A Hillary le salió la venada careta

Las cosas tienden a calentarse. El sábado pasado en Nevada, en una convención demócrata los hechos llegaron hasta los silletazos entre los partidarios de Sanders y las autoridades del partido Demócrata.

Cuando el comandante Daniel Ortega Saavedra se aproximaba a la elección que se llevaría a efecto el 25 de febrero de 1990, todas las encuestas y todos los instrumentos de medición de la opinión pública le daban la victoria sin ninguna duda. Su oponente era una sencilla ama de casa, conocida ampliamente por todos los nicaragüenses como “mujer de dolores”, al asociarla con la imagen de su marido, el mártir Pedro Joaquín Chamorro, masacrado en una calle de Managua el 10 de enero de 1978.

En los círculos oficiales de ese entonces, nadie esperaba que doña Violeta (que significaba la imagen del David bíblico) fuera a derrotar al bien apertrechado, conocido y afamado Goliat, el comandante Ortega. ¿Pero qué pasó? Al comandante y hoy presidente en ese entonces le salió la venada careta.

Exactamente eso es lo que le está ocurriendo actualmente a la señora Clinton. La campaña política que todo mundo esperaba sería para ella una especie de marcha triunfal, le ha salido dificultosa, llena de escollos. Ha tenido que venir dando salto tras salto, perdiendo en estados relativamente pequeños como Michigan, Mississippi, Utha, Alaska, Hawai, Washington, Wisconsin, Wyoming, Rhode Island, Virginia del Oeste y Oregon, ante casi un anciano, idealista, socialista de nominación, recientemente llegado al Partido Demócrata, sin capital pero con un discurso que ha atraído a la juventud y que la ha puesto en jaque: el senador Bernie Sanders.

A doña Hillary le salió la venada careta. ¿Quién lo iba a imaginar?

Las cosas tienden a calentarse. El sábado pasado en Nevada, en una convención demócrata los hechos llegaron hasta los silletazos entre los partidarios de Sanders y las autoridades del partido Demócrata.

El senador Sanders ha condenado la violencia, pero ha respaldado a sus partidarios al decir: “En esa convención el liderazgo demócrata usó su poder para evitar un proceso justo y trasparente”, demostrando todo un descontento que sumado a la creciente impaciencia en algunos sectores por la negativa del senador a abandonar la campaña, cuando es casi imposible derrotar a la señora Clinton en el proceso de las primarias, amenaza con crear un verdadero cisma en el Partido Demócrata.

Uno de los rasgos que caracterizan a la señora Clinton es que cuando ella se siente presionada, atacada, o si tiene que defender algo en lo que ella cree, propio de sus valores, se crece. Responde con mucha eficiencia ante la crisis y el combate. Se vuelve el halcón que en el fondo encierra. Es como el boxeador “Chocolatito” que cuando ve venir la pelea se prepara, se alza y está dispuesto a dar lo mejor de sí mismo. El chavalo se vuelve todo un león y el orgullo nicaragüeño se le sube a la cabeza.

El senador Sanders, en esta campaña tiene dos grandes méritos que estoy seguro la historia le reconocerá. El primero es haber atraído a miles de jóvenes que vieron en su discurso un mensaje atrayente, reforzando así el proceso electoral en los Estados Unidos (EE.UU.). Su segundo mérito, es haber despertado de la posible modorra a la señora Clinton, obligándola a reaccionar y prepararse para la gran pelea definitiva que es contra su verdadero contrincante, el millonario neoyorquino Donald Trump.

Las características de este peleador es ser impredecible. No se sabe si golpeará a la derecha o a la izquierda. Lo único que sabemos es su especialidad como él muy bien lo ha dicho: “El contragolpe”.

El problema de fondo de la señora Clinton no es Sanders (a pesar de que con él le ha salido la “venada careta”, pero esta experiencia le servirá de mucho). Su problema es unificar a los demócratas y atraer a ese caudal de voto joven que Sanders ha cautivado.

Si ella lo logra, como lo dije en el artículo anterior de esta serie sobre los comicios estadounidenses, la victoria está asegurada. Los tres mosqueteros: el presidente Obama (quien ya empezó a atacar a Trump sin mencionarlo), su marido, el expresidente Clinton y el senador por Vermont, son sus mejores divisiones.

Si no lo logra, el futuro de esa gran nación y del mundo tal como lo conocemos, estará pendiendo de un hilo muy fino. ¡Que Dios bendiga a los EE.UU.!

El autor es abogado.

Columna del día Estados Unidos Hillary Clinton archivo

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COMENTARIOS

  1. Justo
    Hace 10 años

    El populismo cala siempre… siempre que existan borregos que le presten oidos.

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