrollo sostenible y olvidarse por completo del maquillaje de imagen.
El autor es economista y abogado.