León Núñez

Del verbo sandinistear

El famoso cardenal Richelieu —que murió a mediados del siglo XVII y ejerció el poder absoluto en Francia en el reinado de  Luis XIII— es el que hizo célebre la frase de que “la lealtad es simplemente una cuestión de fechas”. Talleyrand cuando le quería serruchar el piso a alguien, se lo quiso serruchar a Fouché, le solía recordar a Napoleón Bonaparte la frase de Richelieu. Pero la vigencia política de la citada frase la encontramos con perfiles nítidos muchos siglos antes, desde los tiempos más remotos de la antigua Grecia.

Por consiguiente, todos los gobernantes deben estar conscientes de  que políticamente la lealtad eterna no existe. La verdad es que la lealtad política desaparece cuando han desaparecido las razones de su existencia, cuando ha desaparecido la causa de la lealtad. En el caso actual de Nicaragua Daniel Ortega debe saber, por ejemplo, que el día en que a un estudiante universitario se le “corten los alimentos” para seguir estudiando, ese día terminó su lealtad, ese día dejó de sandinistear.

El doctor Juan José López Ibor, un psiquiatra español, decía que el hecho de que la lealtad sea una cuestión de fechas significaba que en el fondo políticamente la lealtad no existe, ni siquiera la lealtad temporal —que según Richelieu es una cuestión de fechas— porque psicológicamente no existe la posibilidad mental de que  yo sea leal políticamente a alguien por tiempo determinado. Es decir, no hay lealtad temporal, así como lógicamente tampoco existe una persona que sea algo leal o que sea medio leal. No podría hablarse de lealtad si Daniel me da un puesto público, doy mi sandinisteadita como manifestación de lealtad, pero únicamente mientras Daniel me mantenga en el puesto voy a serle leal. Esto no es lealtad. Aquí lo que existe es una aparente lealtad, una falsa lealtad. A esta aparente, a esta falsa lealtad, a este sandinisteo aparente, se le puede llamar deslealtad larvada.

Tengo la impresión de que Daniel no cree en las encuestas, y no solamente por los antecedentes de las elecciones de 1990 sino porque él sabe que miles de miles de sandinisteadores que forman parte de su “clientela política” pueden votar en contra, unos porque  creen que merecen recibir más de lo poco que reciben —y no están conformes— y otros porque están aún más inconformes cuando se dan cuenta que muchos se están “chineando”, que antes vivían muy pobremente y que ahora tienen buena casa; que antes viajaban en bus y que ahora andan en camionetas Toyota Hi Lux. Esta “prosperidad” del sandinisteador de primera le molesta al sandinisteador de tercera.

Es indudable que los gobernantes no deben creer ciegamente en las manifestaciones de lealtad porque son deslealtades larvadas.  ¿Debe Daniel creer en la lealtad de los políticos opositores de mentira a quienes vacunó con una diputación? Estos diputados con tal de conservar su curul son capaces de llevar a cabo insólitas manifestaciones de lealtad a Daniel; con el mayor descaro podrían  ir a rotondear, podrían ir en diciembre dirigidos por el padre Eslaquit a cantar en coro los cantos de la Purísima en la Avenida Bolívar, podrían acompañar a la alcaldesa de Managua vestidos con camisetas de “Más Victorias” a bailar a Santo Domingo de Guzmán. ¡Qué no pueden hacer! Pero el día que Daniel les quite la diputación ese día dejarán su aparente lealtad, dejarán de sandinistear…

Los temas de la lealtad política en la historia y el fenómeno del sandinisteo como expresión de fidelidad política en la Nicaragua actual son temas que voy a someter para  que sean analizados en una de las sesiones de la peña El Bejuco. Quizás, como resultado de estos estudios, la peña llegue a elaborar una teoría política interesante sobre la deslealtad política larvada.

El autor es abogado.

Opinión Daniel Ortega Nicaragua archivo

COMENTARIOS

  1. Manuel Saavedra
    Hace 9 años

    Estimado León; a cómo están inmerso la mayor parte de los nicaragüenses, lo
    que veo es que siempre habrá candidatos a Sandinistear e evidentemente el tema
    que los convoca, no es el de lealtad sino el de oportunidad pero, en vez de estar cobijados gubernamentalmente en los aleros del Bco. Central, o Ministerios de Hacienda y Economía como lo hace «lealmente» el COSEP, ellos lo hacen bajo el «Poder Ejecutivo». La lealtad no es un tema que preocupe ni moral ni políticamente a este tipo de regímenes, incluso, desde su génesis en los años sesenta.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí